Mª Soledad Martín
Martes, 10 de Diciembre de 2019
ZAMORANA

Seguiremos insistiendo

[Img #32438]Hace unos días leí un artículo de Donaciano Bartolomé que titulaba “Tañidos por la tierra vaciada” donde apelaba al buen sentido para rescatar del olvido trillos, aperos de labranza, instrumentos del campo…etc, recogerlos de casas o paneras donde, en el mejor de los casos agonizan, si no están arrojados en medio del campo al albur de la climatología que los oxida hasta destruirlos por completo; como digo rescatarlos y ponerlos a buen recaudo en un Museo porque –según sus palabras- “A veces nos afanamos en rescatar vestigios de hace miles de años de dudosa autenticidad y dejamos perder lo que hasta anteayer fue el modo de vivir, trabajar, distraerse, de generaciones. Es una cultura la que desaparece. Hasta los nombres olvidamos”.

 

         He de reconocer que todo lo que expresaba certeramente el señor Bartolomé en este artículo me ha recordado también otro escrito anterior en esta ocasión de Gerardo González Calvo con las mismas pretensiones e idénticos también a mi propia inquietud manifestada desde hace años por este tema que he propuesto en diferentes ocasiones y a distintos organismos: Ayuntamiento, Diputación de Zamora, Junta de Castilla y León, Zamora 10… referente a la creación de un Museo Rural de la provincia de Zamora que ubicaría en la zona de Tierra del Pan, por ser ésta una de las comarcas más deprimidas de la provincia y que obedecería exactamente a lo expuesto por los anteriores articulistas en relación con preservar toda una cultura de los pueblos agrícolas y ganaderos de Zamora, su modo de vivir, sus costumbres, los objetos que utilizaban y ahora ya no existen, las tradiciones, la gastronomía de entonces… en definitiva la forma de vivir de nuestros antepasados recientes.

 

Desconozco qué organismo sería el indicado para hacerse eco de este requerimiento rayano en necesidad, puesto que todos parecen sordos a nuevas ideas que puedan mejorar nuestra tierra para preservarla del olvido. Tal vez alguien lea estas líneas y se ponga manos a la obra, nos alegraría a muchos y estaríamos dispuestos –me consta- a que dicho Museo se completara con objetos que, de otro modo, se perderán irremisiblemente.

 

Dada la penuria en que se encuentra nuestra ciudad y sus pueblos, urge, y es ya un clamor, el rescatar lo poco que queda de ella antes de que llegue su réquiem definitivo que tristemente recuerda al hecho de deshacer la casa cuando ha muerto el último de sus inquilinos; en estos casos se preservan los objetos más valiosos, aquellos que significaron algo para sus descendientes y este es precisamente el objetivo de la creación de este Museo referido a la “memoria histórica”, pero en su concepto más literal y no en el que ha adquirido en los últimos tiempos como consecuencia del invento de un desafortunado presidente de España.

 

Mª Soledad Martín Turiño

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