REPÚBLICO
¿Qué porcentaje existe de “negativos no concluyentes?
Nuestros políticos, los zamoranos, más diligentes y capaces que los del Gobierno
Un nuevo día. Me despierto al alba. Me levanto del lecho vacío. Me miro al espejo. Cada día una nueva sutiliza en la piel y algún capricho en el cabello. Me tuneo. Desayuno. Me visto. Escucho la radio y me acojono. Salgo a la calle, acompañado con Zorba, ajeno a coronavirus. Para él solo existen árboles donde descargar su lluvia dorada. Pertrechado con un botellín de agua con detergente, la echo sobre los orines caninos. Muy poca gente. El miedo ha dejado, ¡por fin!, en sus viviendas a la gente especial, que pisaba las calles porque la solidaridad no iba con ella.
El contagio aumenta. Recibo noticias, ingratas, de amigas que laboran en el hospital “Virgen de la Concha”. Alguna de ellas, en peligro, porque su organismo podría sufrir con mayor intensidad esta infección. Y reflexiono. Y no veo un final a esta pandemia, porque nuestra nación carece de un hombre de Estado. Las autonomías se buscan la vida ante este ejecutivo anacrónico, que recibió información confidencial de que el enemigo se hallaba en la puerta de España, pero su soberbia e intereses políticos evitaron la toma de medidas drásticas desde el mes de febrero. A estas hora, 800 muertos. Segunda país tras Italia en letalidad. En el que más profesionales de la Sanidad han caído enfermos, más de 5.000, de momento; porque les faltaban materiales para evitar el contagio.
Ayer colectivos de médicos, de enfermeras y farmacéuticos criticaron a la dirección gubernamental que se ha hecho cargo la salud de la nación. Un hombre, un caballero, se muestra en la mesa y en el juego. Un gobierno, cualquiera, se distingue en momentos claves de la vida de su nación: guerras, derrumbes económicos y pandemias. El nuestro nos ha demostrado que solo se formó para la propaganda. La izquierda -ni el sanchismo ni el podemismo son ideologías progresistas-, desde su génesis, ganó la batalla de la comunicación, de vender mentiras como verdades ejemplares; de ocultar su pasado de golpes de estado, dictaduras terribles, genocidios y hambrunas, y glorificar su historia.
El ciudadano español se siente huérfano, porque no tiene un padre que lo oriente, un gobierno que lo dirija, que le anime, que le ofrezca confianza. Este padre putativo de los españoles improvisa, no cuenta la verdad, unas veces nos mete miedo y otras se hincha de vanidad con las decisiones que adopta. Y, como argumenté en anteriores artículos, su incapacidad para administrar una pandemia radica en su falta de talento, de carisma, de credibilidad, de liderazgo, no de una ideología, porque un servidor nunca sabrá cuál es la de este PSOE sanchista, partido que fue marxista en la república, revolucionario, nunca democrático; si se quiere, socialdemócrata con Felipe, e izquierdista con Zapatero.
Dos de los representantes más genuinos de la izquierda burguesa española, como Javier Marías y Juan Luis Cebrián, que perdió toda admiración para mí cuando su periódico, del que fui lector desde su primera edición hasta el año 1983, escondió las corrupciones del felipismo, las económicas y las del GAL, han denunciado la deriva de este Gobierno del presidente Sánchez. Los hinchas del socialismo patrio siguen defendiendo la actuación del ejecutivo, porque les guía el corazón, pero jamás el cerebro. Ciegos de ideología.
Un ejemplo del oscurantismo del Gobierno se evidencia en el análisis de la enfermedad que padece la señora Calvo, que arroja el siguiente resultado, al loro: “negativo no concluyente”. Parece una frase propia de la filosofía de Hegel o de Wittgenstein. Sería como estar embarazada a medias.
El poder se halla rodeado por el COVID 19: esposas de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, que se ha saltado a la torera –para eso luce coleta- la cuarentena que se le exige al pueblo llano, demostrando que es casta pura; otra ministra también se halla contagiada, familia cercana al presidente del Gobierno, la antes mencionada Carmen Calvo, una vice no concluyente. Miembros de este gobierno, en definitiva, no se creyeron lo anunciado por la OMS y otros organismos mundiales relacionados con la salud. Lógico, doctores en mentira, despreciaron la verdad.
Y, en mi Zamora, nuestros políticos, los que son pueblo, a los que vemos por la calle, demuestran más talento, celeridad en las medidas y capacidad de trabajo, que los jerarcas nacionales. Guarido y Requejo ya han reaccionado, desde este presente caótico, a un futuro inefable, en el que muchos autónomos, pequeños empresarios y trabajadores cerrarán sus negocios y se irán al paró, con directrices fiscales que alivien el presumible declive económico de muchos zamoranos. Tampoco me olvido de la labor de Ángel Blanco, subdelegado del Gobierno, y su secretario Iñaqui Gómez, ni de Clara San Damián, delegada de la Junta en Zamora, y la directora del Gabinete de Prensa, Celina, cuyas labores aplaudo por su diligencia y cercanía.
Un día más ni mis amigos, ni mi familia ni un servidor se han contagiado. Hemos evitado al coronavirus, de momento. Cuando todo pase, que así será, porque saldremos de este laberinto de la infección y de la distopía política, lo celebraremos como si hubiéramos nacido. Renacimiento en Zamora.
Eugenio-Jesús de Ávila
Un nuevo día. Me despierto al alba. Me levanto del lecho vacío. Me miro al espejo. Cada día una nueva sutiliza en la piel y algún capricho en el cabello. Me tuneo. Desayuno. Me visto. Escucho la radio y me acojono. Salgo a la calle, acompañado con Zorba, ajeno a coronavirus. Para él solo existen árboles donde descargar su lluvia dorada. Pertrechado con un botellín de agua con detergente, la echo sobre los orines caninos. Muy poca gente. El miedo ha dejado, ¡por fin!, en sus viviendas a la gente especial, que pisaba las calles porque la solidaridad no iba con ella.
El contagio aumenta. Recibo noticias, ingratas, de amigas que laboran en el hospital “Virgen de la Concha”. Alguna de ellas, en peligro, porque su organismo podría sufrir con mayor intensidad esta infección. Y reflexiono. Y no veo un final a esta pandemia, porque nuestra nación carece de un hombre de Estado. Las autonomías se buscan la vida ante este ejecutivo anacrónico, que recibió información confidencial de que el enemigo se hallaba en la puerta de España, pero su soberbia e intereses políticos evitaron la toma de medidas drásticas desde el mes de febrero. A estas hora, 800 muertos. Segunda país tras Italia en letalidad. En el que más profesionales de la Sanidad han caído enfermos, más de 5.000, de momento; porque les faltaban materiales para evitar el contagio.
Ayer colectivos de médicos, de enfermeras y farmacéuticos criticaron a la dirección gubernamental que se ha hecho cargo la salud de la nación. Un hombre, un caballero, se muestra en la mesa y en el juego. Un gobierno, cualquiera, se distingue en momentos claves de la vida de su nación: guerras, derrumbes económicos y pandemias. El nuestro nos ha demostrado que solo se formó para la propaganda. La izquierda -ni el sanchismo ni el podemismo son ideologías progresistas-, desde su génesis, ganó la batalla de la comunicación, de vender mentiras como verdades ejemplares; de ocultar su pasado de golpes de estado, dictaduras terribles, genocidios y hambrunas, y glorificar su historia.
El ciudadano español se siente huérfano, porque no tiene un padre que lo oriente, un gobierno que lo dirija, que le anime, que le ofrezca confianza. Este padre putativo de los españoles improvisa, no cuenta la verdad, unas veces nos mete miedo y otras se hincha de vanidad con las decisiones que adopta. Y, como argumenté en anteriores artículos, su incapacidad para administrar una pandemia radica en su falta de talento, de carisma, de credibilidad, de liderazgo, no de una ideología, porque un servidor nunca sabrá cuál es la de este PSOE sanchista, partido que fue marxista en la república, revolucionario, nunca democrático; si se quiere, socialdemócrata con Felipe, e izquierdista con Zapatero.
Dos de los representantes más genuinos de la izquierda burguesa española, como Javier Marías y Juan Luis Cebrián, que perdió toda admiración para mí cuando su periódico, del que fui lector desde su primera edición hasta el año 1983, escondió las corrupciones del felipismo, las económicas y las del GAL, han denunciado la deriva de este Gobierno del presidente Sánchez. Los hinchas del socialismo patrio siguen defendiendo la actuación del ejecutivo, porque les guía el corazón, pero jamás el cerebro. Ciegos de ideología.
Un ejemplo del oscurantismo del Gobierno se evidencia en el análisis de la enfermedad que padece la señora Calvo, que arroja el siguiente resultado, al loro: “negativo no concluyente”. Parece una frase propia de la filosofía de Hegel o de Wittgenstein. Sería como estar embarazada a medias.
El poder se halla rodeado por el COVID 19: esposas de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, que se ha saltado a la torera –para eso luce coleta- la cuarentena que se le exige al pueblo llano, demostrando que es casta pura; otra ministra también se halla contagiada, familia cercana al presidente del Gobierno, la antes mencionada Carmen Calvo, una vice no concluyente. Miembros de este gobierno, en definitiva, no se creyeron lo anunciado por la OMS y otros organismos mundiales relacionados con la salud. Lógico, doctores en mentira, despreciaron la verdad.
Y, en mi Zamora, nuestros políticos, los que son pueblo, a los que vemos por la calle, demuestran más talento, celeridad en las medidas y capacidad de trabajo, que los jerarcas nacionales. Guarido y Requejo ya han reaccionado, desde este presente caótico, a un futuro inefable, en el que muchos autónomos, pequeños empresarios y trabajadores cerrarán sus negocios y se irán al paró, con directrices fiscales que alivien el presumible declive económico de muchos zamoranos. Tampoco me olvido de la labor de Ángel Blanco, subdelegado del Gobierno, y su secretario Iñaqui Gómez, ni de Clara San Damián, delegada de la Junta en Zamora, y la directora del Gabinete de Prensa, Celina, cuyas labores aplaudo por su diligencia y cercanía.
Un día más ni mis amigos, ni mi familia ni un servidor se han contagiado. Hemos evitado al coronavirus, de momento. Cuando todo pase, que así será, porque saldremos de este laberinto de la infección y de la distopía política, lo celebraremos como si hubiéramos nacido. Renacimiento en Zamora.
Eugenio-Jesús de Ávila





















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