Nélida L. del Estal Sastre
Martes, 12 de Noviembre de 2019
OPINIÓN

El otoño anidó en mí. De nuevo

Hoy me siento otoño, desganada, fría y distante, casi imperceptible. Se me están cayendo las hojas, amarillentas y descoloridas, a un suelo que pisarán todos, destruyendo y resquebrajando mis hojas secas, haciéndolas añicos para no poder volver a reconstruirlas nunca más. No es mi mejor momento, pero como todo en esta vida, es un estadio de mi existencia absolutamente pasajero de un tren que me llevará a otra estación más alegre, donde me apearé sin temor y con ganas de comerme el mundo en otro país, en otra latitud ficticia. Hoy, de nuevo, hoy, no tenía muchas ganas de escribir, pero dentro de mí ser hay una fuerza arrebatadora que me da dos guantazos a mano abierta cuando observa que puedo recaer en la melancolía y en la tristeza que doblegan ambas mi ser optimista por naturaleza. No me deja, y se lo agradezco. Esa fortaleza interior es mi voz crítica, mi sostén en tiempos de guerra conmigo misma, mi salvavidas en las aguas profundas, oscuras y frías del océano.

 

Así que seguiré como hasta ahora, como siempre, recomponiendo los pedazos poco a poco, como un robot desmembrado que busca sus partes por doquier y éstas se acercan lenta y pausadamente al tronco de mi cuerpo para asirse y conformar, una vez más, un todo, destructible, pero construible desde sus pedazos. Saben dónde ir. Es mecánico, matemática pura. Porque cada miembro busca su otra mitad, su otra parte útil. Es así como me recompongo después de la batalla. Ahora y siempre, sin ayuda de nadie, sólo de mis entrañas buscando el camino hacia la luz del sol, hacia otro despertar menos amargo y más duradero. Al menos, duradero hasta que me vuelvan a deconstruir por entero. Son demasiadas veces ya, pero no estoy derrotada, me siento con la fuerza de un ciclón, aunque tenga que pasar durante un breve período de tiempo en la recámara, juntando mis miembros y reordenando la bondad en cada uno de los rincones de mi aterido cerebro pensante. Ya entraré en calor. Siempre lo hago. Siempre lo consigo, para seguir dando lo mejor de mí misma a este mundo incierto y extraño, que utiliza las almas más nobles en su propio beneficio, abandonándolas al poco, cuando ya no les son de utilidad a sus instintos más primarios. Se fini.

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