ME QUEDA LA PALABRA
La destrucción del amor y de la política
![[Img #31899]](http://eldiadezamora.es/upload/images/11_2019/65_sena.jpg)
Me he convertido en un escéptico. Zapatero confesó que era un optimista antropológico. Pero él fue presidente de Gobierno, el principal hacedor de la crisis que sufre Cataluña, y yo soy solo un periodista provinciano, que se mantiene en pie cuando la vida pesa demasiado para poderla transportar en la espalda de la memoria.
No creo en nada. Incluso tampoco en la evidencia. El apóstol Tomás era un hombre de intensa y profunda fe si lo comparamos conmigo. No creo en ningún partido político. Pienso que los políticos son los verdaderos enemigos del pueblo. Unos y otros han convertido la mentira en verdad, la calumnia en loa, la res pública en un patio de Monipodio.
Dejé de creer en el amor hace un rato. Era mí única religión. No sé si esa mujer me quería. No me importa. Quizá nunca la quise, aunque intenté amarla. La coloqué en un trono, como si fuera una diosa. No hubo milagro. Se desmoronó el Ara en el que lucía como una estrella. La pinte más hermosa de lo que era. Le escribí como si fuera mi Beatriz y yo un Dante del siglo XXI. No la odio, la olvido. ¿Me costará mucho? Escribo. ¿Me duele su ausencia? Me apena haber construido una imagen de una mujer normal, efímera, mortal.
Me sucedió con el amor como con el político, una pérdida de fe galopante. El desencanto me condujo a negar la existencia de Eros y desconfiar, absolutamente, en el administrador de la res pública.
Y confieso que necesitaba amar y que me apasionaba la política. No busqué el amor. Se me apareció en un recodo del camino, cuando ya se me hacía muy empinado. No entré en política. Preferí divisarla desde la distancia, más allá del bien y del mal, en perspectiva. Vivir entre felones acojona.
Envidio al que ama. Siento conmiseración por el que no fue amado, por el que morirá sin compartir mimos y caricias, cuerpos y almas, promesas y palabras.
Detesto al político que engaña al pueblo, que sabe que miente, que conoce que sus programas electorales nunca se plasmarán, que entró en política para vivir de la res pública.
He destruido en mi alma todo atisbo de amor y de política. Si no amas, no sufres; si te apartas de la política, no te corrompes. Quizá el amor solo importe el sexo y de la res pública, el cargo, el puesto, el chollo.
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Me he convertido en un escéptico. Zapatero confesó que era un optimista antropológico. Pero él fue presidente de Gobierno, el principal hacedor de la crisis que sufre Cataluña, y yo soy solo un periodista provinciano, que se mantiene en pie cuando la vida pesa demasiado para poderla transportar en la espalda de la memoria.
No creo en nada. Incluso tampoco en la evidencia. El apóstol Tomás era un hombre de intensa y profunda fe si lo comparamos conmigo. No creo en ningún partido político. Pienso que los políticos son los verdaderos enemigos del pueblo. Unos y otros han convertido la mentira en verdad, la calumnia en loa, la res pública en un patio de Monipodio.
Dejé de creer en el amor hace un rato. Era mí única religión. No sé si esa mujer me quería. No me importa. Quizá nunca la quise, aunque intenté amarla. La coloqué en un trono, como si fuera una diosa. No hubo milagro. Se desmoronó el Ara en el que lucía como una estrella. La pinte más hermosa de lo que era. Le escribí como si fuera mi Beatriz y yo un Dante del siglo XXI. No la odio, la olvido. ¿Me costará mucho? Escribo. ¿Me duele su ausencia? Me apena haber construido una imagen de una mujer normal, efímera, mortal.
Me sucedió con el amor como con el político, una pérdida de fe galopante. El desencanto me condujo a negar la existencia de Eros y desconfiar, absolutamente, en el administrador de la res pública.
Y confieso que necesitaba amar y que me apasionaba la política. No busqué el amor. Se me apareció en un recodo del camino, cuando ya se me hacía muy empinado. No entré en política. Preferí divisarla desde la distancia, más allá del bien y del mal, en perspectiva. Vivir entre felones acojona.
Envidio al que ama. Siento conmiseración por el que no fue amado, por el que morirá sin compartir mimos y caricias, cuerpos y almas, promesas y palabras.
Detesto al político que engaña al pueblo, que sabe que miente, que conoce que sus programas electorales nunca se plasmarán, que entró en política para vivir de la res pública.
He destruido en mi alma todo atisbo de amor y de política. Si no amas, no sufres; si te apartas de la política, no te corrompes. Quizá el amor solo importe el sexo y de la res pública, el cargo, el puesto, el chollo.

















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