RES PÚBLICA
España: un debate político entre clases medias
![[Img #34143]](http://eldiadezamora.es/upload/images/01_2020/6467_el-yo.jpg)
Me divierten estos combates dialécticos entre los hijos de la pequeña burguesía, la de izquierdas, la que se cree progresista, y la que no es de ni derechas, ni medio pensionista, ni nada; la que está pero no es. Ahora, en este estético año 2020, España, en quiebra moral y política, vive un combate estúpido entre los que se creen los buenos y los que piensan que son inferiores moralmente. Mientras, los intelectuales guardan silencio.
Solo percibo dos formas de ser en la administración de la res pública: o se ama el totalitarismo, como comunistas y fascistas, más y más Estado, incluso hasta convertir a los grillos y mariposas en funcionarios, o se requiere menos Estado, excepción de cuestiones como la Sanidad, la Educación, con importante papel de la pública, y una privada, dotada con becas para las clases más humildes, con el objetivo de que puedan acceder a universidades como las que rigen los jesuitas; Policía Nacional y Municipal y Ejército. Todo ello bajo la supervisión de la Ley, de la Carta Magna, de la Constitución. El que trasgreda las normas fundamentales, ante la Justicia.
Como se sabe, el Estado es el enemigo. También lo fue para Marx. El genio de Tréveris profetizó que desaparecía, una vez eliminada la burguesía, cuando no existiesen las clases. Sucedió todo lo contrario. El Estado se fortaleció al máximo en los regímenes comunistas. Una elite, la nomenklatura, se aprovechó del aparato coercitivo y cultural para imponerse al pueblo, que siguió siendo pobre. Solo progresaron los miembros del partido, también purgados cuando interesó al líder. El resto, mano de obra, como en los estados capitalistas, pero sin sindicatos, ni elecciones, ni la posibilidad de emigrar para buscarte la vida.
En las democracias occidentales, puestas en marcha por la burguesía, producto de la Revolución Francesa, también fallida, tras el Terror Jacobino y la reacción Thermidoriana, las izquierdas, sus políticos, hijos de la burguesía intelectual; docencia, profesiones liberales, adoptaron el rol de revolucionarios, de ejecutores de la teoría marxista, que nunca construyó el edificio del régimen socialista, solo describió su caída. También se equivocó en la profecía. Pero era socialismo científico. Criterios de falsabilidad. Popper. Los bolcheviques, como sabe cualquier persona instruida, salvo Stalin, procedían de las clases medias altas y, en algún caso, de la aristocracia. Bakunin, gran enemigo de Marx, fue un noble ruso.
Como digo, los partidos de izquierdas españoles, carentes de un intelectual con proyección mundial, dirigidos por hijos de las clases medias, más arriba o más abajo, han querido dirigir los gruesos batallones populares. La retórica y la demagogia siempre cuajen entre un pueblo sin instrucción. Ojo. Conozco muchos licenciados, más en periodismo, profundamente analfabetos. Las carreras de Ciencias son otra cosa.
La democracia española, la que construyeron los franquistas y el PCE, con el PSOE, inexistente durante la Dictadura, amamantando por los dólares USA y los marcos de la Alemania Federal, fue, desde su origen, una guerra, incruenta, salvo los asesinatos de la ETA, banda marxista, pergeñada en el sacerdocio racista vasco, católico y nacionalista, un oxímoron religioso y político, entre las clases medias nacionales, unas con mayor carga ideológica, las de las izquierdas, y otras que no sabían lo que eran, si herederos del franquismo, lo que les causaba vergüenza, o liberales, desconocidos por estos pagos.
La que podríamos considerar derecha nacional llegó al poder, casi de milagro, tras la corrupción felipista, remedada en provincias, como fue nuestra caso, en Zamora, en la Diputación, y autonomías por el PP o CiU. Aznar no exhibió otra filosofía para combatir la pretendida superioridad de la izquierda, aburguesada, moral y ética, ni tampoco cultural. Los conservadores españoles son pragmáticos. No pierden el tiempo en la elaboración de propuestas para debatir, de tú a tú, con socialistas y comunistas. Reparan los rotos, los sietes, dejados, verbigracia, en el traje del Estado por los González y Zapatero, y tratan de que los empresarios españoles ganen dinero, empleen a más trabajadores y que las multinacionales se sientan atraídas para invertir en España.
Como esta derecha que no quiere ser derecha, que se avergüenza, también se corrompió, más a título individual que colectivo, porque el dirigente del PP va a lo suyo, mientras que los socialistas van a los de todos, a los que son cercanos a las cúpulas del PSOE, surgió el 15-M: protesta generalizada de clases medias, con un objetivo: transformar nuestra democracia, derrotada por el PSOE, primer corruptor, gran masturbador del sistema, y del PP, su partido siamés, ambos al servicio del gran capital internacional, de Europa y USA.
Y con aquel movimiento popular, apareció Pablo Iglesias, el más listo de la clase, para capitalizar la crítica al sistema, a la casta. De ahí, favorecido por cadenas de la televisión ultraconservadora, para después potenciado por la Sexta, propiedad de un multimillonario trotskista –otro oxímoron- y la ínclita Soraya, asaltar la democracia, pero para quedarse dentro del sistema, del régimen, de la jerarquía.
El hombre que quería acabar con la propiedad, convertido en propietario; el político que llegó para depurar a la casta, liderándola. Ahora, intentará llevar la teoría a la praxis. Antes aprenderá lo que es el imperativo categórico kantiano. Después, esculpirá el mármol de la Justicia a su estilo, y la enseñanza pública a su manera. El Estado lo es todo. El Estado será Dios. Lo apunto Lenin. No va más. Habrá que cabalgar las contradicciones. No pasa nada. Los medios de comunicación son progres. Y, si no lo son, se les nacionaliza. Todos dan pérdidas, menos las televisiones, el abrevadero del que come el pueblo estabulado.
Eugenio-Jesús de Ávila
![[Img #34143]](http://eldiadezamora.es/upload/images/01_2020/6467_el-yo.jpg)
Me divierten estos combates dialécticos entre los hijos de la pequeña burguesía, la de izquierdas, la que se cree progresista, y la que no es de ni derechas, ni medio pensionista, ni nada; la que está pero no es. Ahora, en este estético año 2020, España, en quiebra moral y política, vive un combate estúpido entre los que se creen los buenos y los que piensan que son inferiores moralmente. Mientras, los intelectuales guardan silencio.
Solo percibo dos formas de ser en la administración de la res pública: o se ama el totalitarismo, como comunistas y fascistas, más y más Estado, incluso hasta convertir a los grillos y mariposas en funcionarios, o se requiere menos Estado, excepción de cuestiones como la Sanidad, la Educación, con importante papel de la pública, y una privada, dotada con becas para las clases más humildes, con el objetivo de que puedan acceder a universidades como las que rigen los jesuitas; Policía Nacional y Municipal y Ejército. Todo ello bajo la supervisión de la Ley, de la Carta Magna, de la Constitución. El que trasgreda las normas fundamentales, ante la Justicia.
Como se sabe, el Estado es el enemigo. También lo fue para Marx. El genio de Tréveris profetizó que desaparecía, una vez eliminada la burguesía, cuando no existiesen las clases. Sucedió todo lo contrario. El Estado se fortaleció al máximo en los regímenes comunistas. Una elite, la nomenklatura, se aprovechó del aparato coercitivo y cultural para imponerse al pueblo, que siguió siendo pobre. Solo progresaron los miembros del partido, también purgados cuando interesó al líder. El resto, mano de obra, como en los estados capitalistas, pero sin sindicatos, ni elecciones, ni la posibilidad de emigrar para buscarte la vida.
En las democracias occidentales, puestas en marcha por la burguesía, producto de la Revolución Francesa, también fallida, tras el Terror Jacobino y la reacción Thermidoriana, las izquierdas, sus políticos, hijos de la burguesía intelectual; docencia, profesiones liberales, adoptaron el rol de revolucionarios, de ejecutores de la teoría marxista, que nunca construyó el edificio del régimen socialista, solo describió su caída. También se equivocó en la profecía. Pero era socialismo científico. Criterios de falsabilidad. Popper. Los bolcheviques, como sabe cualquier persona instruida, salvo Stalin, procedían de las clases medias altas y, en algún caso, de la aristocracia. Bakunin, gran enemigo de Marx, fue un noble ruso.
Como digo, los partidos de izquierdas españoles, carentes de un intelectual con proyección mundial, dirigidos por hijos de las clases medias, más arriba o más abajo, han querido dirigir los gruesos batallones populares. La retórica y la demagogia siempre cuajen entre un pueblo sin instrucción. Ojo. Conozco muchos licenciados, más en periodismo, profundamente analfabetos. Las carreras de Ciencias son otra cosa.
La democracia española, la que construyeron los franquistas y el PCE, con el PSOE, inexistente durante la Dictadura, amamantando por los dólares USA y los marcos de la Alemania Federal, fue, desde su origen, una guerra, incruenta, salvo los asesinatos de la ETA, banda marxista, pergeñada en el sacerdocio racista vasco, católico y nacionalista, un oxímoron religioso y político, entre las clases medias nacionales, unas con mayor carga ideológica, las de las izquierdas, y otras que no sabían lo que eran, si herederos del franquismo, lo que les causaba vergüenza, o liberales, desconocidos por estos pagos.
La que podríamos considerar derecha nacional llegó al poder, casi de milagro, tras la corrupción felipista, remedada en provincias, como fue nuestra caso, en Zamora, en la Diputación, y autonomías por el PP o CiU. Aznar no exhibió otra filosofía para combatir la pretendida superioridad de la izquierda, aburguesada, moral y ética, ni tampoco cultural. Los conservadores españoles son pragmáticos. No pierden el tiempo en la elaboración de propuestas para debatir, de tú a tú, con socialistas y comunistas. Reparan los rotos, los sietes, dejados, verbigracia, en el traje del Estado por los González y Zapatero, y tratan de que los empresarios españoles ganen dinero, empleen a más trabajadores y que las multinacionales se sientan atraídas para invertir en España.
Como esta derecha que no quiere ser derecha, que se avergüenza, también se corrompió, más a título individual que colectivo, porque el dirigente del PP va a lo suyo, mientras que los socialistas van a los de todos, a los que son cercanos a las cúpulas del PSOE, surgió el 15-M: protesta generalizada de clases medias, con un objetivo: transformar nuestra democracia, derrotada por el PSOE, primer corruptor, gran masturbador del sistema, y del PP, su partido siamés, ambos al servicio del gran capital internacional, de Europa y USA.
Y con aquel movimiento popular, apareció Pablo Iglesias, el más listo de la clase, para capitalizar la crítica al sistema, a la casta. De ahí, favorecido por cadenas de la televisión ultraconservadora, para después potenciado por la Sexta, propiedad de un multimillonario trotskista –otro oxímoron- y la ínclita Soraya, asaltar la democracia, pero para quedarse dentro del sistema, del régimen, de la jerarquía.
El hombre que quería acabar con la propiedad, convertido en propietario; el político que llegó para depurar a la casta, liderándola. Ahora, intentará llevar la teoría a la praxis. Antes aprenderá lo que es el imperativo categórico kantiano. Después, esculpirá el mármol de la Justicia a su estilo, y la enseñanza pública a su manera. El Estado lo es todo. El Estado será Dios. Lo apunto Lenin. No va más. Habrá que cabalgar las contradicciones. No pasa nada. Los medios de comunicación son progres. Y, si no lo son, se les nacionaliza. Todos dan pérdidas, menos las televisiones, el abrevadero del que come el pueblo estabulado.
Eugenio-Jesús de Ávila


















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.35