Nélida del Estal Sastre
Jueves, 12 de Marzo de 2020
EROTISMO

Esa caricia...

[Img #36160] Recuerdo perfectamente el olor de tu piel, una mezcla entre cuero envejecido con clase, mezclado con ámbar y cedro. Me volvía loca olerte, saber que ese aroma me esperaba a pocos metros de distancia, antes de abrazarte, antes incluso, de verte, de sentirte. Paladeaba ese aroma (curiosa sinestesia que padezco desde siempre, mezclando aromas, con sabores, con vivencias y personas) desde el quicio de mi ventana al mar y mis hombros crecían al igual que mis senos, para aspirarte en la enorme distancia que separaba tu morada de la mía. La tuya, en el centro de la urbe, la mía, al lado de la playa con olor a salitre. Un día, en el mercado de abastos nos cruzamos. No nos conocíamos de nada, pero nos reconocimos en nuestros respectivos olores. Fue algo de meigas, que haberlas, hailas. Me miraste, más bien, me clavaste los ojos en mi cara, me perturbaste para siempre en un solo instante.

Caminamos de manera paralela hacia los pasillos que separan los puestos del mercado y van a dar a un callejón estrecho, lleno de cajas pero vacío de gente. Llegamos, me asiste por la cintura y me besaste con una pasión inusitada. Sólo después de solazarte con mis labios, pasaste directo a mi pecho y, algo más tarde, cuando ya el aturdimiento y la excitación eran totales, me rebasaste de nuevo la comisura de los labios para mordisquear mi oído derecho. Me dijiste entre gemidos un “te como, te adoro y no te conozco” que no se me olvidará jamás. Y era cierto, no te conocía de nada, pero te deseaba tanto que hubiera vendido mi alma al diablo para yacer a tu lado para siempre. Me mesaste el cabello, aspiraste mi perfume y me prometiste acordarte de mi nombre y de mi olor aunque no volviéramos a vernos jamás. Me hiciste el amor dulce, pero intensamente. Quedaste prendado de mí y yo de ti.

Prometimos volver a vernos, ya en otras circunstancias para poder dar lo mejor de nosotros mismos. Así lo hicimos. Siempre a escondidas, entre risas y gemidos, entre amor y humor, entre caricias y besos húmedos. Me quisiste, te quise, aún hoy nos queremos y creo que siempre seremos el uno del otro, pero por puro deleite y disfrute de los sentidos. Porque somos carne de la misma carne, latido del mismo corazón que no sabe bombear a gusto y de manera rítmica si no es junto al otro. Nos veremos de nuevo, una y mil veces, a escondidas, para alimentarnos el uno del otro hasta que no quede mundo, hasta que no queden caricias.

 Nélida L. del Estal Sastre

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