REPÚBLICO
Hipocresía política
Durante buena parte de mi vida, cuando tenía fe en algo, leí, con profusión y cierto deleite, los Evangelios. Extraje de aquellas lecturas que Jesús solo condenó a los ricos y a los hipócritas. Ahora soy ateo, pero parte de las enseñanzas morales del Nuevo Testamento forma parte de mi particular escalara de valores.
Miembros de este antitético gobierno, formado por socialistas y comunistas, enemigos desde que Marx escribiera "El Capital" y Engels le otorgase cierto orden. Pues hete aquí que miembros de este ejecutivo, del PSOE y de Unidas Podemos, se han convertido en néctar de hipocresía, en elixir del fariseísmo. Me lo ha recordado esta pandemia y las reacciones de personajes como Pablo Iglesias que exige al pueblo, confinamiento, no salir a la calle, no relacionarse, lo que él no ha cumplido, una cuarentena, porque su señora se ha infectado. Su concurso sobra en este ejecutivo. En su casa burguesa, se hallaría en la gloria. El político que se afanó por comunicar su intención de vivir toda su vida en Vallecas... ¡Cómo creer a un político que cabalga en contradicciones como recibir dinero de Irán, teocracia, donde se ahorca a los homosexuales y se considera a la mujer como es propio en el Islam, ya sunita, bien chiita: inferior al hombre!
Pero también me indigna que una mujer feminista, defensora de la sanidad pública, como es la creadora del gran aserto de que el dinero público no es de nadie, Carmen Calvo, vicepresidenta, haya caído enferma y eligiese un centro privado para atenderla. Traduzco: defiende para el pueblo la pública, pero ella, que es elite, acude a la privada. Y no me vale que tuviera acceso a la privada en razón de su profesión, porque, para dar ejemplo, debería haber entrado en un hospital público, que en Madrid son extraordinarios, de los mejores de España. ¡Cómo podríamos definir esta actitud de la vicepresidenta! ¿Qué argumentos emplear para su defensa?
Y me olvido de Pedro Sánchez en este artículo sobre la hipocresía, porque el presidente no lo es. Su reino es el de la mentira, doctor en embustes y otros adjetivos similares; como lo fueron: Felipe González con los GAL; Mariano Rajoy con el asunto de Bárcenas; Aznar con el de las armas de Irak. y Zapatero, con aquello de que la tierra es del... viento. Nuestro presidente tiene mejor prensa, porque va de izquierdas, y en España solo se alcanza la gloria si eres progre, neocomunista o gilipollas.
Durante buena parte de mi vida, cuando tenía fe en algo, leí, con profusión y cierto deleite, los Evangelios. Extraje de aquellas lecturas que Jesús solo condenó a los ricos y a los hipócritas. Ahora soy ateo, pero parte de las enseñanzas morales del Nuevo Testamento forma parte de mi particular escalara de valores.
Miembros de este antitético gobierno, formado por socialistas y comunistas, enemigos desde que Marx escribiera "El Capital" y Engels le otorgase cierto orden. Pues hete aquí que miembros de este ejecutivo, del PSOE y de Unidas Podemos, se han convertido en néctar de hipocresía, en elixir del fariseísmo. Me lo ha recordado esta pandemia y las reacciones de personajes como Pablo Iglesias que exige al pueblo, confinamiento, no salir a la calle, no relacionarse, lo que él no ha cumplido, una cuarentena, porque su señora se ha infectado. Su concurso sobra en este ejecutivo. En su casa burguesa, se hallaría en la gloria. El político que se afanó por comunicar su intención de vivir toda su vida en Vallecas... ¡Cómo creer a un político que cabalga en contradicciones como recibir dinero de Irán, teocracia, donde se ahorca a los homosexuales y se considera a la mujer como es propio en el Islam, ya sunita, bien chiita: inferior al hombre!
Pero también me indigna que una mujer feminista, defensora de la sanidad pública, como es la creadora del gran aserto de que el dinero público no es de nadie, Carmen Calvo, vicepresidenta, haya caído enferma y eligiese un centro privado para atenderla. Traduzco: defiende para el pueblo la pública, pero ella, que es elite, acude a la privada. Y no me vale que tuviera acceso a la privada en razón de su profesión, porque, para dar ejemplo, debería haber entrado en un hospital público, que en Madrid son extraordinarios, de los mejores de España. ¡Cómo podríamos definir esta actitud de la vicepresidenta! ¿Qué argumentos emplear para su defensa?
Y me olvido de Pedro Sánchez en este artículo sobre la hipocresía, porque el presidente no lo es. Su reino es el de la mentira, doctor en embustes y otros adjetivos similares; como lo fueron: Felipe González con los GAL; Mariano Rajoy con el asunto de Bárcenas; Aznar con el de las armas de Irak. y Zapatero, con aquello de que la tierra es del... viento. Nuestro presidente tiene mejor prensa, porque va de izquierdas, y en España solo se alcanza la gloria si eres progre, neocomunista o gilipollas.





















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