Emilia Casas
Domingo, 19 de Enero de 2020
LITERATURA

Quien calle otorga

[Img #34057]“El silencio incomoda. Yo suelo comprobarlo con bastante frecuencia cuando tengo la oportunidad de dirigirme a un grupo de personas en alguna conferencia. Si deliberadamente, y en medio de la charla, me quedo callada, como si hubiese olvidado qué es lo que quería decir y el silencio invade todo el espacio, observo que muchas de las personas presentes comienzan a mostrar ciertas señales de nerviosismo e inquietud. Algunas de ellas seguro estarían deseosas de ejercer de apuntadoras para ayudarme a enganchar con el hilo conductor. Sus manos y sus ojos les delatan. Otras desvían su mirada hacia cualquier sitio, encontrando en el camino otros hombros que con perplejidad suben y bajan inconscientemente. En algunas ocasiones, ese silencio resulta tan estridente que hasta se intenta romper con un colectivo aplauso reconciliador”. Han de comprender que el silencio no está vacío nunca; es el más fuerte de los sonidos, pero el más difícil de oír, comprender y explicar. Las grandes relaciones surgen en nuestra vida gracias a la complicidad del silencio, gracias a entender que el mío y el tuyo son igual de importantes.

Admiro a la gente que calla cuando sobran sus palabras. No a quien lo hace por instinto de supervivencia. Y mucho menos al que viste de neutralidad intelectual su silencio cómplice y cobarde. Al primero lo respeto. Al segundo, lo desprecio casi tanto como al que no sabe lo que dice.

Hablando materializas tus pensamientos en palabras con el objetivo de que tus interlocutores te entiendan, y eso puede hacerte aprender. Sin embargo, el aprendizaje de escuchar, ver y analizar lo que ocurre a tu alrededor es mucho mayor, tanto a corto como a largo plazo. Hay personas calladas que suelen pasar desapercibidas. Que prefieren no derrochar su tiempo en explicar algo que el resto no entendería, por lo que prefieren guardárselo para ellos mismos. “Es importante saber que este estilo de personalidad esconde sus tesoros y sus bellezas en las profundidades y es ahí donde se halla su incomensurable belleza”. No se sienten cómodas siendo el centro de atención. No son el satélite de nadie y prefieren orbitar en espacios privados, a veces hasta solitarios; necesitan recuperar la energía y la claridad cuando el mundo les satura con sus estímulos, sus voces, sus prisas y sus rumores.

Emilia Casas Fernández 

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