LITERATURA
Sentido común
Antes creía que cada cabeza era un mundo; pero ahora pienso que cada cabeza es un universo en diferente dimensión.
Hemos oído hablar del sentido común y de la importancia del mismo en todos los aspectos de la vida. Pero está claro que el ser humano suele complicarse por naturaleza y tiende a ver más la viga en el ojo ajeno que la espiga en el propio. Es muy difícil no caer en la crítica; no juzgar a otra persona por sus actos puede que sea una de las cosas más difíciles de cumplir. Si vemos a alguien actuando de una forma que no nos gusta o que no va con lo que nosotros creemos que «es correcto» enseguida se desata la crítica. Quizá porque vivimos en un país de apasionados contrastes en el que cada uno de sus millones de habitantes opina, sin reservas, sobre todo lo humano y lo divino en los más diversos foros: casa, trabajo, bar, amigos, calle o quizá, es simplemente porque si algo tenemos o creemos tener al hablar es una cualidad indispensable para todo opinador que se precie: sentido común.
A pesar de que todos nacemos con el sentido común bien desarrollado, según va pasando el tiempo, e influyendo sobre nosotros la sociedad, lo vamos perdiendo paulatinamente hasta que termina triunfando lo más absurdo y lo menos lógico. Entonces es cuando este sentido pierde a su compañero “común”. Es posible que esto suceda porque en el mundo moderno los valores y la visión de la realidad son cada vez más débiles.
Emilia Casas Fernández
Antes creía que cada cabeza era un mundo; pero ahora pienso que cada cabeza es un universo en diferente dimensión.
Hemos oído hablar del sentido común y de la importancia del mismo en todos los aspectos de la vida. Pero está claro que el ser humano suele complicarse por naturaleza y tiende a ver más la viga en el ojo ajeno que la espiga en el propio. Es muy difícil no caer en la crítica; no juzgar a otra persona por sus actos puede que sea una de las cosas más difíciles de cumplir. Si vemos a alguien actuando de una forma que no nos gusta o que no va con lo que nosotros creemos que «es correcto» enseguida se desata la crítica. Quizá porque vivimos en un país de apasionados contrastes en el que cada uno de sus millones de habitantes opina, sin reservas, sobre todo lo humano y lo divino en los más diversos foros: casa, trabajo, bar, amigos, calle o quizá, es simplemente porque si algo tenemos o creemos tener al hablar es una cualidad indispensable para todo opinador que se precie: sentido común.
A pesar de que todos nacemos con el sentido común bien desarrollado, según va pasando el tiempo, e influyendo sobre nosotros la sociedad, lo vamos perdiendo paulatinamente hasta que termina triunfando lo más absurdo y lo menos lógico. Entonces es cuando este sentido pierde a su compañero “común”. Es posible que esto suceda porque en el mundo moderno los valores y la visión de la realidad son cada vez más débiles.
Emilia Casas Fernández
















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