ME QUEDA LA PALABRA
España camina hacia su quiebra política
El PSOE y el PP, partidos esenciales en la fragmentación y desaparición de la nación más antigua de Europa: alimentaron a la bestia separatista que ahora devorará al sanchismo, con la cocina de Pablo Iglesias, esencial en el acuerdo con ERC.
Toda persona de izquierdas se define también como jacobina. En España, no. El PSOE sanchista pacta con el enemigo eterno de la nación, de la democracia, de todo lo que sea España: ERC, partido, en origen fascista, y siempre, por supuesto, racista y secesionista. ¡Cuánto peor lo vaya a la nación, más jolgorio, divertiment y alegría entre su gente, los escamots del Estat Catalá, los del golpe de Estado del 6 de octubre de 1934, reeditado en el mismo mes, pero 83 años más tarde! ¿Cuándo tocará el próximo?
La izquierda española, la marxista, nunca dio un intelectual de relieve, reconocido aquí y allá. Ni un Gramsci, ni un Sartre, ni tan si quiera un Althusser. Cuando los franquistas decidieron dar paso a la democracia, suicidándose en sus Cortes, de común acuerdo con las izquierdas y otras formaciones burguesas, los progresistas se creyeron que los nacionalistas, PNV y catalanes, priorizaban la democracia a la secesión, que eran demócratas. Imposible. Se elaboró una Carta Magna para que los secesionistas se sintieran cómodos. A los vascos se les concedieron derechos medievales y a los catalanes se les dio el oro, porque el moro todavía no había llegado a sus tierras a currar.
Desde 1977, mamaron de la gran ubre del Estado, mientras otras regiones y provincias, verbigracia Zamora, perdieron vigencia económica y social. Todas las grandes inversiones cayeron en las autonomías gobernadas por los nacionalistas. Felipe González le salvó la carrera política a Pujol, el cerebro de la estrategia independentista, el más ladrón entre los honorables, con parar al fiscal anticorrupción, Villajero, con el caso Banca Catalana. Aznar hablaba catalán en la intimidad. Mientras, la raza vasca, superior y pura, recibía todo lo que pidiera a Madrid, máxime si ETA hacía el trabajo sucio. Todo funcionaba como la mafia. “Si no me pagas, te mandó a los matones”. Tal cual.
En breve, ERC colocará a Pedro Sánchez en La Moncloa. Dejará de estar en funciones, para pasar a depender de los colegas de Junqueras, en la cárcel, cumpliendo, de momento, por unos días, condena por golpista. Los socialistas lígrimos no se lo pueden creer. El PSOE de Pablo Iglesias, Largo Caballero, Prieto y Besterio, de rodillas ante el enemigo máximo de España. ¿Pero qué pedirán estos malandrines catalanes para que el sanchismo gobierne la nación?
Elucubremos. Medidas materiales y espirituales. Verbigracia: olvidarse del golpe de Estado y de las condenas a sus principales dirigentes, caso del “bello” Junqueras; como mínima, un referéndum de autodeterminación; órdago a lo grande, independencia en un par de años, tipo Brexit, Catexit, mientras los técnicos negocian asuntos económicos. Cuestiones alimentarias: antes de que se conceda la secesión, inversiones extraordinarias en infraestructuras, Sanidad y Educación, con salida inmediata del territorio de Benemérita y Policía Nacional, y, por supuesto, ni un solo cuartel del Ejército en tierras catalanas. Eso sí, las pensiones que las siga abonando el Estado español. Traspaso de todas las competencias que aún dependen de Madrid, pero pagadas por el ejecutivo central. Ni un solo centro público que imparta enseñanza en español. ¿Algo más? Supongo que con todas estas concesiones los de ERC irán bien servidos. Después, Pedro Sánchez gobernará en lo que queda de España. Los vascos seguirán dentro, porque temen que la independencia daría lugar a una revolución marxista-leninista de Bildu, la ETA que ya no necesita matar, porque lo tiene todo. Además no podrían pagarse las pensiones y el cupo es un chollo.
La argamasa que une todavía al sanchismo con Junqueras y sus huestes se llama Pablo Iglesias. Recuerdo que, en su día, visitó al líder de ERC en prisión. Nadie habla del líder, aburguesado, de Unidas Podemos, pero resulta esencial para sellar el acuerdo de investidura de Sánchez.
No hay marcha atrás. Los catalanes supremacistas se han salido con la suya. Es cuestión de tiempo. Y si no es con Pedro Sánchez, en un lustro, todo estará preparado para que Cataluña funcione con una nación independiente. El proselitismo de la docencia sobre los alumnos, desde parvulitos, pasando por la escuela, enseñanza media y universitaria, ha dado sus frutos. Solo queda recogerlos.
La cobardía de los gobiernos del PSOE y PP, más el odio secular del catalanismo separatista, inculcado durante un par de generaciones a sus alumnos, niños y jóvenes, por docentes secesionistas, fragmentó y quebró la nación española, la más antigua de Europa. La Liga y la Copa del Rey ya no serán lo mismo sin el Barça. Los hinchas del Real Madrid, felices. Caña y pincho de tortilla, y langostinos congelados en Nochebuena. El rebaño, en su redil.
Toda persona de izquierdas se define también como jacobina. En España, no. El PSOE sanchista pacta con el enemigo eterno de la nación, de la democracia, de todo lo que sea España: ERC, partido, en origen fascista, y siempre, por supuesto, racista y secesionista. ¡Cuánto peor lo vaya a la nación, más jolgorio, divertiment y alegría entre su gente, los escamots del Estat Catalá, los del golpe de Estado del 6 de octubre de 1934, reeditado en el mismo mes, pero 83 años más tarde! ¿Cuándo tocará el próximo?
La izquierda española, la marxista, nunca dio un intelectual de relieve, reconocido aquí y allá. Ni un Gramsci, ni un Sartre, ni tan si quiera un Althusser. Cuando los franquistas decidieron dar paso a la democracia, suicidándose en sus Cortes, de común acuerdo con las izquierdas y otras formaciones burguesas, los progresistas se creyeron que los nacionalistas, PNV y catalanes, priorizaban la democracia a la secesión, que eran demócratas. Imposible. Se elaboró una Carta Magna para que los secesionistas se sintieran cómodos. A los vascos se les concedieron derechos medievales y a los catalanes se les dio el oro, porque el moro todavía no había llegado a sus tierras a currar.
Desde 1977, mamaron de la gran ubre del Estado, mientras otras regiones y provincias, verbigracia Zamora, perdieron vigencia económica y social. Todas las grandes inversiones cayeron en las autonomías gobernadas por los nacionalistas. Felipe González le salvó la carrera política a Pujol, el cerebro de la estrategia independentista, el más ladrón entre los honorables, con parar al fiscal anticorrupción, Villajero, con el caso Banca Catalana. Aznar hablaba catalán en la intimidad. Mientras, la raza vasca, superior y pura, recibía todo lo que pidiera a Madrid, máxime si ETA hacía el trabajo sucio. Todo funcionaba como la mafia. “Si no me pagas, te mandó a los matones”. Tal cual.
En breve, ERC colocará a Pedro Sánchez en La Moncloa. Dejará de estar en funciones, para pasar a depender de los colegas de Junqueras, en la cárcel, cumpliendo, de momento, por unos días, condena por golpista. Los socialistas lígrimos no se lo pueden creer. El PSOE de Pablo Iglesias, Largo Caballero, Prieto y Besterio, de rodillas ante el enemigo máximo de España. ¿Pero qué pedirán estos malandrines catalanes para que el sanchismo gobierne la nación?
Elucubremos. Medidas materiales y espirituales. Verbigracia: olvidarse del golpe de Estado y de las condenas a sus principales dirigentes, caso del “bello” Junqueras; como mínima, un referéndum de autodeterminación; órdago a lo grande, independencia en un par de años, tipo Brexit, Catexit, mientras los técnicos negocian asuntos económicos. Cuestiones alimentarias: antes de que se conceda la secesión, inversiones extraordinarias en infraestructuras, Sanidad y Educación, con salida inmediata del territorio de Benemérita y Policía Nacional, y, por supuesto, ni un solo cuartel del Ejército en tierras catalanas. Eso sí, las pensiones que las siga abonando el Estado español. Traspaso de todas las competencias que aún dependen de Madrid, pero pagadas por el ejecutivo central. Ni un solo centro público que imparta enseñanza en español. ¿Algo más? Supongo que con todas estas concesiones los de ERC irán bien servidos. Después, Pedro Sánchez gobernará en lo que queda de España. Los vascos seguirán dentro, porque temen que la independencia daría lugar a una revolución marxista-leninista de Bildu, la ETA que ya no necesita matar, porque lo tiene todo. Además no podrían pagarse las pensiones y el cupo es un chollo.
La argamasa que une todavía al sanchismo con Junqueras y sus huestes se llama Pablo Iglesias. Recuerdo que, en su día, visitó al líder de ERC en prisión. Nadie habla del líder, aburguesado, de Unidas Podemos, pero resulta esencial para sellar el acuerdo de investidura de Sánchez.
No hay marcha atrás. Los catalanes supremacistas se han salido con la suya. Es cuestión de tiempo. Y si no es con Pedro Sánchez, en un lustro, todo estará preparado para que Cataluña funcione con una nación independiente. El proselitismo de la docencia sobre los alumnos, desde parvulitos, pasando por la escuela, enseñanza media y universitaria, ha dado sus frutos. Solo queda recogerlos.
La cobardía de los gobiernos del PSOE y PP, más el odio secular del catalanismo separatista, inculcado durante un par de generaciones a sus alumnos, niños y jóvenes, por docentes secesionistas, fragmentó y quebró la nación española, la más antigua de Europa. La Liga y la Copa del Rey ya no serán lo mismo sin el Barça. Los hinchas del Real Madrid, felices. Caña y pincho de tortilla, y langostinos congelados en Nochebuena. El rebaño, en su redil.





















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.53