Kebedo
Jueves, 14 de Noviembre de 2019
IDEAS

Los liberales de hoy

[Img #31498]Lo que me pasa a mí con mi vecina Marisol se va pareciendo, cada vez más, a “Historia de una escalera”, esa magnífica obra de teatro del dramaturgo Antonio Buero Vallejo, en la que se refleja el estado de la sociedad a través de las conversaciones y cotilleos entre los vecinos de un edificio cuando coinciden en la escalera. Aunque, a diferencia de la obra, entre mi vecina y yo no hay ninguna relación amorosa ni ninguna frustración, todo lo contrario.

Y hoy viene a cuento porque, una vez pasadas las elecciones y a la vista de los resultados, los políticos tendrán que ponerse de acuerdo, de alguna manera, para sacar un gobierno adelante. ¿O piensan empujarnos a otras?. Y mi vecina me dice que no tiene muy claro que nuestros políticos sean aún conscientes de lo que tienen entre manos.

Rivera, que ya antes de las elecciones del 28 de abril le puso vetos a Sánchez pensando que iba a convertirse en el primer partido de la oposición desbancando al PP, se ha dado un “guarrazo” tan impresionante que le ha llevado a presentar la dimisión. Cosa que le honra. No entendemos aún por qué, teniendo en sus manos la oportunidad de coaligarse con el PSOE después de esas elecciones y formar un gobierno socioliberal, socialdemócrata, de centro-izquierda o de izquierda moderada, o como queramos llamarlo, no le dio la gana. Incomprensible además si recordamos que su bandera política siempre fue la lucha contra la corrupción del PP y su pensamiento, el neoliberal, al menos, de boquilla. Incomprensible, repito.

Casado, amenazando con su famoso “cordón sanitario” también antes de esas elecciones, tuvo un fracaso electoral que haría sonrojar al más impresentable. Menos a él, ni se inmutó, ni dimitió, ni lo cesaron. Y luego tuvo la suerte de que le dieron vida las continuas prorrogas a la hora de formar gobierno. Todas las formaciones políticas, incluido el PSOE, naturalmente, son culpables de semejante premio. Y Casado es otro de los que no paró de autodenominarse liberal. Bueno, eso ya lo había hecho antes Esperancita Aguirre, mientras a los demás se nos desencajaba la mandíbula de risa. O la señora es muy bromista o la ignorancia es muy atrevida, como decía mi abuela.

Pablo Iglesias no se ha calificado de liberal nunca, que sepamos, a lo peor en la intimidad, pero no parece que tenga, ni quiera esas aptitudes y actitudes. Lo que sí es cierto es que sus “cordones sanitarios” llegaron vía peticiones imposibles para facilitar la investidura de Sánchez y la constitución de gobierno. Ahora estamos viendo que algunas peticiones ya son aceptadas y le deseamos mucha suerte, porque la suya será la nuestra.  -Que “El Señor” no coja confesados a todos-, dice Marisol.

Y Sánchez que, al igual que Rivera, podría encajar en el concepto de liberal en algunos aspectos, no tanto en otros, estuvo en un “tris” de ser investido pero, ¿con quién iba a pactar?, si dos no quieren y otro abusa, ¿qué es lo que tenía que hacer?. -Algunos dicen-, me recuerda Marisol, -que Pedro Sánchez provocó la repetición de elecciones, no acercándose más a Rivera, Casado e Iglesias, con el ánimo de sacar una mayoría más apabullante-. Siempre me pareció, le recuerdo yo a mi vecina, una apuesta sumamente arriesgada y, en cualquiera de los casos, un auténtico error, porque las urnas las carga el diablo y nunca sabes, ni con las “cocinillas” del CIS a favor, por dónde vamos a salir los votantes. Si así fue, ya lo ha pagado porque se ha quedado como estaba y además se han sobrevenir unos daños colaterales, difícilmente explicables, pero reales, como ha sido el ascenso incompresible y desmesurado de VOX.

Entre el resto, ya no hay más “liberales”, ni de verdad, ni autoproclamados. Alguno, estoy seguro, se quedaría con ganas, pero no me veo yo a Abascal, que insulta llamando “progres”, flagelándose con el látigo de la liberalidad. Él, creo yo, tampoco se ve.

Y con todo esto me viene a la mente que, cuando pasamos por la facultad, nos hablaron de un tal John Stuart Mill, que fue un economista británico del S.XIX y de su teoría del liberalismo. Y éste señor, bastante avanzado par su época pues ya abogaba por el sufragio universal y por el voto para las mujeres, por poner un ejemplo, decía que  «la lucha entre Libertad y Autoridad es el rasgo más destacable de las etapas de la historia».  

John Stuart Mill denominó «libertad social» a la protección de «la tiranía del gobernante político».  La libertad social consistía en poner límites al poder del gobernante, de manera que no fuese capaz de utilizar su poder en beneficio de sus propios intereses y tomar decisiones que pudieran conllevar perjuicio o daño para la sociedad. En otras palabras, que la población debe ostentar el poder de tomar parte en las decisiones del gobierno.

Para no aburrir más y como colofón, Mill afirmaba que “La libertad social se logra de dos formas: Una, recurriendo a la vía del reconocimiento de las libertades políticas o derechos; Y la segunda alcanzando un sistema de «comprobaciones constitucionales”. Resumiendo, otorgando libertades. pero controlándolas.

No parece que nuestros políticos actuales, en general, tengan muchas ganas de ser controlados y de que le pongamos límites a sus actuaciones. Cuántas veces hemos visto y denunciado que lo primero que ha hecho un político, al llegar a un determinado cargo, ha sido subirse el sueldo. Un pequeño detalle.

Justo un siglo antes de nuestro amigo John Stuart Mill, otro economista británico, también escocés, para más señas, llamado Adam Smith, fue el que introdujo el concepto de liberalismo  afirmando que era necesario reducir las barreras a la producción y el comercio.  

A lo largo de la historia, la etiqueta de liberalismo, sobre todo el económico ha pasado por etapas tan divertidas como que hubo un movimiento que asociaba liberalismo y proletariado y, más tarde, liberalismo y capitalismo, conceptos absolutamente antagónicos puesto que el primero desembocó en las diversas teorías sociales (socialismo utópico, anarquismo, marxismo), que aspiraban a transformar la sociedad o a sustituirla por otra nueva en la que desaparecieran las desigualdades sociales y el segundo se manifiesta como el único sistema económico capaz de asegurar a cada hombre el libre ejercicio de sus facultades.

Vemos, por lo tanto, que no está muy claro el concepto, sobre todo cuando alguien quiere aprovecharse indebidamente de su definición y para su provecho, que es lo denuncia precisamente el concepto inicial de mister Mill, como decíamos más arriba.

Sin embargo parece que cala el concepto de libertad y derechos, acompañados de control. Libertad de prensa, libertad de expresión, libertad de mercados, siempre y cuando tu libertad no interfiera en la mía, no sobrepase ese cordón sanitario –aquí sí que está bien traído el palabro- que protege mi libertad individual o empresarial.

España es un país con muchísimas posibilidades que no acabamos de acertar a poner en marcha porque nos preocupamos más de incordiarnos que de aunar fuerzas para sacar esto adelante. Pero hay que dejar al margen ciertos complejos,  como es la fiscalidad,  por ejemplo. Si queremos que crezca un país, hay que dejar de crujir fiscalmente las rentas del trabajo. La progresividad del IRPF debe de ser real y dejar fuera las rentas más bajas. Igualmente habrá que centrarse en la fiscalidad del patrimonio productivo, al que, evidentemente, habrá que aplicar unos tipos moderados. Porque lo que no tiene perdón es el tratamiento que tiene actualmente el patrimonio improductivo, hay que aplicar unos tipos más altos a esos patrimonios parados, cerrados o no explotados. Eso sí es liberalismo. 

Es igualmente indignante el tratamiento fiscal que reciben las multinacionales o las  grandes empresas pues hay que decir que la fiscalidad de algunas es infinitamente inferior a lo que soporta un trabajador normal en su nómina. Esto no es de recibo. También es conveniente saber que el 77% del fraude fiscal español proviene de las grandes empresas.

Resolver esto también es liberalismo económico y no va a traer ninguna trascendencia económica negativa al crecimiento del país, todo lo contrario.

Y, con ésta reflexión, mi vecina Marisol dio por concluida la reunión de la escalera y fue a cocinar unas acelgas.

Kebedo.  

Comentarios Comentar esta noticia
Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.112

Todavía no hay comentarios

Quizás también te interese...

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.