RES PÚBLICA
¿De qué se puede hablar con un secesionista catalán?
Pedro Sánchez, actual presidente del Gobierno, último rehén español de La Moncloa, se reunió en Barcelona, con el actual presidente de la Generalidad, Quim Torra, ese tipo que, en un artículo titulado “La lengua y las bestias”, se refería a los que hablamos la lengua de Cervantes, Quevedo, Picasso, Azaña, como bestias. El líder del socialismo español habla de diálogo, de continuarlo. Y un servidor ignora de qué se tratará en ese continuo diálogo con los secesionistas catalanes. Quizá de que el Barça gane nueve ligas en cada década, y la otra se la otorgue al Real Madrid, el otro club del Estado, privilegiado siempre. Pudiera ser también que en ese diálogo se llegue a la determinación de que Barcelona se convierta en la capital de Confederación de Naciones Ibéricas.
No sé de qué más se puede hablar con los enemigos confesos de la nación española, la más antigua de Europa. Verbigracia: que todo ciudadano catalán de pura raza no pague impuestos; de que el resto de los españoles paguemos sus pensiones; de que Cataluña se convierta en un paraíso fiscal; de que el 80%, por dar un porcentaje, de las inversiones del Estado se destinen a aquellas cuatro provincias; que los españoles solo nos alimentemos, pintemos, maquillemos, limpiemos el polvo de los muebles, retiremos los restos de otros polvos más íntimos,; que conduzcamos solo automóviles fabricados en Cataluña…
Y, para rizar el rizo, para que la raza catalana se crea elegida de Dios, que las misas se digan en catalán, que recemos en el idioma de Prat de la Riva y blasfememos en castellano; que nos confesemos con curas nacionalistas en su idioma, que impongan, además, mayor penitencia a los nacidos en Albacete, Soria o Huelva, que a los que la cigüeña dejó en Gerona, Tarragona, Lérida y Barcelona; que comamos “butifarra amb mongetes” y “fricando”; cenemos “escalivada” y de postres “mel i mató” o “panellets”.
Se da por hecho, que no se aplicará el Código Penal con los golpistas y que Junqueras y demás secesionistas saldrán en libertad antes de pajaricos nuevos. Nada que decir al respecto.
Si no es por no ir. Si hay que ir, se va. Pero ir “pa na”. Si no es por no hablar. Si hay que hablar, se habla. Pero si es hablar por hablar para nada…Por cierto, en qué idioma. ¿Necesitará Pedro Sánchez, nuestro presidente de Gobierno, traducción simultánea?
Decía Molière aquello de que “es, por desgracia, en los sujetos de pocos alcances, hablar mucho para no decir nada”. No escribiré ni una palabra más…por hoy, por si acaso.
Eugenio-Jesús de Ávila
Pedro Sánchez, actual presidente del Gobierno, último rehén español de La Moncloa, se reunió en Barcelona, con el actual presidente de la Generalidad, Quim Torra, ese tipo que, en un artículo titulado “La lengua y las bestias”, se refería a los que hablamos la lengua de Cervantes, Quevedo, Picasso, Azaña, como bestias. El líder del socialismo español habla de diálogo, de continuarlo. Y un servidor ignora de qué se tratará en ese continuo diálogo con los secesionistas catalanes. Quizá de que el Barça gane nueve ligas en cada década, y la otra se la otorgue al Real Madrid, el otro club del Estado, privilegiado siempre. Pudiera ser también que en ese diálogo se llegue a la determinación de que Barcelona se convierta en la capital de Confederación de Naciones Ibéricas.
No sé de qué más se puede hablar con los enemigos confesos de la nación española, la más antigua de Europa. Verbigracia: que todo ciudadano catalán de pura raza no pague impuestos; de que el resto de los españoles paguemos sus pensiones; de que Cataluña se convierta en un paraíso fiscal; de que el 80%, por dar un porcentaje, de las inversiones del Estado se destinen a aquellas cuatro provincias; que los españoles solo nos alimentemos, pintemos, maquillemos, limpiemos el polvo de los muebles, retiremos los restos de otros polvos más íntimos,; que conduzcamos solo automóviles fabricados en Cataluña…
Y, para rizar el rizo, para que la raza catalana se crea elegida de Dios, que las misas se digan en catalán, que recemos en el idioma de Prat de la Riva y blasfememos en castellano; que nos confesemos con curas nacionalistas en su idioma, que impongan, además, mayor penitencia a los nacidos en Albacete, Soria o Huelva, que a los que la cigüeña dejó en Gerona, Tarragona, Lérida y Barcelona; que comamos “butifarra amb mongetes” y “fricando”; cenemos “escalivada” y de postres “mel i mató” o “panellets”.
Se da por hecho, que no se aplicará el Código Penal con los golpistas y que Junqueras y demás secesionistas saldrán en libertad antes de pajaricos nuevos. Nada que decir al respecto.
Si no es por no ir. Si hay que ir, se va. Pero ir “pa na”. Si no es por no hablar. Si hay que hablar, se habla. Pero si es hablar por hablar para nada…Por cierto, en qué idioma. ¿Necesitará Pedro Sánchez, nuestro presidente de Gobierno, traducción simultánea?
Decía Molière aquello de que “es, por desgracia, en los sujetos de pocos alcances, hablar mucho para no decir nada”. No escribiré ni una palabra más…por hoy, por si acaso.
Eugenio-Jesús de Ávila





















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