ZAMORANA
De comportamientos y maneras
Todos habitamos en este mundo, pero no todos lo hacemos del mismo modo, hay quienes han elegido ser infelices y buscar la desdicha de los demás para sentirse igualados; son aquellos que tienen un problema para cada solución, que no ven el lado positivo de las cosas y, aunque esté rebosante, ven el vaso medio vacío.
Esas personas tóxicas con las que todos nos hemos cruzado en algún momento de nuestra vida son negativas, incapaces de ver belleza, ácidos, dañinos, con un permanente rictus severo que deja al descubierto la pobreza de sus sentimientos y la baja condición de su alma. Son personas mordaces, perniciosas, maléficas, de las que conviene apartarse cuanto antes para que no contagien su negatividad, como decía el Dalai Lama “deja ir a personas que solo llegan para compartir quejas, problemas, desastres, miedos y juicios”.
Nada tan reprobable como la prepotencia o la soberbia de aquellos que se consideran inferiores y creen que evaluando siempre a sus semejantes y mostrándose arrogantes ante ellos consiguen humillarlos ya sea denostando su comportamiento, afeando su manera de ser, de pensar o incluso su aspecto físico; y paradójicamente manifiestan su condición de acomplejados cuando no son capaces de tener otra vida que vaya más allá de su propia autocomplacencia.
Este colectivo de personas es más numeroso del que creemos, conviven a diario con nosotros, algunos pretenden ser más “normales” pero, a la menor ocasión, se descubre su lado más negativo. Hablan con acritud de política, de inmigrantes, de trabajo etc., todo es malo, no hay que fiarse de nadie y son gente que solo ocasionan problemas. Conviví durante varios años con uno de estos sujetos y siempre tuve la convicción de que antes de levantarse cada mañana pensaría a quién iba a denostar y amargar la jornada; no sé si lo haría así pero lo que es cierto es que cada día buscaba a una víctima como objetivo de sus dardos, hasta que llegó un momento en que se vio tan solo que se vio obligado a abandonar por falta de atención.
Creo que en algún momento de abatimiento, de postración o de rabia hemos desconfiado, recelado de los demás e incluso -rebajando nuestras expectativas- nos hemos flagelado creyendo precisamente en lo que nos dijeron estas personas tóxicas; sin embargo hay que desechar tales ideas y continuar el camino que se abre ante todos -nosotros y ellos- con una amplitud y una diversidad en las que caben la alegría, la ilusión, tener ambición, luchar por una meta o aprender de los demás, pese a que ellos solo vean mordacidad, pesadumbre y negación a cada paso que dan.
Mª Soledad Martín Turiño
Todos habitamos en este mundo, pero no todos lo hacemos del mismo modo, hay quienes han elegido ser infelices y buscar la desdicha de los demás para sentirse igualados; son aquellos que tienen un problema para cada solución, que no ven el lado positivo de las cosas y, aunque esté rebosante, ven el vaso medio vacío.
Esas personas tóxicas con las que todos nos hemos cruzado en algún momento de nuestra vida son negativas, incapaces de ver belleza, ácidos, dañinos, con un permanente rictus severo que deja al descubierto la pobreza de sus sentimientos y la baja condición de su alma. Son personas mordaces, perniciosas, maléficas, de las que conviene apartarse cuanto antes para que no contagien su negatividad, como decía el Dalai Lama “deja ir a personas que solo llegan para compartir quejas, problemas, desastres, miedos y juicios”.
Nada tan reprobable como la prepotencia o la soberbia de aquellos que se consideran inferiores y creen que evaluando siempre a sus semejantes y mostrándose arrogantes ante ellos consiguen humillarlos ya sea denostando su comportamiento, afeando su manera de ser, de pensar o incluso su aspecto físico; y paradójicamente manifiestan su condición de acomplejados cuando no son capaces de tener otra vida que vaya más allá de su propia autocomplacencia.
Este colectivo de personas es más numeroso del que creemos, conviven a diario con nosotros, algunos pretenden ser más “normales” pero, a la menor ocasión, se descubre su lado más negativo. Hablan con acritud de política, de inmigrantes, de trabajo etc., todo es malo, no hay que fiarse de nadie y son gente que solo ocasionan problemas. Conviví durante varios años con uno de estos sujetos y siempre tuve la convicción de que antes de levantarse cada mañana pensaría a quién iba a denostar y amargar la jornada; no sé si lo haría así pero lo que es cierto es que cada día buscaba a una víctima como objetivo de sus dardos, hasta que llegó un momento en que se vio tan solo que se vio obligado a abandonar por falta de atención.
Creo que en algún momento de abatimiento, de postración o de rabia hemos desconfiado, recelado de los demás e incluso -rebajando nuestras expectativas- nos hemos flagelado creyendo precisamente en lo que nos dijeron estas personas tóxicas; sin embargo hay que desechar tales ideas y continuar el camino que se abre ante todos -nosotros y ellos- con una amplitud y una diversidad en las que caben la alegría, la ilusión, tener ambición, luchar por una meta o aprender de los demás, pese a que ellos solo vean mordacidad, pesadumbre y negación a cada paso que dan.
Mª Soledad Martín Turiño


















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