Eugenio de Ávila
Miércoles, 11 de Marzo de 2020
SOCIEDAD

El coronavirus evidencia cual manipulable es nuestra sociedad

La salud colectiva siempre estará por encima de la celebración de nuestra Semana Santa

 

Un servidor cree, una cuestión de fe, que este virus, apellidado corona, ha desnudado a nuestra sociedad, la dejó en cueros, me ha demostrado que formamos parte de un rebaño al que los pastores, la prensa, en cualquiera de sus manifestaciones, televisión, emisoras, periódicos y digitales, conducen a dónde quieren, nos alimentan de miedo, nos acojonan. Han convertido un virus menos grave que el de la gripe, que causó 6.300 muertes en el año 2019-, pero mucho más contagioso, en una especie de castigo bíblico. No voy a negar que hubo gente que se murió, pero fueron personas lastimadas por otras enfermedades más graves, mayores. Si usted -que el virus olvide- y yo, sin graves dolencias, somos seducidos por el coronavirus, nos subirá la fiebre, no nos levantaremos del lecho en ocho días y después quedaremos otra semana machacados, muy débiles. El problema, para mí, consiste en que soy un empresario autónomo, como todos mis compañeros, maltratado por los sucesivos gobiernos de la nación.

 

Sí, caro lector, formamos parte de una especie a la que se pastorea sin dificultad; que digiere mejor la mentira que la verdad, que cree en Dios, pero a su manera; pero solo se acuerda de que existe en momentos claves de su vida y que sabe que se va a morir, pero vive como si fuera eterno. El político, que también es humano, aunque, a veces, se nos olvide, conoce cómo embaucar a la gente, engañarla con promesas que nunca cumplirá, camelarla con sonrisas, con demagogia barata, con coronavirus para olvidar sus carencias, los graves problemas del Estado, del nuestro, de la Unión Europea, del sistema capitalista y más aún de la economía de mercado socialista china, donde se iniciaron las cuitas que ahora amenazan con desmoronar nuestras economías.

 

Afectará esta enfermedad, este miedo inyectado en el alma colectiva, a muchos pequeños empresarios, a trabajadores, a ancianos, a casi todo el mundo. Nuestra ciudad, si el virus continúa propagándose y la prensa asustando y, en determinadas ocasiones, desinformando, quedará muy tocada si, para nuestra desgracia, se suspende la Semana Santa, nuestra bandera turística y social, aunque nunca las procesiones solucionaron nuestros graves problemas económicos estructurales. No obstante, asumiré que la Pasión zamorana se suspenda. No soy tan cretino como para desafiar al Estado, a la sanidad pública, a la cordura en defensa de nuestras procesiones y hermandades. Solo un desahogado, un jeta, un meapilas, un badulaque puede anteponer unos desfiles procesionales, por maravillosos que se consideren, a la salud. Habrá más semanas santas en próximos años, porque los no creyentes de ahora también cargan con grupos escultóricos y se cubren el rostro con caperuz. Y, en el futuro, los historiadores analizarán lo que sucedió en Zamora antes y después del coronavirus de 2020.

 

En fin. Dentro del contexto de esta pandemia, sigo escribiendo. Suelo ser mal pensado, porque en esta sociedad en quiebra moral, se suele acertar. Podría ser una boutade, pero recuerdo que, no ha mucho tiempo, hubo una crisis comercial extraordinaria entre la mayor potencia tecnológica de la Humanidad, Estados Unidos, y la mayor potencia demográfica del orbe; también el problema de la telefonía móvil 5G, que parecía dominar la empresa china Huawei. Y me pregunto: ¿Este virus podría ser una estrategia diseñada en esta nueva forma de una III Guerra Mundial, incruenta, pero decisiva para dominar el orbe en esta centuria? No lo sé. Soy un pobre periodista de la provincia más depauperada de España, en la que ayer se registró el primer caso de un hombre, que ya padecía un cáncer, afectado por el coronavirus. Y se registrarán nuevos pacientes contagiados por este mal. Y morirá más gente, pero nunca tanta como para acojonarnos, para que asistamos al apocalipsis de  San Juan.

 

Eugenio-Jesús de Ávila

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