NOCTURNOS
Volveré a amarte
Podrías pensar que este no es tiempo para amar, que hay que evitar al coronavirus para volver a amar, que esto es un interregno entre el amor y la pasión, un alto en el camino hacia el placer. Sí, no nos podemos ver, pero yo puedo sentirte, porque cada una de estas palabras surgen de mi necesidad de ti, de que tu ausencia me duele, de que no te huelo, de que no te acaricio, de que no percibo tu divina presencia. Pero sí sé que, cuando regrese la cordura a nuestra sociedad, volveré a respirar tu piel, a escuchar el sonido de tu sonrisa, enamorada de tus labios; a oír tu voz, deleite para mi cerebro, a deleitarme con tu forma de andar, con la elegancia que descubre tu alma sobre tu cuerpo.
No, mujer, no te he olvidado durante estos días en Estado de Alarma, porque el estado de mi alma te ha confinado en mi memoria. No te dejo escapar, no te permito que salgas de mis adentros, de mis células, de mis glóbulos rojos y blancos. Tu bello rostro, tus muslos eternos y la suavidad de tu epidermis me confortan en estos momentos de soledad encarcelada, cuando te busco y te encuentro en la alcoba de mi esencia.
Eugenio-Jesús de Ávila
Podrías pensar que este no es tiempo para amar, que hay que evitar al coronavirus para volver a amar, que esto es un interregno entre el amor y la pasión, un alto en el camino hacia el placer. Sí, no nos podemos ver, pero yo puedo sentirte, porque cada una de estas palabras surgen de mi necesidad de ti, de que tu ausencia me duele, de que no te huelo, de que no te acaricio, de que no percibo tu divina presencia. Pero sí sé que, cuando regrese la cordura a nuestra sociedad, volveré a respirar tu piel, a escuchar el sonido de tu sonrisa, enamorada de tus labios; a oír tu voz, deleite para mi cerebro, a deleitarme con tu forma de andar, con la elegancia que descubre tu alma sobre tu cuerpo.
No, mujer, no te he olvidado durante estos días en Estado de Alarma, porque el estado de mi alma te ha confinado en mi memoria. No te dejo escapar, no te permito que salgas de mis adentros, de mis células, de mis glóbulos rojos y blancos. Tu bello rostro, tus muslos eternos y la suavidad de tu epidermis me confortan en estos momentos de soledad encarcelada, cuando te busco y te encuentro en la alcoba de mi esencia.
Eugenio-Jesús de Ávila


















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