Miércoles, 11 de Febrero de 2026

Eugenio de Ávila
Lunes, 23 de Marzo de 2020
REPÚBLICO

El coronavirus y las ideologías

[Img #36656]Resolver una pandemia como la que asola naciones del mundo civilizado radica en el talento, la inteligencia y la diligencia, nunca en una determinada ideología. Reconozco, no obstante, que cualquier dictadura, actualmente, en el orbe solo existen tiranías de izquierda, incluso monarquías comunistas, y teocracias, como la iraní, la que inyecta dinero a Podemos, poseen más posibilidades de aplicar las medidas que considera más idóneas para resolver un problema de enorme magnitud con el COVID-19.

Los acontecimientos que vive España, merced a esta pandemia, se deben no a que haya un gobierno socialcomunista, sino a esa orfandad de liderazgo, de hombres de Estado el actual ejecutivo. Cierto que la manifestación del 8M ha influido, sin duda, y nadie cabal lo podrá negar, en la propagación del fenómeno. Pero Rajoy o Casado tampoco se habrían atrevido a prohibir esa eclosión urbana del feminismo.

La deriva de los acontecimientos ha demostrado que el Gobierno tenía datos esenciales para parar al enemigo en forma de coronavirus. Pero su soberbia le impidió ejercer su labor. La Comunidad de Madrid se adelantó al ejecutivo central cuando ordenó cerrar todos los centros educativos. Pero, insisto, se trata de una cuestión de genio, de carácter, de carisma.

Cometería un grave error quien señalase a una determinada ideología de la expansión o resolución de un dilema insólito, desconocido; del enfrentamiento con un enemigo que no se muestra, que va de incógnito, que invade el campo de batalla, nuestro cuerpo, con suma discreción, y, cuando lo descubres, ha destruido casi todas tus fuerzas.

Que este doble Gobierno, esta especie de cancerbero de solo dos cabezas, ha cometido graves errores desde el génesis del conflicto con el coronavirus ya no lo dudan ni personas tan progresistas, tan de izquierdas como el escritor Javier Marías y como el periodista que creó el mejor El País de su historia, Juan Luis Cebrián. Que Pablo Iglesias ha demostrado ser más casta que nadie, al obviar la cuarentena que cualquier ciudadano debería realizado en sus circunstancias –esposa contagiada-, tampoco admite discusión; que las apariciones televisiones de Pedro Sánchez, pésimo actor, un Víctor Mature de la política que habla sin sentimiento, sin fuerza, sin transmisión, como un torero pega pases, lo han desnudado como potencial hombre de Estado.

Giremos la vista a la derecha. Vox, después de la metedura de pata del mitin de Vista Alegre, una especie de manifestación del 8M antifeminista, resultó herido de gravedad. Sus dos principales líderes tocados por el coronavirus. Por lo tanto, a guardar silencio durante una temporada.

Casado, que parece el bueno de la película, tampoco se muestra agresivo; como todos los líderes populares habidos y por haber, busca las tablas, como el toro manso; no quiere dar muestra de malo malote y apenas se le escucha en este tramo caótico de nuestra historia.

Inés  Arrimadas, embarazada, a punto de alumbrar una nueva vida en esta nación muerta, podría haber sido la dirigente que más partido hubiera sacado a este caos, pero todavía no sabe si es liberal o socialdemócrata.

Y, por últimos, los separatistas catalanes y vascos, para que el tuviera alguna duda, han evidenciado  su egoísmo, su sectarismo y su racismo desde la proclamación del Estado de Alarma. España, cuando concluya este dramático episodio de su historia, merece una catarsis política que purifique a todos los partidos nacionales, que lleve a los mejores a los gobiernos centrales y autonómicos y ponga en su sitio a doctrinas tan reaccionarias como las que todavía viven a cuenta del dinero de todos los españoles.

Quizá el coronavirus acabará ejerciendo el papel de ángel exterminador de los verdaderos enemigos del pueblo. Tiempo al tiempo.

Eugenio-Jesús de Ávila

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