NOCTURNOS
Se vive para amar
Hoy, al alba del día de Navidad, soñé que te besaba. Mis labios acariciaron los tuyos, amor, dos veces, dos leves toques, pero cargados de intensidad, de delicadeza, de amor. Nunca conocí a una dama tan sensible y elegante como vuesa merced.
Cuando una dama tan exquisita, refinada y distinguida exige de su amante un trato poético, intimista, sentimental, hipersensible. Desde que supe que existía, dispuse mi alma para el desafío más descomunal que me exigía la vida. Me he preparado para ofrecerle lo mejor de mí, purgar mis vicios, expiar mis errores, desterrar mis debilidades. Admito que soy mejor persona desde que me enamoré. Sospecho que diluí mi vanidad, enterré mi reconocida altivez, despaché mi mundo de caprichos, propios de un niño pijo, mimado, bien.
Sí, confieso, no hago literatura, que hoy soñé que la besaba. Después, caminé en dirección al Duero para acompañar su húmeda tristeza con una sonrisa enamorada; mientras, mi mirada comprendía a la lluvia transformada en caudal, encarcelada en un cauce de río; entendí a los cormoranes, que descansaban su luto sobre los restos del viejo viaducto, ya desmoronado, y guiñé un ojo a la alta niebla, que hacía el amor con el cielo azul. No, no es prosa poética lo que escribo. Solo traduzco el estado de mi esencia cuando me siento enamorado de una mujer. No somos más que polvo en el tiempo cuando ni nos aman ni sabemos amar. Se vive para amar.
Hoy, al alba del día de Navidad, soñé que te besaba. Mis labios acariciaron los tuyos, amor, dos veces, dos leves toques, pero cargados de intensidad, de delicadeza, de amor. Nunca conocí a una dama tan sensible y elegante como vuesa merced.
Cuando una dama tan exquisita, refinada y distinguida exige de su amante un trato poético, intimista, sentimental, hipersensible. Desde que supe que existía, dispuse mi alma para el desafío más descomunal que me exigía la vida. Me he preparado para ofrecerle lo mejor de mí, purgar mis vicios, expiar mis errores, desterrar mis debilidades. Admito que soy mejor persona desde que me enamoré. Sospecho que diluí mi vanidad, enterré mi reconocida altivez, despaché mi mundo de caprichos, propios de un niño pijo, mimado, bien.
Sí, confieso, no hago literatura, que hoy soñé que la besaba. Después, caminé en dirección al Duero para acompañar su húmeda tristeza con una sonrisa enamorada; mientras, mi mirada comprendía a la lluvia transformada en caudal, encarcelada en un cauce de río; entendí a los cormoranes, que descansaban su luto sobre los restos del viejo viaducto, ya desmoronado, y guiñé un ojo a la alta niebla, que hacía el amor con el cielo azul. No, no es prosa poética lo que escribo. Solo traduzco el estado de mi esencia cuando me siento enamorado de una mujer. No somos más que polvo en el tiempo cuando ni nos aman ni sabemos amar. Se vive para amar.

















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