Redacción
Miércoles, 29 de Enero de 2020
OPINIÓN

¿Y aquí qué había?

Óscar de Prada López

[Img #34508]Hay una viñeta de Quino que ilustra de forma clarividente cuál es la moraleja a extraer de ese esperpento oriental, llamado procés. En ella se ve cómo dos cavernícolas de un poblado primitivo, donde todos tienen la misma apariencia y viven en casas idénticas, disputan en plena plaza con los mismos argumentos: "¡Ustedes no ser nada aquí! ¡Porque ustedes no representar al pueblo!".

 

A medida que alzan la voz, se van sumando más miembros a uno y otro oponente -todos con porras y ganas de camorra, zambra, riña, bronca, pelea o lo que sea. Sigue la jugada y los dos rivales exclaman: "¡Los únicos que representar aquí al pueblo ser nosotros!". Aquí elevan el tono y siguen erre que erre, copiándose el discurso mientras todo el villorrio está de uno u otro lado de la discusión. Su réplica, de nuevo al unísono, no tiene desperdicio: "¿Ustedes? ¡Mentira! ¡Aquí el pueblo estar con nosotros porque nosotros ser el pueblo!".

 

Como ninguno da su brazo a torcer para no dar la razón al contrario, deciden torcérselo mutuamente y ambos bandos levantan sus armas -otra muestra de sinrazón- para calentarse con una somanta de palos. Mientras tanto, los que prendieron la chispa sellan el despropósito con una frase harto populista: "¡¡Jáh!! ¡¡Nosotros demostrar quién ser aquí más pueblo!!". Como colofón, siglos después, un autobús de turistas visita las ruinas de ese poblado. Una mujer pregunta al guía: "¿Y aquí qué había?", a lo que éste responde: "Un pueblo". Consideren, deduzcan y concluyan.

 

El independentismo sacó sus conclusiones tiempo atrás, seguramente no las correctas ni las deseables. Ya ha evidenciado que, como la utópica república catalanaria, su imagen de unidad es pura fachada. Del mismo modo ha demostrado no representar lo mejor de Cataluña. Ni de lejos. Y aun así, con tal de seguir viviendo del cuento, no dudarán en lucir falsas sonrisas y apretones de manos mientras se apuñalan por la espalda. Tarde lo que tarde su circo en concluir, sólo busca un final resumido en un enfrentamiento fratricida. Un duelo entre el Joker y Pennywise no despertaría tanta expectación como el careo entre Torra y Torrent. Cuando la dedocracia salta -conforme a la lógica- por los aires, la resiliencia de los necios es puesta a prueba.

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