DEPORTISTA EXTRAORDINARIO
Iñaki Gómez, una leyenda de nuestro deporte, deja el balonmano
El extraordinario jugador, historia de nuestro deporte, tras 19 años en las canchas, decide abandonar la competición al concluir esta temporada
Iñaqui Gómez se jubila del balonmano. Con él se irá la historia más brillante de este duro deporte en nuestra ciudad y provincia. Gómez todavía es joven, pero, cuando empezó a jugar, todavía era un niño. Su carácter, su fuerza, su carisma reflejan las virtudes de un equipo, que, con diferentes patrocinadores, escribió una de las más hermosas páginas de nuestro deporte.
Hombre sencillo, sincero, sin aristas, jamás se dio importancia. Otro podría haberse convertido en un “fantasma”; él, por el contrario, quedará como ejemplo de deportista íntegro, de persona formal, de buena gente para cualquier chaval de la cantera que quiera jugar algún día en la ASOBAL.
Recuerdo que, cuando el balonmano zamorano no era nada, él ya estaba allí. Jamás, sospecho, imaginó que jugaría en una de las ligas más importantes del balonmano español. Pero jugó en la elite; se midió a campeones del mundo, a jugadores internacionales, a estrellas del balonmano. Y no perdió su personalidad. Se enfrentó a los mejores con idéntica gallardía que cuando jugaba en competiciones menores. Iñaqui Gómez representa lo mejor del deporte. No necesito emplear más palabras para expresar mi admiración por este extraordinario deportista y persona.
Eugenio-Jesús de Ávila
Iñaqui Gómez se jubila del balonmano. Con él se irá la historia más brillante de este duro deporte en nuestra ciudad y provincia. Gómez todavía es joven, pero, cuando empezó a jugar, todavía era un niño. Su carácter, su fuerza, su carisma reflejan las virtudes de un equipo, que, con diferentes patrocinadores, escribió una de las más hermosas páginas de nuestro deporte.
Hombre sencillo, sincero, sin aristas, jamás se dio importancia. Otro podría haberse convertido en un “fantasma”; él, por el contrario, quedará como ejemplo de deportista íntegro, de persona formal, de buena gente para cualquier chaval de la cantera que quiera jugar algún día en la ASOBAL.
Recuerdo que, cuando el balonmano zamorano no era nada, él ya estaba allí. Jamás, sospecho, imaginó que jugaría en una de las ligas más importantes del balonmano español. Pero jugó en la elite; se midió a campeones del mundo, a jugadores internacionales, a estrellas del balonmano. Y no perdió su personalidad. Se enfrentó a los mejores con idéntica gallardía que cuando jugaba en competiciones menores. Iñaqui Gómez representa lo mejor del deporte. No necesito emplear más palabras para expresar mi admiración por este extraordinario deportista y persona.
Eugenio-Jesús de Ávila


















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