MI VECINA MARISOL
Nos hunden
Estamos pasando unos días entre pasmados, asustados, cabreados o de todo un poco, a la vista del cierre de establecimientos emblemáticos en nuestra ciudad y, por otras referencias, en nuestra provincia. Se cierran tiendas pertenecientes a grandes cadenas, se cierran franquicias, desparecen comercios; las primeras por falta de rentabilidad y las tiendas de carácter más familiar, por jubilación. Lo que antes era un seguro de vida para muchos herederos, ahora se ha convertido en una carga difícilmente llevadera.
Marisol, mi querida vecina y confidente, llega desolada por el aspecto que se ve en las arterias principales de nuestra ciudad. La calle de Santa Clara, primera calle comercial, a la vista de las elecciones de esas grandes cadenas mencionadas, está empezando a dar pena; San Torcuato ya tiene más locales cerrados que abiertos; y el resto es un desierto lleno de carteles que las inmobiliarias invaden tratando alquilar o vender algo que ya no tiene comprador.
Se juntan varias componentes en ésta macabra ecuación que nos está llevando a la miseria más absoluta, me apunta mi vecina. En primer lugar, el precio de los alquileres no está en absoluto de acuerdo con cualquier estudio económico que se realice sobre el negocio que se va a establecer. En la mayoría de los establecimientos el nivel de ventas necesario para rentabilizar el negocio es muchísimo más alto que los clientes potenciales con los que se puede contar. Estamos en una provincia con un nivel altísimo de desempleo y con unas expectativas ínfimas de conseguir disminuirlo. Salvo los funcionarios y los pensionistas existen muy pocos ciudadanos que puedan permitirse un consumo por encima del básico. Y los pensionistas, en un gran número, están tratando de ayudar a sus hijos a salir del agujero del paro; a los hijos que siguen viviendo aquí, claro, porque la mayoría ya han hecho mutis. Con estos mimbres no parece muy lógico seguir pensando que podemos pedir cantidades astronómicas por los alquileres de los locales si no hay quien pueda pagarlos. Hasta ahora, los bancos, las franquicias, las cadenas y los supermercados han sido los únicos que han podido soportar esas cifras pero, ya lo estamos viendo, los bancos tienen cada vez menos oficinas, y los demás actores mencionados están marchándose.
-Parece-, dice Marisol, -que es más un signo de prepotencia mal entendida el que los propietarios mantengan esos elevados alquileres y acepten la pérdida derivada del lucro cesante a bajarse del burro y bajar la renta-. Siempre será mejor ganar menos que no ganar nada, digo yo también. Además, ¿no han pensado en la depreciación del local debido a esos años de inactividad?; ¿o siguen pensando que su local, con el paso del tiempo, va a valer más?. En éstos tiempos no, muchachos, no, todo lo contrario.
Otro factor a tener en cuenta es el eterno problema -llevamos más de treinta años- del retraso en la concesión de las licencias urbanísticas y de establecimiento. Es un tema recurrente, pero real; parece increíble la tardanza en la concesión de éstas licencias que se traducen en gastos absolutamente inútiles para todo aquel “aventurero” que se atreve a abrir un negocio. Si ya vamos justos con los números en el estudio económico necesario para hacer frente a la apertura del negocio, cualquier retraso en la concesión de una licencia significa un incremento de los gastos financieros que no benefician nada más que a los bancos y hunden un poco más al “valiente” emprendedor. No es un problema banal, ni esporádico, es un problema generalizado y, como dije antes, que viene de muchos años atrás y que, lejos de arreglarse, está enquistándose y convirtiéndose en crónico. Los colegios profesionales de arquitectura, superior y técnica, los de las distintas ingenierías –los que quedan-, las asociaciones de empresarios y constructores y los comerciantes en general, deberían estar en pié de guerra pues son los más perjudicados por esta irregular tardanza que no hace más que empeorar las condiciones económicas que soportan los pocos negocios, establecimientos o construcciones que intentan hacer algo en ésta ciudad. Y en ésta provincia, porque la Diputación, en éste tema no está mejor.
Y por último, los de siempre, apostilla Marisol, los políticos. ¿Qué han hecho los políticos para resolver ésta situación?. A la vista de los resultados, nada, es evidente. Y si lo han hecho deberían marcharse a su casa porque el fracaso ha sido absoluto. Llevan décadas vendiéndonos la burra de que van a revitalizar la ciudad, la provincia y hasta la región y, sin embargo, la ciudad, la provincia y algunas partes de la región están en las últimas. Y seguimos votándole a los mismos que nos venden ésta burra estropeada, y no aprendemos. No es ir en contra de nadie, es plasmar la realidad de una gestión desastrosa que nos está llevando por delante, a nosotros y a nuestros hijos. Los que han tenido la suerte de haber podido sacar adelante una carrera universitaria, tienen que hacer el petate y emigrar para encontrar un empleo, acorde con su formación, en el que desarrollar sus conocimientos y su preparación. Y los que, por diferentes razones, no han llegado al grado universitario, peor aún, porque la oferta laboral para personas menos cualificadas está bajo mínimos y con condiciones laborales abusivas. Si, que nadie se asuste, estamos llegando a extremos próximos a la esclavitud. No seamos hipócritas, eso es lo que está pasando, aunque miramos hacia otro lado para que no se nos caiga la cara de vergüenza, quien la tenga. ¡Cómo está mi vecina!. Pero si no queremos hacernos trampas al solitario tendremos que admitir que estamos como en desgraciados tiempos pasados que, pensábamos, ya eran cosa de las batallitas del abuelo Cebolleta.
Y mientras tanto estamos dando de engordar, porque lo de comer es poco, a una patulea de politicastros de medio pelo, mediocres, mal preparados, poco formados y menos informados, nada cultos y, en la mayor parte de los casos, que no han trabajado en su vida, que vienen, elección tras elección, urna tras urna, a vendernos el paraíso y nosotros, como tontos, se lo compramos. Es increíble.
Para no terminar con éste pesimismo que lleva mi vecina en el día de hoy, le recuerdo que aún tenemos un ápice de esperanza. Tenemos, a la vuelta de la esquina, el establecimiento de, por lo menos, un batallón del ejército de tierra en las antiguas instalaciones de Montelarreina. Esto ya es una realidad, de hecho, me confirma Marisol, que tiene amigos hasta en el infierno, que ya han realizado unas mínimas maniobras y alguna que otra actuación en esos terrenos, como avance de lo que se va a hacer. Salvo que algún político torpe, de los que acostumbramos a tener por aquí, meta la pata y lo estropee todo. Y parte, mucha, de ésta delicada gestión, que lleva tiempo elaborándose habrá que agradecérsela a Zamora 10 y su buen hacer, que ha sabido contactar, consensuar, reunir y quedarse al margen después, a las partes interesadas en que éste gran proyecto salga adelante, con una enorme discreción y elegancia.
Si ésta jugada no sale adelante será porque algún parásito, de éstos nombrados anteriormente, se habrá empeñado en hundirnos. Y ya hemos visto que son completamente capaces.
Con éste magnífico cabreo, mi vecina Marisol me despide y se va a preparar un potaje que, según mi criterio, le queda divino de la muerte.
Kebedo.
Estamos pasando unos días entre pasmados, asustados, cabreados o de todo un poco, a la vista del cierre de establecimientos emblemáticos en nuestra ciudad y, por otras referencias, en nuestra provincia. Se cierran tiendas pertenecientes a grandes cadenas, se cierran franquicias, desparecen comercios; las primeras por falta de rentabilidad y las tiendas de carácter más familiar, por jubilación. Lo que antes era un seguro de vida para muchos herederos, ahora se ha convertido en una carga difícilmente llevadera.
Marisol, mi querida vecina y confidente, llega desolada por el aspecto que se ve en las arterias principales de nuestra ciudad. La calle de Santa Clara, primera calle comercial, a la vista de las elecciones de esas grandes cadenas mencionadas, está empezando a dar pena; San Torcuato ya tiene más locales cerrados que abiertos; y el resto es un desierto lleno de carteles que las inmobiliarias invaden tratando alquilar o vender algo que ya no tiene comprador.
Se juntan varias componentes en ésta macabra ecuación que nos está llevando a la miseria más absoluta, me apunta mi vecina. En primer lugar, el precio de los alquileres no está en absoluto de acuerdo con cualquier estudio económico que se realice sobre el negocio que se va a establecer. En la mayoría de los establecimientos el nivel de ventas necesario para rentabilizar el negocio es muchísimo más alto que los clientes potenciales con los que se puede contar. Estamos en una provincia con un nivel altísimo de desempleo y con unas expectativas ínfimas de conseguir disminuirlo. Salvo los funcionarios y los pensionistas existen muy pocos ciudadanos que puedan permitirse un consumo por encima del básico. Y los pensionistas, en un gran número, están tratando de ayudar a sus hijos a salir del agujero del paro; a los hijos que siguen viviendo aquí, claro, porque la mayoría ya han hecho mutis. Con estos mimbres no parece muy lógico seguir pensando que podemos pedir cantidades astronómicas por los alquileres de los locales si no hay quien pueda pagarlos. Hasta ahora, los bancos, las franquicias, las cadenas y los supermercados han sido los únicos que han podido soportar esas cifras pero, ya lo estamos viendo, los bancos tienen cada vez menos oficinas, y los demás actores mencionados están marchándose.
-Parece-, dice Marisol, -que es más un signo de prepotencia mal entendida el que los propietarios mantengan esos elevados alquileres y acepten la pérdida derivada del lucro cesante a bajarse del burro y bajar la renta-. Siempre será mejor ganar menos que no ganar nada, digo yo también. Además, ¿no han pensado en la depreciación del local debido a esos años de inactividad?; ¿o siguen pensando que su local, con el paso del tiempo, va a valer más?. En éstos tiempos no, muchachos, no, todo lo contrario.
Otro factor a tener en cuenta es el eterno problema -llevamos más de treinta años- del retraso en la concesión de las licencias urbanísticas y de establecimiento. Es un tema recurrente, pero real; parece increíble la tardanza en la concesión de éstas licencias que se traducen en gastos absolutamente inútiles para todo aquel “aventurero” que se atreve a abrir un negocio. Si ya vamos justos con los números en el estudio económico necesario para hacer frente a la apertura del negocio, cualquier retraso en la concesión de una licencia significa un incremento de los gastos financieros que no benefician nada más que a los bancos y hunden un poco más al “valiente” emprendedor. No es un problema banal, ni esporádico, es un problema generalizado y, como dije antes, que viene de muchos años atrás y que, lejos de arreglarse, está enquistándose y convirtiéndose en crónico. Los colegios profesionales de arquitectura, superior y técnica, los de las distintas ingenierías –los que quedan-, las asociaciones de empresarios y constructores y los comerciantes en general, deberían estar en pié de guerra pues son los más perjudicados por esta irregular tardanza que no hace más que empeorar las condiciones económicas que soportan los pocos negocios, establecimientos o construcciones que intentan hacer algo en ésta ciudad. Y en ésta provincia, porque la Diputación, en éste tema no está mejor.
Y por último, los de siempre, apostilla Marisol, los políticos. ¿Qué han hecho los políticos para resolver ésta situación?. A la vista de los resultados, nada, es evidente. Y si lo han hecho deberían marcharse a su casa porque el fracaso ha sido absoluto. Llevan décadas vendiéndonos la burra de que van a revitalizar la ciudad, la provincia y hasta la región y, sin embargo, la ciudad, la provincia y algunas partes de la región están en las últimas. Y seguimos votándole a los mismos que nos venden ésta burra estropeada, y no aprendemos. No es ir en contra de nadie, es plasmar la realidad de una gestión desastrosa que nos está llevando por delante, a nosotros y a nuestros hijos. Los que han tenido la suerte de haber podido sacar adelante una carrera universitaria, tienen que hacer el petate y emigrar para encontrar un empleo, acorde con su formación, en el que desarrollar sus conocimientos y su preparación. Y los que, por diferentes razones, no han llegado al grado universitario, peor aún, porque la oferta laboral para personas menos cualificadas está bajo mínimos y con condiciones laborales abusivas. Si, que nadie se asuste, estamos llegando a extremos próximos a la esclavitud. No seamos hipócritas, eso es lo que está pasando, aunque miramos hacia otro lado para que no se nos caiga la cara de vergüenza, quien la tenga. ¡Cómo está mi vecina!. Pero si no queremos hacernos trampas al solitario tendremos que admitir que estamos como en desgraciados tiempos pasados que, pensábamos, ya eran cosa de las batallitas del abuelo Cebolleta.
Y mientras tanto estamos dando de engordar, porque lo de comer es poco, a una patulea de politicastros de medio pelo, mediocres, mal preparados, poco formados y menos informados, nada cultos y, en la mayor parte de los casos, que no han trabajado en su vida, que vienen, elección tras elección, urna tras urna, a vendernos el paraíso y nosotros, como tontos, se lo compramos. Es increíble.
Para no terminar con éste pesimismo que lleva mi vecina en el día de hoy, le recuerdo que aún tenemos un ápice de esperanza. Tenemos, a la vuelta de la esquina, el establecimiento de, por lo menos, un batallón del ejército de tierra en las antiguas instalaciones de Montelarreina. Esto ya es una realidad, de hecho, me confirma Marisol, que tiene amigos hasta en el infierno, que ya han realizado unas mínimas maniobras y alguna que otra actuación en esos terrenos, como avance de lo que se va a hacer. Salvo que algún político torpe, de los que acostumbramos a tener por aquí, meta la pata y lo estropee todo. Y parte, mucha, de ésta delicada gestión, que lleva tiempo elaborándose habrá que agradecérsela a Zamora 10 y su buen hacer, que ha sabido contactar, consensuar, reunir y quedarse al margen después, a las partes interesadas en que éste gran proyecto salga adelante, con una enorme discreción y elegancia.
Si ésta jugada no sale adelante será porque algún parásito, de éstos nombrados anteriormente, se habrá empeñado en hundirnos. Y ya hemos visto que son completamente capaces.
Con éste magnífico cabreo, mi vecina Marisol me despide y se va a preparar un potaje que, según mi criterio, le queda divino de la muerte.
Kebedo.
















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