Redacción
Miércoles, 18 de Marzo de 2020
OPINIÓN

Consideraciones cuaresmales

Óscar de Prada López

[Img #36407]Hallándonos en Cuaresma y ante el confinamiento colectivo que vivimos, deseo hoy animar a mis lectores a ver con otros ojos este encierro sin pañoletas ni toros ni carreras. No por falta de material mediático –que sólo provoca cefaleas– sino por desahogo y caridad. En todas las épocas ha habido personajes que han pasado por un estado de soledad absoluta, al que seguramente no veían ni fin ni finalidad. A este respecto, las Sagradas Escrituras ofrecen un útil repertorio de situaciones en las que también tocó aislarse con vistas a un bien mayor.

 

Consideremos, si no, la historia de Noé y su familia en el arca. A merced de las olas, sin contar con nociones mínimas de navegación ni Internet, encerrados con una selección de fauna silvestre, mientras un diluvio de 40 días y 40 noches arrasaba todo el mundo conocido. Es de imaginar que escucharon sonidos estremecedores, que pudieron sentirse culpables por haber sobrevivido y otros no, que discutieron entre sí, que llegaron a sentir hastío de aquel retiro flotante e incluso deseos de terminar con todo. ¿Les suena? Al cabo, nunca mejor dicho, las aguas volvieron a su cauce. De aquel "crucero" salieron a pisar con deleite tierra firme, tal como muchos esperamos volver a pasear. Sin angustia ni remordimiento.

 

O por ejemplo, otro ejemplo: la última plaga en Egipto, previa al éxodo. Los israelitas recluidos y los dinteles de sus casas tintos en sangre de cordero, a fin de esquivar la mano exterminadora. Advertidos por Moisés, cumplieron con las prescripciones encomendadas y no formaron parte de ese clamor que corrió por el país de los faraones. Sólo fue una noche pero representó su paso de la esclavitud a la libertad, siglos después de afincarse a la sombra de las pirámides. Algo digno de ser recordado, generación tras generación. Como las consecuencias de esta crisis, que supondrán todo un sambenito para la coalición progre per saecula saeculorum. Y contra eso, no hay CIS o cortina de humo que valga.

 

No quiero olvidar tampoco la cobardía de los Once, cuando mantenían cerradas las puertas a cal y canto por miedo a los judíos y -aun así- el Maestro hizo acto de presencia. Como nosotros hoy ante el coronavirus. Hacer de nuestra celda un universo no está al alcance de cualquiera; de ahí la importancia de asumir que se puede ser libre, pese a las restricciones del mundo. Porque la libertad está en todo lo que te da alas y te permite ser feliz, teniendo más en común con el espíritu que con la cárcel mística del cuerpo. Así que ya saben. A puertas selladas, almas abiertas.

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