Redacción
Miércoles, 11 de Marzo de 2020
OPINIÓN

11M

Óscar de Prada López

[Img #36087]Hay veces en que uno desea seguir el ejemplo de aquella canción de Chicho Sánchez Ferlosio: "Una cosa hay bien segura, hoy no me levanto yo. Tengo sábanas y manta, buena almohada y buen colchón (...) No siento molestia alguna ni tampoco desazón (...) aquí estoy en la gloria y hoy no me levanto yo (...)". Incluso en estos tiempos revueltos de desvergüenza e hiprogresía, esta canción sonaría subversiva a oídos de los profetas anticasta: "Aunque vengan Gobierno y oposición, la televisión y prensa (...) y los propios comunistas me envíen su excomunión (...) hoy no me levanto yo".

 

Cuento esto al hilo de esta crisis del coronavirus, que a algunos tiene ya hasta la coronilla y sin haberles contagiado del miedo ni la paranoia colectiva. Igual podrían haber dedicado más tiempo a recordar, en estas semanas previas, que hoy cumplimos dieciséis años de un día negro para la historia de España. Tan funesto como para otros es el recuerdo del 18 de julio, el 1 de octubre o el 14 de abril. Si la Historia nos recuerda algo, es que siempre puede repetirse. Con otros actores, otra situación, otro calendario, otras circunstancias... pero con la misma huella presentida de degeneración inconfesable.

 

Es paradójico que algo tan pequeño pueda causar algo tan grande como lo visto hasta ahora: cierre de colegios, demanda exorbitante de mascarillas y geles desinfectantes, aislamiento a cal y canto, colapso de llamadas a servicios de salud, agobio social, monopolio informativo hasta el hartazgo... El desmadre padre. Si los europeos del siglo XIV -que sufrían en sus carnes la peste o la lepra o el cólera- pudieran vernos, fijo que nos propinarían unas cuantas galletas. Sabedores que el pánico sigue pavimentando el camino de males y malos mayores, negándonos vivir como se quiere y obligándonos a vivir como se puede.

 

Abierta la veda del sálvese quien pueda, no está de más recordar que a todos se nos recuerda por lo que dejamos atrás. Y a fe que el legado de Sánchez supondrá un embolado tal, que pocos toreros lo envidiarán. Algo merecedor de la damnatio memoriae o "condena de la memoria", con la que antiguamente Roma eliminaba todo recuerdo de un mal gobernante. Curiosamente, este Gobierno se esfuerza en aplicarlo al franquismo mientras trabaja por la apoteosis de la época republicana. Puede que no siempre el vencedor escriba la historia, después de todo. Pero edificar no equivale a deificar y, al cabo, deberíamos condenar lo aborrecible sin perderlo de vista. Simplemente para procurar que no resurja de sus cenizas.

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