Eugenio de Ávila
Jueves, 19 de Marzo de 2020
COVID 19

El coronavirus me ha enseñado que no soy nadie sin el prójimo

[Img #36500]No soy un loco, ni tampoco un genio, aunque mi primer nombre lo dé a entender. Colijo que te necesito, que sin vosotros, sin ti, sin aquel, si ese, e incluso sin ese enemigo que todos tenemos, que nos envidia por múltiples razones, entre otras, que querrían ser como nosotros. Durante estos días de confinamiento, echo de menos mis charlas con Enrique Onís, la jovencita redactora  Irene y los chicos de la publicidad, Óscar y Eduardo. Y el café de media mañana, con el churrito de rigor, en el Malú, donde tan bien se nos trata, y la presencia, cuando puede, de Juanmi Colino, el perfecto conocedor de la vida zamorana. Y, al concluir el trabajo diario, tertulias con los amigos, de las que siempre saco alguna enseñanza. Y echo de menos el ruido de las calles, las voces de la gente, el tráfico, el saludo con conocidos, o cruzarme con mujeres hermosas.

No soy nadie sin ti, aunque seas un canalla, un tipejo, un político canalla, un periodista pelota, fauna que tanto abunda en esta ciudad en decadencia, en declive, que quizá haya firmado su sentencia de muerte, si, debido a los especiales presupuestos de 2020, no se invierten 85 millones de euros en Monte La Reina, o si no se baja el precio del gasóleo agrícola, por poner dos ejemplos.

Y, aunque soy un ateo militante, pero no odio a la Iglesia, me encanta ver a las almas pías, entre las que cuento a mi madre, entrar, los domingos y fiestas de guardar, en la parroquia a escuchar misa, tres cuartos de hora de profundo aburrimiento, como confiesan los propios feligreses, que suelen elegir el templo donde menos dura el rito religioso.

Me disgusta ver mendigos en las calles. Pero, aunque parezca una boutade, también los echo de menos. No practico la caridad, porque alguien dijo que el hombre que da dinero al menesteroso, inventa al pobre. Pero ellos dan vida también a la ciudad, porque, si piden, habrá gente a la que le sobra. Y, en Zamora, en un futuro no muy lejano, a nadie nos quedarán unas monedas para dar al pobre.

Soy porque otros estáis ahí; soy porque existís. No sabría ser sin vosotros, como no sé vivir si no amo. Y si no hay una mujer que me seduzca por su belleza, por su aroma, por su piel, por su talento, por su elegancia, por su cultura, por su clase, no podré amar. Y si no amo, solo viviré por inercia.

Nos han confinado. Han roto nuestra sociedad. Uno, como individuo, sin el otro, se transforma en un monstruo. El hombre es un ser social. Hemos llegado hasta esta centuria porque nos unimos para progresar, avanzar y ser felices. No tenemos querencia por la colmena o el hormiguero, el comunismo irracional. Somos libres porque existen otros hombres libres.

Eugenio-Jesús de Ávila

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