NOCTURNOS
San Valentín: el Día del amor cursi
![[Img #35212]](http://eldiadezamora.es/upload/images/02_2020/8306_divina.jpg)
San Valentín, Día de los Enamorados, una de las fiestas más cursis que celebra nuestra sociedad. Yo, lo confieso, amo a una mujer. Pero ni le regaló rosas, ni claveles, ni otras flores de invernadero; ni tampoco joyas, ni perfumes. Solo le obsequio palabras, porque en cada letra esculpo un beso. No necesito celebrar San Valentín, porque festejo el amor todos los días de mi vida. ¿Cómo? Con ternura, caricias, sonrisas, debates, paseos, pasión, compañía. Y si a mi pareja le asalta la adversidad, le corroe la pena, la estrangula la melancolía, le prestaré el néctar de mi alma, la escucharé, la rodearé de pasión, argumentaré mil y una razones para que arroje la tristeza a la zahúrda del tiempo.
Amo a una mujer cada segundo de mi vida. No la sueño. Pero ella es realidad. Cuando me espera la soledad en mi lecho de nubes, dibujo su hermoso rostro en mi cerebro para sentirla a mi vera, al otro lado de la cariñosa almohada. Al alba, la busco en la primera luz que atraviesa mi balcón para acostarse entre mis sábanas y mis pestañas. Y, cuando su presencia se muestra esquiva, guardo silencio para recordar su voz, sus gestos, su elegancia, su mirada. Creo que la amo más cuando se ausenta que cuando respiro el aroma de su piel a 15 centímetros de mis pulmones.
No. No celebro San Valentín. El amor, el que penetra por las venas del alma hasta llegar a la última célula de tu cuerpo, el de verdad, nunca termina, se prolonga hasta más allá de la muerte. Desde que la amo, creí más en mí, odié menos, disfruté de cada segundo de mi vida, de cada palabra que esculpo, de cada sonrisa que se columpia entre mis labios.Amo con tanta pasión que me duele. El dolor del inmenso placer de querer a otra persona más que a ti mismo, tanto que me olvido de mí.
Te amo tanto, Carlota, y apenas te veo.
Eugenio-Jesús de Ávila
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San Valentín, Día de los Enamorados, una de las fiestas más cursis que celebra nuestra sociedad. Yo, lo confieso, amo a una mujer. Pero ni le regaló rosas, ni claveles, ni otras flores de invernadero; ni tampoco joyas, ni perfumes. Solo le obsequio palabras, porque en cada letra esculpo un beso. No necesito celebrar San Valentín, porque festejo el amor todos los días de mi vida. ¿Cómo? Con ternura, caricias, sonrisas, debates, paseos, pasión, compañía. Y si a mi pareja le asalta la adversidad, le corroe la pena, la estrangula la melancolía, le prestaré el néctar de mi alma, la escucharé, la rodearé de pasión, argumentaré mil y una razones para que arroje la tristeza a la zahúrda del tiempo.
Amo a una mujer cada segundo de mi vida. No la sueño. Pero ella es realidad. Cuando me espera la soledad en mi lecho de nubes, dibujo su hermoso rostro en mi cerebro para sentirla a mi vera, al otro lado de la cariñosa almohada. Al alba, la busco en la primera luz que atraviesa mi balcón para acostarse entre mis sábanas y mis pestañas. Y, cuando su presencia se muestra esquiva, guardo silencio para recordar su voz, sus gestos, su elegancia, su mirada. Creo que la amo más cuando se ausenta que cuando respiro el aroma de su piel a 15 centímetros de mis pulmones.
No. No celebro San Valentín. El amor, el que penetra por las venas del alma hasta llegar a la última célula de tu cuerpo, el de verdad, nunca termina, se prolonga hasta más allá de la muerte. Desde que la amo, creí más en mí, odié menos, disfruté de cada segundo de mi vida, de cada palabra que esculpo, de cada sonrisa que se columpia entre mis labios.Amo con tanta pasión que me duele. El dolor del inmenso placer de querer a otra persona más que a ti mismo, tanto que me olvido de mí.
Te amo tanto, Carlota, y apenas te veo.
Eugenio-Jesús de Ávila
















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