LITERATURA
Leer en un placer único e irrenunciable
La magia de la literatura radica en que nos hace (al menos por un rato) libres. Es el elixir que existe para ayudarnos a vivir con un poco más de sabiduría y bondad. Rendir culto al cuerpo está en boga, pero ¿y dedicar tiempo al cultivo de la mente? Cada vez parece más difícil encontrarle un hueco a la lectura. El tiempo pasa entre el trabajo, navegar por internet, hacer deporte o salir con los amigos. Pero ¿cuándo hay tiempo para leer?
Muchos libros fueron la clave del desarrollo de algunos acontecimientos históricos y ahora, en momentos de incertidumbre y crisis, la lectura debería adquirir protagonismo. No sólo es más empático quien lee, sino también mejor orador. Como dijo Cicerón, “a hablar no se aprende hablando, sino leyendo” y, de la lectura de los primeros jeroglíficos esculpidos en piedra a la de la tinta de los pergaminos, o a la lectura digital, el hábito lector ha discurrido de la mano de la historia de la humanidad. Los primeros que leyeron con avidez fueron los griegos, aunque fuesen sus esclavos quienes narraban en voz alta los textos a sus amos. Siglos más tarde, la lectura se volvió una actividad silenciosa y personal; se comenzó a leer hacia el interior del alma.
Los escritores (salvo excepciones) somos solitarios por vocación y necesidad. A veces pienso que la prueba no es tanto el talento, que no es tan raro como la gente cree, sino el propósito o la vocación, que se manifiesta en parte como la habilidad para soportar mucha soledad y seguir trabajando. Pero, antes que escritor, se es lector. “Hay que leer con intensidad, despacio, con cuidado, viviendo la vida de las palabras”. Para mí los libros son el manual de instrucciones del mundo. Leo, para refugiarme en otra realidad cuando la que tengo delante no me gusta. Leo, para aprender y mejorar el domino de la lengua sobre un montón de temas. Se puede leer como entretenimiento o como una herramienta para comprender el mundo o a nosotros mismos. Crease o no, la lectura frecuente logra modificar la estructura de nuestro cerebro, creando y reforzando nuevas conexiones; ademas de que crea nuevos patrones de pensamiento. Esto da a la experiencia de la lectura una sublimidad y un poder inigualable por ninguna otra forma de comunicación. Quienes se mantienen mentalmente en forma a lo largo de su vida, corren menos riesgo de padecer alzheimer, parkinson o enfermedades cardiovasculares.
En el tiempo en que vivimos las personas han olvidado como mantener el cuerpo relajado y ser pacientes. Leer es la medicina perfecta para bajar los niveles de estrés siempre y cuando se haga a conciencia y con regularidad. Además es divertido y fácil. Incrementa nuestra capacidad de comprensión, de solucionar problemas y de detectar patrones. También mejora la inteligencia emocional (incluyendo la empatía). Sin contar que “el acto de leer forma parte del acto de vivir”. © Emilia Casas Fernández.
La magia de la literatura radica en que nos hace (al menos por un rato) libres. Es el elixir que existe para ayudarnos a vivir con un poco más de sabiduría y bondad. Rendir culto al cuerpo está en boga, pero ¿y dedicar tiempo al cultivo de la mente? Cada vez parece más difícil encontrarle un hueco a la lectura. El tiempo pasa entre el trabajo, navegar por internet, hacer deporte o salir con los amigos. Pero ¿cuándo hay tiempo para leer?
Muchos libros fueron la clave del desarrollo de algunos acontecimientos históricos y ahora, en momentos de incertidumbre y crisis, la lectura debería adquirir protagonismo. No sólo es más empático quien lee, sino también mejor orador. Como dijo Cicerón, “a hablar no se aprende hablando, sino leyendo” y, de la lectura de los primeros jeroglíficos esculpidos en piedra a la de la tinta de los pergaminos, o a la lectura digital, el hábito lector ha discurrido de la mano de la historia de la humanidad. Los primeros que leyeron con avidez fueron los griegos, aunque fuesen sus esclavos quienes narraban en voz alta los textos a sus amos. Siglos más tarde, la lectura se volvió una actividad silenciosa y personal; se comenzó a leer hacia el interior del alma.
Los escritores (salvo excepciones) somos solitarios por vocación y necesidad. A veces pienso que la prueba no es tanto el talento, que no es tan raro como la gente cree, sino el propósito o la vocación, que se manifiesta en parte como la habilidad para soportar mucha soledad y seguir trabajando. Pero, antes que escritor, se es lector. “Hay que leer con intensidad, despacio, con cuidado, viviendo la vida de las palabras”. Para mí los libros son el manual de instrucciones del mundo. Leo, para refugiarme en otra realidad cuando la que tengo delante no me gusta. Leo, para aprender y mejorar el domino de la lengua sobre un montón de temas. Se puede leer como entretenimiento o como una herramienta para comprender el mundo o a nosotros mismos. Crease o no, la lectura frecuente logra modificar la estructura de nuestro cerebro, creando y reforzando nuevas conexiones; ademas de que crea nuevos patrones de pensamiento. Esto da a la experiencia de la lectura una sublimidad y un poder inigualable por ninguna otra forma de comunicación. Quienes se mantienen mentalmente en forma a lo largo de su vida, corren menos riesgo de padecer alzheimer, parkinson o enfermedades cardiovasculares.
En el tiempo en que vivimos las personas han olvidado como mantener el cuerpo relajado y ser pacientes. Leer es la medicina perfecta para bajar los niveles de estrés siempre y cuando se haga a conciencia y con regularidad. Además es divertido y fácil. Incrementa nuestra capacidad de comprensión, de solucionar problemas y de detectar patrones. También mejora la inteligencia emocional (incluyendo la empatía). Sin contar que “el acto de leer forma parte del acto de vivir”. © Emilia Casas Fernández.




















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