OPINIÓN
El regidor quiere poner Zamora más bonita
Me encontré, hace unos días, con el regidor de mi ciudad, Francisco Guarido. Lógico, porque la Casa de las Panaderas y donde se escribe este periódico son como hermanas. Le pregunté por Zamora y qué nos iba a deparar su mandato. Y me respondió, ufano y sonriente, que la iba a dejar muy “bonita”, que vería, antes de jubilarme –no me queda mucho- exenta la muralla de la avenida de la Feria, con sus jardines y adornos, y, además muchas más actuaciones que no quiso desvelarme ni yo tampoco agobiarle. Cuando sea menester, en rueda de prensa, se lo preguntaré.
No obstante, le sugerí que transformarse ese secarral en el que se ha convertido la plaza de la Constitución, en un espacio verde, con fuente y jardines. Objetó que hay un aparcamiento subterráneo debajo de la superficie del ágora. Le respondí que, según mi amigo Pedro B. Martínez-Toribio, ingeniero, profesional que ha construido fuentes en Braganza, erudito en temas de agua, perfectamente se puede dotar a ese espacio urbano de fuentes y jardines.
También me anunció el alcalde que, a no tardar, se colocará en la plaza de Sagasta a escultura de Barrón “Adán, expulsado del Paraíso”. Espero que se haga con gusto, por tratarse de uno de los espacios más nobles de la ciudad, en el cogollo de modernismo y eclecticismo, delante del edificio de García Casado, que todavía sigue cruzado de brazos, aunque me llegan rumores de que empresarios lusos pretenden invertir en las plantas que ocuparon el comercio textil, señero en la historia de nuestra ciudad.
Al regidor y a este escribidor nos encanta el patrimonio monumental de Zamora. Confieso mi obsesión por las murallas, por nuestros templos y por las rúas y plazuelas del casco antiguo. Guarido, siendo concejal de la oposición, propuso crear un enorme mirador del Duero desde lo que fue el Mesón del Duero hasta la Cuesta de los Pepinos. Nada se pudo hacer, porque las monjitas que ocupan buena parte del recinto amurallado, con magníficas vistas sobre el río, salieron ganadoras en un pleito con el Ayuntamiento cuando administraba la Casa de las Panaderas el PP. Ahora bien, el alcalde, convencido estoy, cuando se forme gobierno, probablemente el socialcomunista de Sánchez e Iglesias, exigirá una inversión del Ministerio de Cultural para la restauración de todo el recinto medieval de Zamora.
Y, por supuesto, volverá a presentar al Ministerio de Fomento nuevo dossier sobre el puente protogótico y el Mercado de Abastos con cargo al 1,5 % cultural. Si no me traiciona la memoria, esta sería la tercera ocasión en intentarlo por parte de nuestro Ayuntamiento. La primera, cuando Rosa Valdeón administraba la casa de todos. Después le tocó a Francisco Guarido que repetirá por segunda ocasión y se cree que ahora el Estado dirá que sí, que adelante con los faroles.
La zona noble de la ciudad necesita que se arranque tanto canto, imposible para caminar, y se coloquen baldosas de granito de Sayago; que la plaza de San Martín, después de enormes inversiones durante gobiernos populares se utilice en su totalidad, porque ahora mismo solo hay un parque infantil que pueda ser pateado. El resto otro secarral pedregoso. También habría que quitar piedras y crear fuentecillas, menos cemento y más verde.
La plaza de Viriato también me parece intransitable. ¡Cámbiese el material, esa especie de adoquín, por el que nadie se atreve a caminar y constrúyase una fuente.
De los solares ya no hay más qué decir. Durante la campaña todos los partidos hablaron de soluciones, nunca drásticas. Desconozco la ley, pero quizá pudieran expropiarse o llegar a acuerdos con sus propietarios para que el Ayuntamiento los comprase a un justiprecio y poder después edificar viviendas para matrimonios jóvenes, de acuerdo a un canon estético, en esa zona antigua de la ciudad.
También pediría a la Iglesia que el Convento de las Concepcionistas, ya abandonado, se restaurase o se crease un edificio que albergase, entre otras maravillas, los tapices flamencos, y, por supuesto, no me olvido de que la Torre de la Catedral quiere ser visitada por los turistas, que dejarían un dinero importante para que Cáritas lo utilizase como bien sabe, en obras sociales. Hubo un proyecto, redactado ha tiempo, del arquitecto Casaseca, idea de la que nunca más se supo. Cuando Roma nombre pastor para la diócesis de Zamora, quizá sea el momento de planteárselo al nuevo obispo, que esperamos sea joven y con ideas avanzadas y, ante todo, cristianas, que favorezcan a los más humildes.
En uno de mis últimos paseos, también comprobé el estado ruinoso de una casa, adosada al nuevo edificio de la Diputación. ¿Cuándo se derribará? ¿Esperamos que se venga abajo cuando las lluvias descarguen sobre Zamora? Hay medio casco antiguo en aparente ruina. ¿Se necesita que los fenómenos atmosféricos o la Ley de la Gravedad los derriben?
Guarido quiere hacer una Zamora más bonita. No sé si la burocracia municipal y el nuevo gobierno, el más izquierdista, a priori, en estos 43 años de democracia se lo permitirán.
Me encontré, hace unos días, con el regidor de mi ciudad, Francisco Guarido. Lógico, porque la Casa de las Panaderas y donde se escribe este periódico son como hermanas. Le pregunté por Zamora y qué nos iba a deparar su mandato. Y me respondió, ufano y sonriente, que la iba a dejar muy “bonita”, que vería, antes de jubilarme –no me queda mucho- exenta la muralla de la avenida de la Feria, con sus jardines y adornos, y, además muchas más actuaciones que no quiso desvelarme ni yo tampoco agobiarle. Cuando sea menester, en rueda de prensa, se lo preguntaré.
No obstante, le sugerí que transformarse ese secarral en el que se ha convertido la plaza de la Constitución, en un espacio verde, con fuente y jardines. Objetó que hay un aparcamiento subterráneo debajo de la superficie del ágora. Le respondí que, según mi amigo Pedro B. Martínez-Toribio, ingeniero, profesional que ha construido fuentes en Braganza, erudito en temas de agua, perfectamente se puede dotar a ese espacio urbano de fuentes y jardines.
También me anunció el alcalde que, a no tardar, se colocará en la plaza de Sagasta a escultura de Barrón “Adán, expulsado del Paraíso”. Espero que se haga con gusto, por tratarse de uno de los espacios más nobles de la ciudad, en el cogollo de modernismo y eclecticismo, delante del edificio de García Casado, que todavía sigue cruzado de brazos, aunque me llegan rumores de que empresarios lusos pretenden invertir en las plantas que ocuparon el comercio textil, señero en la historia de nuestra ciudad.
Al regidor y a este escribidor nos encanta el patrimonio monumental de Zamora. Confieso mi obsesión por las murallas, por nuestros templos y por las rúas y plazuelas del casco antiguo. Guarido, siendo concejal de la oposición, propuso crear un enorme mirador del Duero desde lo que fue el Mesón del Duero hasta la Cuesta de los Pepinos. Nada se pudo hacer, porque las monjitas que ocupan buena parte del recinto amurallado, con magníficas vistas sobre el río, salieron ganadoras en un pleito con el Ayuntamiento cuando administraba la Casa de las Panaderas el PP. Ahora bien, el alcalde, convencido estoy, cuando se forme gobierno, probablemente el socialcomunista de Sánchez e Iglesias, exigirá una inversión del Ministerio de Cultural para la restauración de todo el recinto medieval de Zamora.
Y, por supuesto, volverá a presentar al Ministerio de Fomento nuevo dossier sobre el puente protogótico y el Mercado de Abastos con cargo al 1,5 % cultural. Si no me traiciona la memoria, esta sería la tercera ocasión en intentarlo por parte de nuestro Ayuntamiento. La primera, cuando Rosa Valdeón administraba la casa de todos. Después le tocó a Francisco Guarido que repetirá por segunda ocasión y se cree que ahora el Estado dirá que sí, que adelante con los faroles.
La zona noble de la ciudad necesita que se arranque tanto canto, imposible para caminar, y se coloquen baldosas de granito de Sayago; que la plaza de San Martín, después de enormes inversiones durante gobiernos populares se utilice en su totalidad, porque ahora mismo solo hay un parque infantil que pueda ser pateado. El resto otro secarral pedregoso. También habría que quitar piedras y crear fuentecillas, menos cemento y más verde.
La plaza de Viriato también me parece intransitable. ¡Cámbiese el material, esa especie de adoquín, por el que nadie se atreve a caminar y constrúyase una fuente.
De los solares ya no hay más qué decir. Durante la campaña todos los partidos hablaron de soluciones, nunca drásticas. Desconozco la ley, pero quizá pudieran expropiarse o llegar a acuerdos con sus propietarios para que el Ayuntamiento los comprase a un justiprecio y poder después edificar viviendas para matrimonios jóvenes, de acuerdo a un canon estético, en esa zona antigua de la ciudad.
También pediría a la Iglesia que el Convento de las Concepcionistas, ya abandonado, se restaurase o se crease un edificio que albergase, entre otras maravillas, los tapices flamencos, y, por supuesto, no me olvido de que la Torre de la Catedral quiere ser visitada por los turistas, que dejarían un dinero importante para que Cáritas lo utilizase como bien sabe, en obras sociales. Hubo un proyecto, redactado ha tiempo, del arquitecto Casaseca, idea de la que nunca más se supo. Cuando Roma nombre pastor para la diócesis de Zamora, quizá sea el momento de planteárselo al nuevo obispo, que esperamos sea joven y con ideas avanzadas y, ante todo, cristianas, que favorezcan a los más humildes.
En uno de mis últimos paseos, también comprobé el estado ruinoso de una casa, adosada al nuevo edificio de la Diputación. ¿Cuándo se derribará? ¿Esperamos que se venga abajo cuando las lluvias descarguen sobre Zamora? Hay medio casco antiguo en aparente ruina. ¿Se necesita que los fenómenos atmosféricos o la Ley de la Gravedad los derriben?
Guarido quiere hacer una Zamora más bonita. No sé si la burocracia municipal y el nuevo gobierno, el más izquierdista, a priori, en estos 43 años de democracia se lo permitirán.
















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