RES PÚBLICA
Los hijos y las mascotas pertenecen al Estado
“Los hijos no pertenecen a los padres”. Aserto de la ministra de Educación, Isabel Celaa. Vale. No creo en la propiedad de unos seres humanos, hombres o mujeres, sobre otros. Somos agua. Agua que piensa, llora, ríe y…se evapora, se transforma en hielo o se funde en ríos, mares y océanos. Y si se nos enfada, anegamos tierras, propiedades y tiranos. No soy de nadie. Nadie me pertenece. Agua de carne. Vaho de Dios. Nieve negra.
No sé si la ministra del PSOE cuando empleó el genérico hijo se refería solo a los varones. Ignoro también si cuando pronunció “padres” entendía solo de los que mostramos pene y testículos o también de las mujeres. Quiero entender a esta intelectual vasca de apellido gallego. Creo que al pronunciar hijos abarcó niños y niñas, y que al vocalizar “padres”, señores y señoras. Punto. No empleó lo inclusivo, tan de moda entre la izquierda que parece, pero nunca ha sido.
Los hijos, desde Platón, en la Esparta de Leonidas, tan admirada por los nacionalsocialistas, son del Estado. En las escuelas se esculpen como hombres y mujeres para servir al Estado. A las izquierdas españoles no les ha importado tanto la economía; solo se enfadan cuando les tocan sus leyes de Educación. Eso sí, nunca se atrevieron a eliminar la enseñanza concertada. ¿Por qué?
Proselitismo de los docentes para que los pequeños y las pequeñas crezcan de acuerdo a una ideología: todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado. Totalitarismo. Ya no quedan estados fascistas: la II Guerra Mundial acabó con el fascio italiano. El nacionalsocialismo no fue fascismo. Sí permanecen estados comunistas. Uno consolidado, Cuba; otro monárquico, Corea del Norte, y, finalmente, en tránsito, el de Venezuela. China es un sistema capitalista, administrado por comunistas. No se permite la discrepancia. Todos los días hay que dar de comer a 1.400 millones de personas, pertenecientes a 52 etnias. No confundir con “racialidad”, neologismo de esa feminista Irene Montero, amante de la igualdad entre mujeres. No sé sabe si los hombres podemos ser, en el futuro, también iguales entre nosotros o iguales a las damas.
En verdad, el Estado lo es todo. Las economías europeas funcionen merced al Estado, que es la empresa que más empleados, funcionarios, posee; que da más trabajo, que mueve más dinero. No existe ningún Estado liberal. Ni los USA. Trump subió los aranceles para proteger a sus empresas.
Hoy, San Antón, festividad de los animales, leí un artículo de Luis Felipe Delgado de Castro, maestro de la palabra, orfebre de las oraciones, doncel de la sintaxis, sobre los canes de su vida. Confieso que me emocionó hasta derramar unas lagrimitas, que, a mi edad, huelen a perfume viejo. Después de la lectura, escuché lo de la ministra de Educación. Y pensé en los dos perros de mi amigo y en el mío, Zorba, que ya tiene 10 años, se va haciendo ancianito. Y reflexioné: Las mascotas nos tienen a nosotros, no nos pertenecen, no son nuestras. Yo soy de mi can, como Luis Felipe es de Yaco. Nos aman sin ninguna razón. No nos quieren por lo que tenemos, sino porque estamos y somos. Recogemos sus excrementos. Les damos de comer. Nos preocupan sus dolencias. Nos estremecen sus miradas. Se nos quiebra el alma cuando se nos van al polvo. Ellos también lloran. Zorba entendió la muerte de mi padre. Se tumbó junto a la silla de ruedas de Antonio de Ávila Comín el día que se nos murió. No fue al entierro. Es un perro blanco, pero el luto se le salía por sus ojos. Lágrimas negras.
Los totalitarios, cuando tomen el Estado, nos quitarán los canes, los gatos, porque creen que son propiedad, patrimonio de la burguesía, y el sistema político perfecto no admite la propiedad privada. Todo es del Estado, porque el Estado será Dios, hasta el aire que respiramos. Ignoran que nuestras mascotas no nos pertenecen, que nosotros, los mal considerados amos, formamos parte de su propiedad. Quizá expropiarán a Zorba y Yaco, y les quitarán a Luis Felipe y a un servidor.
Nosotros, los que amamos la libertad, no solo la propia, sino la de todos; los que amamos hasta el extremo de olvidarnos de nosotros mismos, de nuestro ego, nunca nos convertiremos en mascotas del Estado, jamás seremos la voz del amo, ni venderemos el alma por un mendrugo de pan. Quizá, algún día, no muy lejano, aullaremos palabras en las noches de luna llena, cuando el Hombre solo sea una mascota del Estado.
“Los hijos no pertenecen a los padres”. Aserto de la ministra de Educación, Isabel Celaa. Vale. No creo en la propiedad de unos seres humanos, hombres o mujeres, sobre otros. Somos agua. Agua que piensa, llora, ríe y…se evapora, se transforma en hielo o se funde en ríos, mares y océanos. Y si se nos enfada, anegamos tierras, propiedades y tiranos. No soy de nadie. Nadie me pertenece. Agua de carne. Vaho de Dios. Nieve negra.
No sé si la ministra del PSOE cuando empleó el genérico hijo se refería solo a los varones. Ignoro también si cuando pronunció “padres” entendía solo de los que mostramos pene y testículos o también de las mujeres. Quiero entender a esta intelectual vasca de apellido gallego. Creo que al pronunciar hijos abarcó niños y niñas, y que al vocalizar “padres”, señores y señoras. Punto. No empleó lo inclusivo, tan de moda entre la izquierda que parece, pero nunca ha sido.
Los hijos, desde Platón, en la Esparta de Leonidas, tan admirada por los nacionalsocialistas, son del Estado. En las escuelas se esculpen como hombres y mujeres para servir al Estado. A las izquierdas españoles no les ha importado tanto la economía; solo se enfadan cuando les tocan sus leyes de Educación. Eso sí, nunca se atrevieron a eliminar la enseñanza concertada. ¿Por qué?
Proselitismo de los docentes para que los pequeños y las pequeñas crezcan de acuerdo a una ideología: todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado. Totalitarismo. Ya no quedan estados fascistas: la II Guerra Mundial acabó con el fascio italiano. El nacionalsocialismo no fue fascismo. Sí permanecen estados comunistas. Uno consolidado, Cuba; otro monárquico, Corea del Norte, y, finalmente, en tránsito, el de Venezuela. China es un sistema capitalista, administrado por comunistas. No se permite la discrepancia. Todos los días hay que dar de comer a 1.400 millones de personas, pertenecientes a 52 etnias. No confundir con “racialidad”, neologismo de esa feminista Irene Montero, amante de la igualdad entre mujeres. No sé sabe si los hombres podemos ser, en el futuro, también iguales entre nosotros o iguales a las damas.
En verdad, el Estado lo es todo. Las economías europeas funcionen merced al Estado, que es la empresa que más empleados, funcionarios, posee; que da más trabajo, que mueve más dinero. No existe ningún Estado liberal. Ni los USA. Trump subió los aranceles para proteger a sus empresas.
Hoy, San Antón, festividad de los animales, leí un artículo de Luis Felipe Delgado de Castro, maestro de la palabra, orfebre de las oraciones, doncel de la sintaxis, sobre los canes de su vida. Confieso que me emocionó hasta derramar unas lagrimitas, que, a mi edad, huelen a perfume viejo. Después de la lectura, escuché lo de la ministra de Educación. Y pensé en los dos perros de mi amigo y en el mío, Zorba, que ya tiene 10 años, se va haciendo ancianito. Y reflexioné: Las mascotas nos tienen a nosotros, no nos pertenecen, no son nuestras. Yo soy de mi can, como Luis Felipe es de Yaco. Nos aman sin ninguna razón. No nos quieren por lo que tenemos, sino porque estamos y somos. Recogemos sus excrementos. Les damos de comer. Nos preocupan sus dolencias. Nos estremecen sus miradas. Se nos quiebra el alma cuando se nos van al polvo. Ellos también lloran. Zorba entendió la muerte de mi padre. Se tumbó junto a la silla de ruedas de Antonio de Ávila Comín el día que se nos murió. No fue al entierro. Es un perro blanco, pero el luto se le salía por sus ojos. Lágrimas negras.
Los totalitarios, cuando tomen el Estado, nos quitarán los canes, los gatos, porque creen que son propiedad, patrimonio de la burguesía, y el sistema político perfecto no admite la propiedad privada. Todo es del Estado, porque el Estado será Dios, hasta el aire que respiramos. Ignoran que nuestras mascotas no nos pertenecen, que nosotros, los mal considerados amos, formamos parte de su propiedad. Quizá expropiarán a Zorba y Yaco, y les quitarán a Luis Felipe y a un servidor.
Nosotros, los que amamos la libertad, no solo la propia, sino la de todos; los que amamos hasta el extremo de olvidarnos de nosotros mismos, de nuestro ego, nunca nos convertiremos en mascotas del Estado, jamás seremos la voz del amo, ni venderemos el alma por un mendrugo de pan. Quizá, algún día, no muy lejano, aullaremos palabras en las noches de luna llena, cuando el Hombre solo sea una mascota del Estado.















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