Eugenio de Ávila
Miércoles, 12 de Febrero de 2020
NOCTURNOS

Por qué amé

Nunca me acerté a explicar por qué amé, ni mucho menos por qué me amaron. ¿Amé? Cuando quise a una mujer me mostré exaltado, fanático, volcánico. Convertí la pasión en mi ideología erótica. Enloquecí mirando los ojos a esa dama que amé. Encontré en su forma de caminar inspiración para versificar. Hallé en sus gestos, motivo para el deleite. Me olvidé de quién era, queriéndola.

 

Cuando llega el fin de cualquier historia de amor, lloro lágrimas secas sobre la almohada de la impotencia. Me vacío. Dejo que el alma se seque al sol del tiempo. Guardo después el nombre, el olor, la voz, la belleza de mi amante en el archivo de la memoria.

 

Ella fue. Yo soy todavía. Seré. Volveré a amar. Regreso al amor, porque, si no amo, me muero más deprisa, como si viviera por inercia. Existo porque me enamoro. No hay vida si no amas. Solo los ególatras saben vivir amándose a sí mismos. No necesitan amar, solo ser amados. El lírico guarda tanto amor en su alma que reventaría si no lo entregase, por completo, con pasión infinita, a otra persona. No obstante, preguntaré a la mujer de mi vida por qué me amo. Yo no me hubiera querido tanto si hubiera sido una dama.

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