ZAMORANA
Mis amigos incondicionales
Los libros son los aliados más queridos, esos que te hacen viajar a lugares lejanos sin llevar equipaje, los que invitan a vivir otros mundos y acceder a zonas inverosímiles para escapar de la rutina de cada día, de la desolación, de la miseria, de las carencias reales que habitan este universo.
Quienes amamos los libros necesitamos momentos en soledad para disfrutar de una buena lectura que no solo nos permite aprender, sino también nos transporta, nos eleva, nos hace soñar y, en definitiva, también nos redime de momentos difíciles. ¿Qué amigo estaría más dispuesto a esto, en cualquier momento, a nuestro servicio?. Ellos son infalibles, siempre prestos e incondicionales.
Los libros son como los niños, nos traen un futuro y lo ponen enfrente para que elijamos el que más nos acomoda, la solución fructífera, siembran el camino de ideas con las que aprendemos a dominar técnicas nuevas para sobrevivir o subsistir en un mundo que a veces se nos hace duro y difícil porque hemos de transitar en ocasiones con una excesiva carga a las espaldas. Es el regalo perfecto para las personas insomnes, las solitarias, las enfermas, traspasa las barreras carcelarias ya sean físicas o imaginarias, sirven para todas las edades, acompañan, ilustran y hacen felices a todos.
En ellos se encuentra el mundo perdido donde quisimos vivir, aquel pasado hermoso que un día nos cautivó, el futuro con el que soñamos, se reabren pasiones, se renuevan amistades, se gestan ilusiones y nos regalan la posibilidad de fagocitar al protagonista y ser nosotros quienes vivamos sus aventuras en primera persona; ya sea esa mujer en soledad que sueña con la otra del libro que, tras una vida de privaciones o desgracias, encuentra su razón de existir, su ilusión o el amor verdadero y durante al menos el tiempo en que dura la lectura del libro la lectora ve ante sí un esperanzador futuro en el que todo cambiará, en el que quizás sea feliz; luego vuelve la cruda realidad, los problemas siguen estando ahí; ningún milagro ha borrado la culpa, el dolor o la decepción, pero hay algo dentro de ella que la anima a luchar con más fuerza para sobrellevar el presente duro y doloroso un poquito mejor; o ese viajero que está postrado, ya sea atado a una cama o a una silla de ruedas, pero recorre otros mundos y se embarca en aventuras imposibles; sube a un globo aerostático y desde allí puede contemplar los valles y disfrutar de las montañas en un puesto elevado con el que nunca soñó y desde esa altura tiene el mundo a sus pies; o tal vez el pusilánime, el conformista, el que pasa por la vida sin que nadie le vea, se siente un héroe que salta desde los tejados y nunca cae al suelo, protegido por una invisible tela de araña que le convierte en el superhéroe con el que sueña; o aquel que pronuncia un discurso imposible ante una multitud cuando jamás ha sido capaz de juntar más de dos frases seguidas.
Con los libros se producen estos y otros milagros, el olor de sus hojas embriaga los sentidos y nos prepara para un viaje nuevo, diferente en cada situación; por eso son mi mejor compañía y los saboreo en soledad acompañada de un café y disfrutando de cada página. Cierto que tal vez sea una forma de huir de la realidad, sí, pero al menos mientras dura la lectura esa realidad varía y se conforma a mi gusto, sin interferencias ni estorbos.
Mª Soledad Martín Turiño
Los libros son los aliados más queridos, esos que te hacen viajar a lugares lejanos sin llevar equipaje, los que invitan a vivir otros mundos y acceder a zonas inverosímiles para escapar de la rutina de cada día, de la desolación, de la miseria, de las carencias reales que habitan este universo.
Quienes amamos los libros necesitamos momentos en soledad para disfrutar de una buena lectura que no solo nos permite aprender, sino también nos transporta, nos eleva, nos hace soñar y, en definitiva, también nos redime de momentos difíciles. ¿Qué amigo estaría más dispuesto a esto, en cualquier momento, a nuestro servicio?. Ellos son infalibles, siempre prestos e incondicionales.
Los libros son como los niños, nos traen un futuro y lo ponen enfrente para que elijamos el que más nos acomoda, la solución fructífera, siembran el camino de ideas con las que aprendemos a dominar técnicas nuevas para sobrevivir o subsistir en un mundo que a veces se nos hace duro y difícil porque hemos de transitar en ocasiones con una excesiva carga a las espaldas. Es el regalo perfecto para las personas insomnes, las solitarias, las enfermas, traspasa las barreras carcelarias ya sean físicas o imaginarias, sirven para todas las edades, acompañan, ilustran y hacen felices a todos.
En ellos se encuentra el mundo perdido donde quisimos vivir, aquel pasado hermoso que un día nos cautivó, el futuro con el que soñamos, se reabren pasiones, se renuevan amistades, se gestan ilusiones y nos regalan la posibilidad de fagocitar al protagonista y ser nosotros quienes vivamos sus aventuras en primera persona; ya sea esa mujer en soledad que sueña con la otra del libro que, tras una vida de privaciones o desgracias, encuentra su razón de existir, su ilusión o el amor verdadero y durante al menos el tiempo en que dura la lectura del libro la lectora ve ante sí un esperanzador futuro en el que todo cambiará, en el que quizás sea feliz; luego vuelve la cruda realidad, los problemas siguen estando ahí; ningún milagro ha borrado la culpa, el dolor o la decepción, pero hay algo dentro de ella que la anima a luchar con más fuerza para sobrellevar el presente duro y doloroso un poquito mejor; o ese viajero que está postrado, ya sea atado a una cama o a una silla de ruedas, pero recorre otros mundos y se embarca en aventuras imposibles; sube a un globo aerostático y desde allí puede contemplar los valles y disfrutar de las montañas en un puesto elevado con el que nunca soñó y desde esa altura tiene el mundo a sus pies; o tal vez el pusilánime, el conformista, el que pasa por la vida sin que nadie le vea, se siente un héroe que salta desde los tejados y nunca cae al suelo, protegido por una invisible tela de araña que le convierte en el superhéroe con el que sueña; o aquel que pronuncia un discurso imposible ante una multitud cuando jamás ha sido capaz de juntar más de dos frases seguidas.
Con los libros se producen estos y otros milagros, el olor de sus hojas embriaga los sentidos y nos prepara para un viaje nuevo, diferente en cada situación; por eso son mi mejor compañía y los saboreo en soledad acompañada de un café y disfrutando de cada página. Cierto que tal vez sea una forma de huir de la realidad, sí, pero al menos mientras dura la lectura esa realidad varía y se conforma a mi gusto, sin interferencias ni estorbos.
Mª Soledad Martín Turiño
















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