ME QUEDA LA PALABRA
Zamora, o la orfandad de representación política
Aseguran las lenguas de doble filo que soy un pesimista. Lo niego. Más bien un optimista bien informado, persona que pasea por Zamora, por sus principales arterias comerciales, Santa Clara y San Torcuato, vive en la ciudad y observa. Y compruebo, con tristeza, que, cada vez más, abunda los locales cerrados, en alquiler; negocios que se cierran, jóvenes que se van a otras ciudades más prósperas a buscarse la vida, porque su patria chica agoniza, porque sus políticos, los que dicen representarnos en Valladolid, en las Cortes de esa cosa ahistórica que se llama Castilla y León, y en Madrid, en el Congreso de los Diputados y Senado, solo defienden los intereses de sus respectivos partidos, nunca los del pueblo, al que nunca tomaron en consideración, al que solo embaucaron cuando se fijaron elecciones, al que engañaron con promesas nunca cumplidas.
Zamora clama por una representación política auténtica, lígrima, real, que defienda, con datos, con firmeza, con orgullo, ante el Congreso de los Diputados, Senado y Cortes de Castilla y León sus intereses, los del pueblo llano, los de sus trabajadores, autónomos, jubilados, jóvenes. Los grandes partidos van a lo suyo. Los zamoranos somos números, una especie de aldea aislada a la vera de Portugal, nada ni nadie. Por cierto, la victoria de La Beltraneja nos habría favorecido. Con España no nos ha ido nada bien.
Aseguran las lenguas de doble filo que soy un pesimista. Lo niego. Más bien un optimista bien informado, persona que pasea por Zamora, por sus principales arterias comerciales, Santa Clara y San Torcuato, vive en la ciudad y observa. Y compruebo, con tristeza, que, cada vez más, abunda los locales cerrados, en alquiler; negocios que se cierran, jóvenes que se van a otras ciudades más prósperas a buscarse la vida, porque su patria chica agoniza, porque sus políticos, los que dicen representarnos en Valladolid, en las Cortes de esa cosa ahistórica que se llama Castilla y León, y en Madrid, en el Congreso de los Diputados y Senado, solo defienden los intereses de sus respectivos partidos, nunca los del pueblo, al que nunca tomaron en consideración, al que solo embaucaron cuando se fijaron elecciones, al que engañaron con promesas nunca cumplidas.
Zamora clama por una representación política auténtica, lígrima, real, que defienda, con datos, con firmeza, con orgullo, ante el Congreso de los Diputados, Senado y Cortes de Castilla y León sus intereses, los del pueblo llano, los de sus trabajadores, autónomos, jubilados, jóvenes. Los grandes partidos van a lo suyo. Los zamoranos somos números, una especie de aldea aislada a la vera de Portugal, nada ni nadie. Por cierto, la victoria de La Beltraneja nos habría favorecido. Con España no nos ha ido nada bien.

















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