NOCTURNOS
Pensemos menos y gocemos más
![[Img #34390]](http://eldiadezamora.es/upload/images/01_2020/2046_bgg.jpg)
Amo con mi carne y con mi alma, que son idénticas, mi ser. No existen diferencias. El placer lo disfruta mi esencia por completo. Cuando mi cuerpo se funde con el de una mujer, mi alma también conoce el nirvana. Torturar tu carne, como piden ciertas religiones, supone maltratar tu alma. Cuando mi físico se deteriore tanto que acuda la muerte a su cita irrenunciable, todo lo que he sido dejará de ser. No se elevará mi espíritu al cielo prometido, ni al infierno como castigo. No quedará de mí más que memoria entre las personas que me amaron.
Mientras llega mi finiquito, pensaré menos, no me plantearé profundos problemas filosóficos, viviré para el placer, para huir del dolor, para gozar y hacer feliz a quién me desee y así lo anhele. No esperes de mí planteamientos superiores sobre la existencia de Dios o qué es el amor, donde reside la pasión, ni que prometa fidelidad hasta que la muerte nos separe. No haré el mal a nadie. Y, si es posible, favoreceré a las buenas personas y adoraré a las damas que me amen. Pero, mi primer amor, no el único, seré yo. ¿Egoísta? En absoluto. ¡Cómo amarte más que a mí si cualquier día eliges dejarme cuando más te desee, adore, idolatre!
Me alejaré de quién se encuentre en potencia de perjudicarme, de hacerme sufrir, de causarme un profundo daño. Solo pretenderé militar en el hedonismo: si me quieren, querré como esa dama merece. Si me olvidan, me quedaré sin memoria. No tengo edad para hacer sufrir a mi alma y mi carne, que no son dos partes de mi ser, sino mi misma vida. Ambas amaran al unísono, las dos morirán juntas y para siempre. Pasaré. Fui.
Pensaré menos y gozaré más.
Eugenio-Jesús de Ávila
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Amo con mi carne y con mi alma, que son idénticas, mi ser. No existen diferencias. El placer lo disfruta mi esencia por completo. Cuando mi cuerpo se funde con el de una mujer, mi alma también conoce el nirvana. Torturar tu carne, como piden ciertas religiones, supone maltratar tu alma. Cuando mi físico se deteriore tanto que acuda la muerte a su cita irrenunciable, todo lo que he sido dejará de ser. No se elevará mi espíritu al cielo prometido, ni al infierno como castigo. No quedará de mí más que memoria entre las personas que me amaron.
Mientras llega mi finiquito, pensaré menos, no me plantearé profundos problemas filosóficos, viviré para el placer, para huir del dolor, para gozar y hacer feliz a quién me desee y así lo anhele. No esperes de mí planteamientos superiores sobre la existencia de Dios o qué es el amor, donde reside la pasión, ni que prometa fidelidad hasta que la muerte nos separe. No haré el mal a nadie. Y, si es posible, favoreceré a las buenas personas y adoraré a las damas que me amen. Pero, mi primer amor, no el único, seré yo. ¿Egoísta? En absoluto. ¡Cómo amarte más que a mí si cualquier día eliges dejarme cuando más te desee, adore, idolatre!
Me alejaré de quién se encuentre en potencia de perjudicarme, de hacerme sufrir, de causarme un profundo daño. Solo pretenderé militar en el hedonismo: si me quieren, querré como esa dama merece. Si me olvidan, me quedaré sin memoria. No tengo edad para hacer sufrir a mi alma y mi carne, que no son dos partes de mi ser, sino mi misma vida. Ambas amaran al unísono, las dos morirán juntas y para siempre. Pasaré. Fui.
Pensaré menos y gozaré más.
Eugenio-Jesús de Ávila
















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