OPINIÓN
A veces, no entiendo
A veces no entiendo nada, de veras. Yo me comporto como siempre, casi por inercia sabes cómo reaccionaré, son descubrimientos que uno hace desde el conocimiento de la persona que le acompaña en el camino de la vida, o al menos, durante un breve trecho, ¿quién sabe? Pero no cambio, puedo evolucionar, aprender y aprovechar lo que me han enseñado para ser mejor en todo, con todos y para todos, pero a veces, para ti, no es suficiente. Nunca lo es. No me rindo, porque nací guerrera y luchadora y si algo no entiendo, busco, aprendo, estudio hasta dejarme los ojos, y saco mis propias conclusiones. Quizá cambien los demás mientras una permanece incólume e inmaculada en su ser y parecer desde siempre. Aunque ni eso sea suficiente prueba de honestidad a ojos de los que dudan de todo. Peor para ellos. Yo me mantengo en mis trece, porque ningún mal hice a nadie.
A veces, demasiadas si he de ser sincera, no entiendo las reacciones de los que me rodean. Me cuestionan sin conocerme, cambian de actitud en cuestión de minutos. Realmente es de Oscar de la Academia de Hollywood alguien que por la mañana te adora, por la tarde le das igual y por la noche ni te habla. Me lo expliquen, por favor. Yo soy coherente, puedo tener mil y un defectos, gordos o lamentables, no sé. Pero la incoherencia no es uno de ellos. Soy yo en todo momento y en todo lugar. Pese a quien pese.
No soporto a la gente que me intenta manipular emocionalmente, lo siento, me da náuseas. Máxime cuando siquiera di motivos para tal reacción tan insospechada como inesperada. No. No me gusta la gente así, lo siento. Me da confianza una persona que va de frente, aunque sea para decirte a la puñetera cara que le caes como el culo. ¡Olé! Esa gente me gusta, es sincera y no le duelen prendas decirte lo que se le pasa por la cabeza, casi como yo, sólo que yo, a veces, lo maquillo un poquito para no herir sentimientos, quizá no debiera hacerlo, no sé. Pero como me importa que los demás estén bien y tengan una existencia llevadera y medianamente feliz, me coarte y diga las cosas con sumo cuidado y con cariño. Porque yo quiero a la gente, me encariño con ella y me duele su dolor. Así de simple. ¿Es empatía? Puede. Creo que sí. Por esa razón sufro tanto lo mío propio como lo ajeno. No voy a cambiar. No me da la gana. Ya no. Si no te gusta… ¡Pista! Que dicen ahora.
A veces no entiendo nada, de veras. Yo me comporto como siempre, casi por inercia sabes cómo reaccionaré, son descubrimientos que uno hace desde el conocimiento de la persona que le acompaña en el camino de la vida, o al menos, durante un breve trecho, ¿quién sabe? Pero no cambio, puedo evolucionar, aprender y aprovechar lo que me han enseñado para ser mejor en todo, con todos y para todos, pero a veces, para ti, no es suficiente. Nunca lo es. No me rindo, porque nací guerrera y luchadora y si algo no entiendo, busco, aprendo, estudio hasta dejarme los ojos, y saco mis propias conclusiones. Quizá cambien los demás mientras una permanece incólume e inmaculada en su ser y parecer desde siempre. Aunque ni eso sea suficiente prueba de honestidad a ojos de los que dudan de todo. Peor para ellos. Yo me mantengo en mis trece, porque ningún mal hice a nadie.
A veces, demasiadas si he de ser sincera, no entiendo las reacciones de los que me rodean. Me cuestionan sin conocerme, cambian de actitud en cuestión de minutos. Realmente es de Oscar de la Academia de Hollywood alguien que por la mañana te adora, por la tarde le das igual y por la noche ni te habla. Me lo expliquen, por favor. Yo soy coherente, puedo tener mil y un defectos, gordos o lamentables, no sé. Pero la incoherencia no es uno de ellos. Soy yo en todo momento y en todo lugar. Pese a quien pese.
No soporto a la gente que me intenta manipular emocionalmente, lo siento, me da náuseas. Máxime cuando siquiera di motivos para tal reacción tan insospechada como inesperada. No. No me gusta la gente así, lo siento. Me da confianza una persona que va de frente, aunque sea para decirte a la puñetera cara que le caes como el culo. ¡Olé! Esa gente me gusta, es sincera y no le duelen prendas decirte lo que se le pasa por la cabeza, casi como yo, sólo que yo, a veces, lo maquillo un poquito para no herir sentimientos, quizá no debiera hacerlo, no sé. Pero como me importa que los demás estén bien y tengan una existencia llevadera y medianamente feliz, me coarte y diga las cosas con sumo cuidado y con cariño. Porque yo quiero a la gente, me encariño con ella y me duele su dolor. Así de simple. ¿Es empatía? Puede. Creo que sí. Por esa razón sufro tanto lo mío propio como lo ajeno. No voy a cambiar. No me da la gana. Ya no. Si no te gusta… ¡Pista! Que dicen ahora.
















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