Mª Soledad Martín Turiño 1
Jueves, 26 de Marzo de 2020
ZAMORANA

Luchamos por vosotros, seguimos juntos

[Img #36792]El calendario dice que ya es primavera, las oscuras golondrinas regresan a sus viejos nidos para reanudar la vida y propagar la especie. Las ramas de los árboles se bambolean desplegando las hojas que habían estado giradas sobre si mismas y nacen verdes, tiernas pero al mismo tiempo fuertes; sin embargo no hay ojos para para disfrutar de su belleza porque las calles están vacías. Los tulipanes de vivos colores estallan armados en hileras como buenos soldados en un espectáculo de color y vida que tampoco nadie puede contemplar porque tras las rejas del Botánico los paseos  también están vacíos; los jardines se llenan de flores, los campos están increíblemente verdes; es en definitiva un espectáculo maravilloso.

 

            En la ciudad se echan en falta las risas de los niños cuando van y vienen de la escuela, los tropezones, las peleas, las risotadas, sus abrazos, todo eso que ha sido consustancial con nuestras mañanas o tardes cuando entran y salen del colegio, ahora ha enmudecido.

 

            Tras las ventanas disfruto de los balcones en los edificios de enfrente que empiezan a poblarse de flores y cuando les da el sol refulgen con toda su grandeza. Me maravilla la voluptuosidad de las plantas que sobreviven en la ciudad con la tenacidad mas fiera y se renuevan en esta primavera exponiendo sus colores: impecables hortensias, rosas blancas, geranios rojos que campan a sus anchas en las jardineras de los balcones dando una nota de alegría a estas calles vacías y solitarias; porque a pesar de las circunstancias mas adversas la vida sigue adelante, las hojas del calendario van cayendo una a una y llegamos a las puertas del cambio de hora, de empezar a disfrutar de días más largos porque la luz tardará mas en apagarse para que nuestras horas se dilaten y las tardes extiendan sus horas de asueto y luz. La primavera acarrea un sinfín de belleza presente en parterres y jardines de todas las calles de todas las plazas, en cada glorieta, en cada parque, en cada bulevar; son el contrapunto a las duras medidas restrictivas de una pandemia pertinaz que se ha empeñado en robarnos los días. La exuberancia de las flores, la fuerza de la luz contrasta con la seriedad de los rostros de la gente, esa poca gente que se ve y con la que guardamos una distancia social que hemos integrado gradualmente en nuestro comportamiento diario.

 

            Me hablan de aquellos que están infectados y aún se mantienen en sus casas; para ellos cada día de encierro se antoja mucho mas duro, se sienten doloridos, desvalidos, proclives a las lágrimas, solos a pesar del amor que perciben a su alrededor, a pesar de los mensajes de ánimo, a pesar de los abrazos virtuales o las llamadas telefónicas, porque la soledad se instala en el cerebro, lo domina, pueden los sentimientos mas que la razón en un situación tan dura. No es fácil encontrar consuelo ni un mínimo resquicio de esperanza, el hastío empieza a hacerse presente; ya se han agotado todas las opciones de ocio posibles: leer, jugar, ver la televisión, disfrutar de alguna película, conversar on line con amigos.... y con el decaimiento llega también un enemigo mucho más letal: el miedo y con él la parálisis de los sentidos, la inacción, la falta de ganas, el querer rendirse.... y ahí es donde entran en juego una vez más los amigos, la familia, la gente que queremos y que forma un manto invisible a nuestro alrededor, manifestando que no nos van a dejar, que nuestra soledad la llenarán con sus llamadas, inventarán ocurrencias para evitar el desfallecimiento, anécdotas para atraer a la risa que ahora parece haberse esfumado. Es entonces cuando uno se da cuenta de las muchas personas que están a nuestro alrededor para hacernos la vida más fácil; esos ángeles familiares y amigos que saben apoyar, calman la ansiedad y se convierten en tabla de salvación que ahora tanto se necesita.

 

            La información, siempre útil y necesaria, es preciso dosificarla ahora; no conviene estar pendientes de programa tras programa que alimentan la inquietud con datos de personas que acrecientan la cifra de fallecidos por días; es preferible racionar las noticias y huir de detalles escabrosos y de frivolidades a las que tan aficionados son determinados sectores de la prensa. La sobre exposición de información puede resultar devastadora y es preciso tomarla a pequeños sorbos, como si fuera una medicina con mal sabor, como aquel pestilente aceite de ricino que nos daban de pequeños nuestras madres para abrir el apetito.

 

            Luchar contra el miedo es ahora la prioridad y no ayudan precisamente estos días tristes proclives a la melancolía; pero dentro de poco llegará la luz, el sol inundará las casas y regresará la alegría que ahora está oscurecida detrás de las nubes; saldremos de esta situación aunque muchos hayan caído en la batalla.

 

            Esta es una guerra muy difícil de combatir porque el enemigo es invisible y se burla de nuestras precauciones, juega con nosotros, es mucho mas listo, nos pone emboscadas y no existe bala ni misil que pueda combatirlo; sin embargo la moral debe estar alta, hay que aferrarse a la positividad, a la esperanza, a los cientos de ejemplos que vemos cada día de personas anónimas que se convierten en héroes callados, a esos que inventan sistemas de protección con los objetos más inverosímiles, a aquellos otros que deciden recluirse en las residencias con los ancianos y no volver a sus casas, para ayudarles y que no se sientan solos, a los que regalan su tiempo, a quienes exponen su vida, a tantos y tantos…. estos ejemplos deben servir para hermanarnos con los demás, para hacernos reflexionar, para empezar a ver bondad en los otros.

 

            Y para aquellos enfermos que continúen en sus casas, ojala pronto el dolor les de una tregua, el cansancio de lugar al restablecimiento, la fiebre ceda, el ánimo se levante y poco a poco quede atrás esta pesadilla. Seguiremos con ellos, a pie de articulo, en nuestros pensamientos, en nuestras oraciones, seguiremos juntos hasta la remontada final.

 

 

Mª Soledad Martín Turiño

 

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  • Jose CM

    Jose CM | Martes, 14 de Abril de 2020 a las 13:32:01 horas

    Es cierto que la dualidad de la feliz primavera y la tristeza de las cifras de la pandemia, resulta difícil de conciliar.

    De todos modos, sigo pensando que esto no es una guerra (porque no hay bandos, ni estrategias, ni un enemigo real). Esto es una pandemia y aunque la situación sea triste y catastrófica, es infinitamente diferente (y mejor) que la guerra tradicional.

    Esta no es la guerra de nuestra generación. Seguimos siendo unos privilegiados: desde la era atómica, no hemos tenido una situación tan prolongada de paz mundial.

    Esto es una pandemia, y al igual que cualquier otra situación, hay que vivirla y entenderla tal cual es. No es fácil, no es agradable, es triste y trágica, pero es eso: una maldita pandemia.

    Y eso no nos convierte en héroes por quedarnos en nuestras casas. No lo somos porque un héroe elige su destino y nosotros vivimos resignados a nuestro presente.

    Presente que en cuanto pase, volverá a dejar paso a las terrazas llenas, parques públicos abarrotados, el calorcito de verano y la felicidad de nuestra tierra.

    Ésa felicidad inconsciente del que disfruta solo del presente porque en el fondo, en nuestro país, las miras no nos llegan más lejos.

    Ya veremos qué tal nos va con la que viene a continuación...

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