Redacción
Lunes, 27 de Enero de 2020
ÓSCAR DE PRADA

Lecturas de ayer para hoy

[Img #34431]

La mente es como la marea: trae desde el pasado las cosas más inverosímiles y en el momento justo, no por ello el más ideal. El pasado lunes, al ver la fecha en el calendario, algo se encendió en mi memoria. Busqué cualquier referencia en esa biblioteca mental que a veces consulto, al estilo de Klaus Baudelaire en "Una serie de catastróficas desdichas de Lemony Snicket" (2004), y finalmente di con la tecla. Un libro infantil de la serie azul de la editorial Edelvives, tiempo atrás desaparecido de mi estantería, titulado "Antía y los michinales".

 

Al repasarlo, constaté por qué me había venido a la memoria. Su trama está situada en un Madrid futurista (Madrid-Alfa), a principios de 2020. Picado por la curiosidad, busqué entre líneas cómo imaginaba la autora -Carmen Delgado- que sería esa ciudad y las diferencias con nuestra realidad actual. Sin llegar a los extremos de la película muda "Metrópolis" (1927), presenta el choque entre una sociedad embebida en sus pantallas y una niña, Antía, cuya principal ilusión es ser escritora. Todo un reto al haber desaparecido las librerías y las clases de Literatura, en beneficio de los juegos de ordenador y las lecciones sobre informática.

 

Es cierto que la electrónica no ha sustituido a las campanadas de Año Nuevo en la Puerta del Sol. Tampoco han desaparecido las mascotas de los hogares, de hecho se las privilegia como en el antiguo Egipto -por ejemplo- se veneraba a los gatos. No hay aún electrotaxis, ni carteros automáticos de voz metálica, ni enfermeras o guardias robot. Ni siquiera un G.O. (Gran Ordenador), que en este relato se encarga de controlar todos los aspectos de la población -cuánto trabajan, cómo se desplazan, lo que comen, por qué viven... Un dictador hecho de luces, microchips y cables, encerrado en su gran fortaleza.

 

La historia especula con esa posibilidad de perder los relatos y personajes clásicos, a costa de centrar toda nuestra atención en los avances tecnológicos. Sin dejar de ser un relato para niños, presenta muy a las claras en qué podría ir a parar una civilización que se olvida de sus primeros pasos y sólo se preocupa de seguir avanzando. Sin importar el coste material, cultural o humano, sólo en busca de un reconocimiento que quizás no sea tan digno de elogio como se cree. Siempre he creído que ser progre no es sinónimo de garantizar el progreso. Como "La Gozadera" de Marc Anthony, este Gobierno me lo confirmó.

Quizás también te interese...

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.