ZAMORANA
Otra Navidad
De nuevo estamos inmersos en el ambiente prenavideño; las calles de las ciudades aparecen repletas de gente, los alcaldes compitan por tener su ciudad lo más brillante posible y miles de luces –aunque eso sí led, aclaran- se instalan en las arterias principales bizqueando constantemente para señalarnos, por si acaso se nos olvida, que ya es Navidad.
He de reconocer que a mi estas fechas nunca me han gustado, las considero más bien regidas por el consumo en una sociedad que no sabe qué inventarse para que estemos constantemente gastando dinero. Hace un mes fue Halloween, una moda importada por si acaso no teníamos aquí, que pretende borrar la tradición arraigada desde siempre en nuestro país de conmemorar el Día de Todos los Santos y el posterior Día de los Difuntos; época también consumista, con su apenado tipismo y tiempo de gastos innecesarios e inauditos para florear las sepulturas que muchos visitan solo una vez en esas fechas; después vinieron los denominados Black Friday y Cyber Monday, inventos extranjeros a los que nos abrazamos con gusto y cuya única pretensión es consumir, comprar, gastar y malgastar; y pronto desharemos la Navidad para acoger el Día de Acción de Gracias, cambiando el cabrito, el cochinillo o el besugo por el insípido pavo. Parece que nuestras fiestas no fueran suficientes ni estuvieran a la altura que merecen como para olvidarlas rápidamente sustituyéndolas por otras referencias completamente ajenas a la historia de nuestro país.
El denominado espíritu de la Navidad lo considero también una falacia puesto que ese ánimo se circunscribe a unos días en los que se pretende dar una tregua a nuestras pequeñas maledicencias, rencores y vanidades con el propósito de que, al menos esta pausa sirva para apartarlas, aunque luego las retomemos con más intensidad. Además el gasto continúa siendo una constante en estas fechas: restaurantes y hoteles hacen su agosto con las cenas y comidas de empresa, y los comercios tanto físicos como on line se ven desbordados con tantos pedidos.
Siempre he pensado que la Navidad debería ser algo más, aparte de las consabidas vacaciones. No me parece justo que se sigan viendo los mismos indigentes en las calles, los mismos niños que siguen muriendo de hambre a pesar de que en esos días fluyen los anuncios para que nuestro corazón se enternezca un poco y ayudemos con alguna cantidad que al cabo de un tiempo probablemente muchos abandonen. En estas fiestas tampoco se aparca la maldad, ni el hambre, ni la guerra, ni el odio, ni la crueldad pero, sobre todo, no nos paramos a reflexionar lo que significan estos días del todo descontextualizados ya que no se corresponden con el momento real del nacimiento de Cristo pese a que la religión nos lo datara en Diciembre, ni tampoco somos conscientes del ejemplo que nos transmitió resumido en una persona caracterizada por hacer el bien.
¿Hay algo de verdad en todo esto?, por si acaso y pese a todo ¡Feliz Navidad!
Mª Soledad Martín Turiño
De nuevo estamos inmersos en el ambiente prenavideño; las calles de las ciudades aparecen repletas de gente, los alcaldes compitan por tener su ciudad lo más brillante posible y miles de luces –aunque eso sí led, aclaran- se instalan en las arterias principales bizqueando constantemente para señalarnos, por si acaso se nos olvida, que ya es Navidad.
He de reconocer que a mi estas fechas nunca me han gustado, las considero más bien regidas por el consumo en una sociedad que no sabe qué inventarse para que estemos constantemente gastando dinero. Hace un mes fue Halloween, una moda importada por si acaso no teníamos aquí, que pretende borrar la tradición arraigada desde siempre en nuestro país de conmemorar el Día de Todos los Santos y el posterior Día de los Difuntos; época también consumista, con su apenado tipismo y tiempo de gastos innecesarios e inauditos para florear las sepulturas que muchos visitan solo una vez en esas fechas; después vinieron los denominados Black Friday y Cyber Monday, inventos extranjeros a los que nos abrazamos con gusto y cuya única pretensión es consumir, comprar, gastar y malgastar; y pronto desharemos la Navidad para acoger el Día de Acción de Gracias, cambiando el cabrito, el cochinillo o el besugo por el insípido pavo. Parece que nuestras fiestas no fueran suficientes ni estuvieran a la altura que merecen como para olvidarlas rápidamente sustituyéndolas por otras referencias completamente ajenas a la historia de nuestro país.
El denominado espíritu de la Navidad lo considero también una falacia puesto que ese ánimo se circunscribe a unos días en los que se pretende dar una tregua a nuestras pequeñas maledicencias, rencores y vanidades con el propósito de que, al menos esta pausa sirva para apartarlas, aunque luego las retomemos con más intensidad. Además el gasto continúa siendo una constante en estas fechas: restaurantes y hoteles hacen su agosto con las cenas y comidas de empresa, y los comercios tanto físicos como on line se ven desbordados con tantos pedidos.
Siempre he pensado que la Navidad debería ser algo más, aparte de las consabidas vacaciones. No me parece justo que se sigan viendo los mismos indigentes en las calles, los mismos niños que siguen muriendo de hambre a pesar de que en esos días fluyen los anuncios para que nuestro corazón se enternezca un poco y ayudemos con alguna cantidad que al cabo de un tiempo probablemente muchos abandonen. En estas fiestas tampoco se aparca la maldad, ni el hambre, ni la guerra, ni el odio, ni la crueldad pero, sobre todo, no nos paramos a reflexionar lo que significan estos días del todo descontextualizados ya que no se corresponden con el momento real del nacimiento de Cristo pese a que la religión nos lo datara en Diciembre, ni tampoco somos conscientes del ejemplo que nos transmitió resumido en una persona caracterizada por hacer el bien.
¿Hay algo de verdad en todo esto?, por si acaso y pese a todo ¡Feliz Navidad!
Mª Soledad Martín Turiño


















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