Eugenio de Ávila
Sábado, 15 de Febrero de 2020
NOCTURNOS

Pensar sobre el amor después de San Valentín

[Img #35238]Quizá San Valentín sirva reflexionar sobre el amor, ese sentimiento tan extraño, que tantas veces confundimos con su antítesis del egoísmo. Digo, sin más circunloquios, que yo no he amado porque me amasen. Coincidió, en raras ocasiones, que amé a quién me amó. Y he amado sin saber por qué. Quizá ahora, en estos años de sobra de mi vida, quiero una mujer por sus virtudes: inteligencia, cultura, elegancia, simpatía, bondad, más su innegable belleza.

Entiendo que, si quisiéramos de verdad, como yo entiendo el amor, nos quebraría el alma y quebrantaría el cuerpo que nuestra pareja, la mujer o el hombre que amamos, nos confesara que quiere a otra persona; pero, en virtud de nuestro inmenso amor por ella o él, asumiríamos nuestra derrota y dejaríamos partir a la o al que tanto amamos.

Ahora bien, si se diera esa circunstancia, ingrata, dura de digerir, dudo que nuestra actitud gozase de moderación y templanza, más bien responderíamos con indignación, traducida en insultos, si no en agresión física -si se trata de un varón ofendido-, y toda suerte de advertencias y sermones, y preguntas, reiteradas,  sin respuesta: ¿Por qué a mí? ¿Qué te he hecho para que me abandones? ¿Por qué ahora, cuando éramos felices? ¿Qué te ha dado él, o ella, para dejar de amarme? En fin.

Admito, aunque nunca lo he vivido, que, si te dejan por otra persona, la reacción más humana, la generalizada, sea desde violenta hasta depresiva. Somos, esencialmente, seres egoístas, que nos amamos a nosotros mismos más que a nadie. No incluyo el amor materno, ni filial, que generan otros sentimientos muy distintos.

Necesitamos y exigimos, excepción hecha de individuos enfermos, que nos quieran, que nos adoren, hasta convertirnos en el centro de la vida de nuestra pareja. Y quizá no merezcamos que nos amen con tan brutal intensidad.  Al respecto, me he sentido muy amado por mujeres hermosas, inteligentes, cultas y formas de ser muy diferentes. Pero, a día de hoy, todavía no sé por qué me amaron. Ni tampoco, por qué concluyeron esas hermosas historias de amor y erotismo, de pasión y sexo. Sí  asumo que mantener relaciones prohibidas por la iglesia y por la sociedad, siendo casado o libre, causa quebrantos y traumas, con finales destructivos, dolorosos, corrosivos. Sí, lo confieso, me encanta transgredir y vulnerar las normas de la buena sociedad. Pero casi siempre dañé e hice sufrir. El amor suele doler, cuando es intenso, cuando va de dentro hacia afuera.

Hay tantas reflexiones que hacer sobre el amor, sentimiento finito,  que convertiría este artículo en interminable. Prefiero hablar con la mujer que amo sobre sus sentimientos y los míos.

Eugenio-Jesús de Ávila

 

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