Redacción
Martes, 31 de Diciembre de 2019
NOCTURNOS

Hollar la cima de tus senos

Tú, Dama del Tiempo, como la mujer, o el hombre burlado, temes amar y odias que te amen; consideras que, si amas, se te estrecha el alma, se te licúa el tuétano de los huesos, las palabras se perecen ahogadas antes de llegar a la orilla de los labios y dejas de ser tú, mujer deseada y deseante, para transformarte en el esqueleto de la amapola.

 

Y no sé si te contaron las abejas hoplitas que hice de mi corazón un panal de besos, reformé mis aurículas y ventrículos en celdas hexagonales para que depositaras las lágrimas que se lloran con los ojos cerrados y las sonrisas que se ríen sin ganas.

 

Te escribí que amar es vivir, que amar es un arte, y la inspiración duele. Y yo adiviné en ti cualidades para crear con tu cuerpo la escultura de la diosa que presidiera la entrada a los campos elíseos y pintar el retrato de Dios en un papiro con el pigmento de tu sangre.

 

Pero no eres mármol, ni tampoco madera de boj, ni hierro, sino una obra maestra de la genética para gozar contigo de toda la belleza que fluye por el valle de tu gineceo y caer en la tentación de hollar la orografía de tus senos.

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