Emilia Casas
Sábado, 07 de Marzo de 2020
LITERATURA

Tu propio brillo eclipsa

[Img #35966]La envidia hace sufrir a mucha gente, especialmente a quien la experimenta en su propio ser, a quien sufre por el bien ajeno y no puede alegrarse por los logros de los demás, a quien siente en el éxito del otro el propio fracaso. Miguel de Unamuno escribió que “la envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual”. El narcisismo postmoderno y la autorreferencialidad en la que muchos viven hoy, sumado a los ideales impuestos por la sociedad de consumo, muchas veces inalcanzables para una amplia mayoría, colabora con la creación de un ambiente cultural donde es más fácil que se produzcan sentimientos de este tipo. La frase atribuida a Napoleón Bonaparte acerca de que la envidia es una declaración implícita de inferioridad, es lo suficientemente clara. El envidioso nunca está feliz por el bien propio, porque siempre ve como una desgracia para sí el bien ajeno. Por ello, quien te envidia, comienza a tejer una red de actitudes clara y abiertamente en tu contra: críticas o comentarios descalificadores o incluso injuriando al otro.

Mucho se escucha hablar sobre la envidia, pero ¿se sabe realmente que es? ¿Por qué una persona envidia? ¿Cuál es el mecanismo que provoca que alguien sienta malestar ante el bienestar y los triunfos –de cualquier tipo-, de otra persona? Como con tantos otros aspectos de nuestra personalidad, la semilla de la envidia se siembra durante la infancia. Cuando el niño empieza a tener las primeras relaciones sociales con su entorno –familia, amigos, escuela-, ocurre que a veces, se siente amenazado con respecto a perder lo que tiene a manos de los demás, y si no logra enfocar adecuadamente este sentimiento de desprotección acerca de posesión, crece carente de la confianza necesaria para entender que todas las personas son poseedoras de aspectos positivos que otras no tienen; lo cual es absolutamente normal y no encierra peligro alguno para él. El problema radica en que si nadie le transmite o enseña la confianza que da el entendimiento de saber que ninguna persona es mejor que él por el hecho de poseer algo distinto, “crecerá condicionado” por su propio autoconcepto y su baja autoestima, dedicando toda su energía en el deseo de posesión de lo que los otros tienen en lugar de dedicarse a cumplir sus propios objetivos.

Entre los valores más envidiados suelen encontrarse las capacidades intelectuales, las habilidades, el prestigio, el reconocimiento, el estatus ocupacional, el poder y las posesiones materiales. Las inercias y energías competitivas que desencadena la envidia en la edad adulta, siempre estarán mejor empleadas cuando se utilizan en la mejora de uno mismo. Admirar la calidad humana y las virtudes de otros es fuente de motivación para construir una vida en constante superación y crecimiento personal. Una adecuada información y educación desde la infancia sobre la envidia y sus dolorosas consecuencias debería ser una buena manera de empezar a combatirla.

© Emilia Casas Fernández

 

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