Mª Soledad Martín
Jueves, 09 de Enero de 2020
ZAMORANA

¡Por mi madre!

[Img #33585]Recuerdo pocas cosas de ti aunque siento tu ausencia cada día quizá con más fuerza; al principio era desolador, solo el hecho de pensar que ya no estabas entre nosotros me impedía incluso respirar; poco a poco intenté colmarme de obligaciones para que todo pasara un poco más desapercibido y, sin querer, te fuiste alejando; seguías ahí, pero a un lado, no sobre mí; no me presionaba tanto tu recuerdo, era capaz de respirar con más calma aunque sentía el corazón vacío en fechas señaladas: tu cumpleaños, las fiestas navideñas, el verano, el día que te fuiste….

 

Siempre estás presente y cada día que vuelvo en el autobús camino de casa y tengo que pasar por el lugar donde te velamos antes de que te convirtieras en polvo…me acomete un nudo en la garganta que intento disipar porque la velocidad del coche llena mis ojos de nuevas atracciones, otras casas, comercios o gentes que distraen mis pensamientos y obran el milagro de vaciar la mente y no pensar en nada.

 

Es precisamente ahora, cuando yo también soy madre que recuerdo tu comportamiento y el mío como hija, a veces demasiado protestona y critica para contigo; ahora entiendo que es muy difícil ejercer la maternidad, se cometen errores, porque nadie nos prepara, es algo que surge y cada uno intentamos hacerlo lo mejor que podemos; sin embargo es fácil reprochar e incluso enfadarse cuando tienes a tu madre enfrente, pero es imperdonable cuando lo recuerdas y ella ya no está. Los hijos, sobre todo si son jóvenes, no son conscientes de este hecho quizás porque el tema de la muerte les queda demasiado lejos; no obstante yo que he pasado dos terceras partes de mi vida, es ahora cuando valoro cada palabra desagradable que te dije, o cada gesto que pretendía ofenderte y ahora daría lo que fuera por tenerte siquiera unos minutos para disculparme, porque te diría aquello que te repetí tantas veces cuando estuviste enferma y necesitabas cariño y compañía; te expresaré miles de veces todo lo que te quiero y aun así me quedaré corta, acusaría a ese Dios en el que creías y en el que creo por llevarte demasiado pronto y por descubrir mis propios demonios, en una parte del corazón que ni siquiera sabía que existía.

 

Hoy te recuerdo y añoro, mamá, en la soledad de mi casa en estas fechas de Navidad en las que siempre brindo de la misma manera con un recuerdo a los que ya no formáis parte de la mesa: “por los que estamos y por los que faltan” o “por los presentes y los ausentes”, y en ese brindis estás más presente que nunca; también en mis oraciones de día y de noche que repito como un viejo mantra con miedo a que si me vence el sueño y no lo hago, el destino o incluso el mismo Dios pueda represaliarme de algún modo. Por respeto a tus creencias religiosas continúo las mías, no sé si por convicción o por temor a no disponer de ese cobijo sagrado al que aspiro para que se cumplan mis deseos. 

 

Mª Soledad Martín Turiño

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