Emilia Casas
Viernes, 20 de Marzo de 2020
LITERATURA

El arte de "escuchar"

[Img #36544]El cerebro sabe cosas que no sabemos y hace cosas sin consultarnos”. En ocasiones tomamos decisiones acertadas con muy pocos datos y de forma casi instantánea; un curioso fenómeno al que llamamos intuición. No es un don de pocos, ni un asunto de dotados ni menos aún, un asunto de género. Quiero decir que en mayor o menor medida, todos somos intuitivos. Todos llevamos una brújula interior que aunque no comprendamos del todo cómo funciona, está dispuesta a guiarnos en el difícil arte de navegar por nuestra propia vida.

Querer tener razón es la enfermedad crónica de la humanidad. Además, consume una gran cantidad de energía. En el fondo todos tenemos nuestra propia lógica. Lamentablemente todo pensamiento consciente, repetido durante un tiempo, se convierte en un programa mental invisible. Con el tiempo acumulamos opiniones y creencias que pasan a conformar lo que llamamos identidad construida o ego. Si alguien agrede esas posesiones mentales, en realidad es como si lanzara un ataque personal; porque confundimos “pensamiento e identidad”. No parece sensato confundir “lo que somos” con “lo que pensamos”, pero esto no lo tienen tan claro quienes se aferran a sus creencias con desesperación. Cuando una creencia nos domina, llegamos a pensar que todo el mundo piensa o debería pensar lo mismo. Pero hay opiniones para todos los gustos, la diversidad construye el mundo, y aunque parezca extraño, hay personas que creen cosas muy diferentes a las que nos parecen normales. “Aceptar” las ideas de otros es en realidad más sencillo de lo que parece. Basta con tener presente que “aceptarlas” no significa adoptarlas o validarlas (no significa estar de acuerdo). Es más bien “aceptar” que no entendemos a todo el mundo, ni que todo el mundo nos entenderá. Es más sencillo “aceptarlos” a ellos (aunque tal vez no sus ideas) porque no hacerlo complica la vida de todos.

Quienes quieren tener siempre la razón en el fondo sienten una gran inseguridad; por ello necesitan una constante afirmación sobre lo que dicen y piensan, es decir, sobre aquello que conforma su personalidad y auto-imagen. Tener la razón es el cimiento que necesitan para sentirse seguros sobre sí mismos. Escuchar con interés a las personas, aunque lo que digan esté en contra de la propia opinión, es la prueba máxima de la empatía, el respeto y la aceptación. © Emilia Casas Fernández.

 

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