COPA DEL REY
Un Zamora enorme cae con inmensa dignidad ante un Primera División: RCD Mallorca
Los rojiblancos demostraron ante un equipo de Primera División calidad, trabajo y que forman un equipo de superior categoría. El Zamora fue muy mejor que el cuadro balear en la segunda entrega del partido.
![[Img #33694]](http://eldiadezamora.es/upload/images/01_2020/4420_esteban.jpg)
Hay derrotas que dignifican a quienes las sufren, derrotas que se guardan en la memoria, derrotas líricas. La del rey Leonidas y sus 300 hoplitas en las Termópilas. No pretendo ser hiperbólico, pero la primera derrota del Zamora Club de Fútbol en esta temporada, en la Copa del Rey, frente al RCD Mallorca, un Primera División, enorgullece a los seguidores rojiblancos y convierte en inolvidable esta helado mediodía, con sol en el cielo, con escarcha en la hierba, al plantel que dirige ese gran técnico que es Movilla, un entrenador metódico y laborioso, un profesional íntegro del fútbol. No sé si el Zamora ascenderá a Segunda B, pero este equipo será recordado siempre por su calidad, trabajo y fuerza. Esta escuadra no es de Tercera División, porque su clase corresponde a otro de superior categoría.
Tras ditirambos, corresponde escribir sobre lo que contemplé esta mañana en el Ruta de la Plata, que presentaba las huellas de la helada en el área sur, que defendió el Zamora en la primera entrega del choque, iniciada con dominio absoluto del Mallorca, que con un sistema de tres centrales y dos laterales jugando como extremos, entraba, una y otra vez, por las bandas, sobre todo por la siniestra, donde Lumor, un lateral extremo, superaba la retaguardia zamorana para enviar centros que, por suerte, no encontraron rematador.
El conjunto de Primera División exhibió un poderío físico extraordinario, y convirtió su musculatura en su principal baza: saltos ganados, debido a su colosal envergadura; faltitas con empujones, de esos que no se pitan, menos este árbitro, y picardías propias de un equipo profesional. El Zamora fue un equipo más blando, menos físico, más asociado, pero le faltó mala leche, dureza reglamentaria, zorrería.
El Zamora CF tardó cuatro minutos en llegar al área rival, pero fue espabilando y adaptándose al sistema planteado por Vicente Moreno hasta nivelar el partido cuando había transcurrido el ecuador de la primera mitad. Pero una jugada, iniciada en una falta del marcador sobre Sergio, que el árbitro no quiso ver, sucedida en campo mallorquín, supondría el gol balear y la que, a posteriori, se convertiría en el que daría le daría la eliminatoria.
No se rindió el cuadro rojiblanco, que niveló la contienda, ante un Mallorca menos incisivo, si bien su defensa, muy corpulenta, apenas dejaba huecos a los rojiblancos, aunque después de una gran jugada de Coque, Garban, solo ante el portero, desde la derecha, no pudo batir al meta Fabricio. Adelantar que Jon Villanueva no se vio obligado por ningún disparo balear. Inédito, salvo balones de centros y saques de esquina.
La segunda entrega viviría el mejor fútbol del Zamora, extraordinario, que metió al Mallorca en su campo, merced también al cambio de sistema del técnico visitante, que prefirió pasar a una defensa de cuatro, retrasando la posición del estilete de la primera mitad, Lumor.
La grada vibraba con el juego rojiblancos, que entraba por bandas, más desde la entrada de Guille por Garban, generando ocasiones de peligro para los mallorquines. La más clara la de Sergio, que, solo ante el portero, se le fue el regate, cuando lo suyo hubiera sido rematar a puerta.
Hubo momentos de agobio para Fabricio, como entre los minutos 74 y 76, cuando se cantaba el empate. Movilla y su compañero y rival buscaron un plus en los cambios, pero tampoco surgieron efecto: ni Escudero, que sustituyó a Dani Hernández, en el minuto 70; ni Rubiato, que hizo lo propio con Sergio, en el 82, mejoraron a sus compañeros.
Solo el Mallorca demostró peligro a partir del minuto 85, con sendas oportunidades de sus delanteros, solos ante Jon, cuando el Zamora ya se había lanzado al abordaje. Hubo una falta y un saque de esquina de los rojiblancos como últimas ocasiones de igualar la eliminatoria. No hubo fortuna. Pero, como comentaba al inicio de esta crónica: esta derrota llena de orgullo a quienes la sufrieron, a sus seguidores y a su junta directiva. Ahora pensemos ya en la fase de ascenso. Si esta plantilla no pierde condición física de aquí al mayo, la próxima temporada jugará en Segunda B.
Fotografias: Esteban Pedrosa
![[Img #33694]](http://eldiadezamora.es/upload/images/01_2020/4420_esteban.jpg)
Hay derrotas que dignifican a quienes las sufren, derrotas que se guardan en la memoria, derrotas líricas. La del rey Leonidas y sus 300 hoplitas en las Termópilas. No pretendo ser hiperbólico, pero la primera derrota del Zamora Club de Fútbol en esta temporada, en la Copa del Rey, frente al RCD Mallorca, un Primera División, enorgullece a los seguidores rojiblancos y convierte en inolvidable esta helado mediodía, con sol en el cielo, con escarcha en la hierba, al plantel que dirige ese gran técnico que es Movilla, un entrenador metódico y laborioso, un profesional íntegro del fútbol. No sé si el Zamora ascenderá a Segunda B, pero este equipo será recordado siempre por su calidad, trabajo y fuerza. Esta escuadra no es de Tercera División, porque su clase corresponde a otro de superior categoría.
Tras ditirambos, corresponde escribir sobre lo que contemplé esta mañana en el Ruta de la Plata, que presentaba las huellas de la helada en el área sur, que defendió el Zamora en la primera entrega del choque, iniciada con dominio absoluto del Mallorca, que con un sistema de tres centrales y dos laterales jugando como extremos, entraba, una y otra vez, por las bandas, sobre todo por la siniestra, donde Lumor, un lateral extremo, superaba la retaguardia zamorana para enviar centros que, por suerte, no encontraron rematador.
El conjunto de Primera División exhibió un poderío físico extraordinario, y convirtió su musculatura en su principal baza: saltos ganados, debido a su colosal envergadura; faltitas con empujones, de esos que no se pitan, menos este árbitro, y picardías propias de un equipo profesional. El Zamora fue un equipo más blando, menos físico, más asociado, pero le faltó mala leche, dureza reglamentaria, zorrería.
El Zamora CF tardó cuatro minutos en llegar al área rival, pero fue espabilando y adaptándose al sistema planteado por Vicente Moreno hasta nivelar el partido cuando había transcurrido el ecuador de la primera mitad. Pero una jugada, iniciada en una falta del marcador sobre Sergio, que el árbitro no quiso ver, sucedida en campo mallorquín, supondría el gol balear y la que, a posteriori, se convertiría en el que daría le daría la eliminatoria.
No se rindió el cuadro rojiblanco, que niveló la contienda, ante un Mallorca menos incisivo, si bien su defensa, muy corpulenta, apenas dejaba huecos a los rojiblancos, aunque después de una gran jugada de Coque, Garban, solo ante el portero, desde la derecha, no pudo batir al meta Fabricio. Adelantar que Jon Villanueva no se vio obligado por ningún disparo balear. Inédito, salvo balones de centros y saques de esquina.
La segunda entrega viviría el mejor fútbol del Zamora, extraordinario, que metió al Mallorca en su campo, merced también al cambio de sistema del técnico visitante, que prefirió pasar a una defensa de cuatro, retrasando la posición del estilete de la primera mitad, Lumor.
La grada vibraba con el juego rojiblancos, que entraba por bandas, más desde la entrada de Guille por Garban, generando ocasiones de peligro para los mallorquines. La más clara la de Sergio, que, solo ante el portero, se le fue el regate, cuando lo suyo hubiera sido rematar a puerta.
Hubo momentos de agobio para Fabricio, como entre los minutos 74 y 76, cuando se cantaba el empate. Movilla y su compañero y rival buscaron un plus en los cambios, pero tampoco surgieron efecto: ni Escudero, que sustituyó a Dani Hernández, en el minuto 70; ni Rubiato, que hizo lo propio con Sergio, en el 82, mejoraron a sus compañeros.
Solo el Mallorca demostró peligro a partir del minuto 85, con sendas oportunidades de sus delanteros, solos ante Jon, cuando el Zamora ya se había lanzado al abordaje. Hubo una falta y un saque de esquina de los rojiblancos como últimas ocasiones de igualar la eliminatoria. No hubo fortuna. Pero, como comentaba al inicio de esta crónica: esta derrota llena de orgullo a quienes la sufrieron, a sus seguidores y a su junta directiva. Ahora pensemos ya en la fase de ascenso. Si esta plantilla no pierde condición física de aquí al mayo, la próxima temporada jugará en Segunda B.
Fotografias: Esteban Pedrosa






















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