REPÚBLICO
¿La gestión de la economía tras la pandemia o la propaganda política?
Cuando era un joven universitario, en aquel Madrid de la agonía de Franco, un izquierdista rabioso, que amaba el anarquismo y el comunismo, sin encontrar grandes diferencias entre Marx y Bakunin –todavía no se habían abierto los archivos de la K.G.B.- y odiaba a los falangistas, conservadores, liberales, democratacristianos y todos los que se confesasen rojos, entre otras cosas, me quedé con una frase de Engels, el verdadero compilador de la caótica obra del judío converso de Treveris, que decía, no sé si textualmente, algo como que “en el futuro pasaremos del gobierno de los hombres a la gestión de las cosas”.
El empresario alemán, propietario de una fábrica en Manchester, dibujó esta profecía hacia el final de su vida, que concluyó a finales del siglo XIX. Siempre he fijado ese “futuro” del padrino de Marx en torno a los últimos años de la pasada centuria. De hecho, los partidos políticos ofrecen gestión en sus campañas electorales, con programas basados en inversiones industriales, económicas, sanitarias, educativas. Traduzco: gestión de la res pública. Después, cada cual lo endulza con su peculiar populismo: los líderes de las izquierdas con aquello de todo para el pueblo y la gente humilde; los de derechas con promesas de bajar los impuestos, aunque, en realidad, incluso los suben más que un comunista demócrata, oxímoron, como sucedió en la primera legislatura de Mariano Rajoy, cuando Montoro, ministro de Hacienda, ejecutó políticas fiscales confiscatorias. A la postre, PSOE y PP, en democracia, siempre han sido socialdemócratas. El Estado manda. Solo se privatizan servicios cuando las arcas del Estado, por pésimas gestiones, hallanse vacías; nunca por ideología. Aquí, ni en el orbe, existe el liberalismo económico. Recuerde la subida de aranceles de Trump.
Esta larga introducción, se debe a que hoy, en mañana de invierno, de sol y helada, mientras me dirigía hacia mi oficina, en compañía de mi can, Zorba, reflexioné sobre el problema de Pedro Sánchez y su coletudo Gobierno para frenar el impacto del coranavirus, con errores de envergadura, como esa compra bochornosa de tests rápidos y fallidos, que denunció en su edición del jueves El País. Y sé, que con meteduras de patas, embustes y mentiras, más el trabajo heroico de los profesionales sanitarios españoles se pondrá fin a la pandemia. Pero, convencido estoy, los problemas lloverán después, cuando todo acabe, cuando llegue el calor, cuando haya vacaciones. ¿Por qué? Pues, sencillamente, porque este Gobierno carece de un solo gestor. Quizá la ministra de Economía, Calviño, y algún ministro de cuyo nombre no me acuerdo, sean los únicos miembros de este ejecutivo que sepan algo de qué va la gestión del Estado. Los de Unidas Podemos, analfabetos económicos y en tantas cosas, pero eruditos en propaganda, gran mérito parejita neoburguesa, solo saben "gestionar" la propaganda y cabalgar en el corcel de las contradicciones..
El mérito de las izquierdas democráticas europeas consistió in illo tempore en repartir mejor la riqueza que crean los conservadores, que siempre se quedan con algo para el patrimonio personal. Pero los partidos socialistas ignoran cómo se crea riqueza, aunque sean eruditos en gastarla. Los comunistas, jamás, desde 1917, con dictaduras feroces, desconocen el secreto de la economía, del bienestar social. La U.R.S.S. quizá la multinación más rica del mundo, se desmoronó por su ruina económica, no por su falta de libertad. China aplicó políticas capitalistas con mano de hierro para colocarse como la mayor potencia mundial. Deng Xiaoping, un genio, fue el verdadero gran timonel del desarrollo del descomunal país asiático. El socialismo y la planificación centralizada solo crea pobreza para el pueblo, aunque enriquezcan a sus nomenklaturas. Nacionalización de empresas, dirigismo económico y control de los precios arruinan a las naciones. Empírico. Historia. No memoria.
Reitero. Domesticar, con mayor o menor éxito, con diligencia o con paciencia, una pandemia no es cuestión ideológica, sino de talento. Verbigracia: el premier Johnson, que se tomó a cachondeo, casi como aquí, lo del coronavirus, es un político conservador. Ahora se ha contagiado. Pedro Sánchez y sus cuates y “chamacas” nunca creyeron que este virus chino podría matar a tanta gente y colapsar la economía. Dos personalidades políticas de diferentes ideas demuestran que ser de derechas o de izquierdas carece de importancia para resolver una crisis como el COVID 19; lo esencial es el genio y la gestión.
Tras la pandemia, entraremos en una epidemia económica, que contagiará y arruinará la vida de muchas pequeñas empresas y condenará al paro millones de autónomos y trabajadores. Será la hora del político gestor, del que hablase Engels. Y el fin de la propaganda política. Y no olvidemos la irónica frase del premio Nobel Von Hayek: “Si los socialistas entendieran de economía no serían socialistas”. El problema para Sánchez es que tiene un neo-leninista en su Gobierno.
Eugenio-Jesús de Ávila
Cuando era un joven universitario, en aquel Madrid de la agonía de Franco, un izquierdista rabioso, que amaba el anarquismo y el comunismo, sin encontrar grandes diferencias entre Marx y Bakunin –todavía no se habían abierto los archivos de la K.G.B.- y odiaba a los falangistas, conservadores, liberales, democratacristianos y todos los que se confesasen rojos, entre otras cosas, me quedé con una frase de Engels, el verdadero compilador de la caótica obra del judío converso de Treveris, que decía, no sé si textualmente, algo como que “en el futuro pasaremos del gobierno de los hombres a la gestión de las cosas”.
El empresario alemán, propietario de una fábrica en Manchester, dibujó esta profecía hacia el final de su vida, que concluyó a finales del siglo XIX. Siempre he fijado ese “futuro” del padrino de Marx en torno a los últimos años de la pasada centuria. De hecho, los partidos políticos ofrecen gestión en sus campañas electorales, con programas basados en inversiones industriales, económicas, sanitarias, educativas. Traduzco: gestión de la res pública. Después, cada cual lo endulza con su peculiar populismo: los líderes de las izquierdas con aquello de todo para el pueblo y la gente humilde; los de derechas con promesas de bajar los impuestos, aunque, en realidad, incluso los suben más que un comunista demócrata, oxímoron, como sucedió en la primera legislatura de Mariano Rajoy, cuando Montoro, ministro de Hacienda, ejecutó políticas fiscales confiscatorias. A la postre, PSOE y PP, en democracia, siempre han sido socialdemócratas. El Estado manda. Solo se privatizan servicios cuando las arcas del Estado, por pésimas gestiones, hallanse vacías; nunca por ideología. Aquí, ni en el orbe, existe el liberalismo económico. Recuerde la subida de aranceles de Trump.
Esta larga introducción, se debe a que hoy, en mañana de invierno, de sol y helada, mientras me dirigía hacia mi oficina, en compañía de mi can, Zorba, reflexioné sobre el problema de Pedro Sánchez y su coletudo Gobierno para frenar el impacto del coranavirus, con errores de envergadura, como esa compra bochornosa de tests rápidos y fallidos, que denunció en su edición del jueves El País. Y sé, que con meteduras de patas, embustes y mentiras, más el trabajo heroico de los profesionales sanitarios españoles se pondrá fin a la pandemia. Pero, convencido estoy, los problemas lloverán después, cuando todo acabe, cuando llegue el calor, cuando haya vacaciones. ¿Por qué? Pues, sencillamente, porque este Gobierno carece de un solo gestor. Quizá la ministra de Economía, Calviño, y algún ministro de cuyo nombre no me acuerdo, sean los únicos miembros de este ejecutivo que sepan algo de qué va la gestión del Estado. Los de Unidas Podemos, analfabetos económicos y en tantas cosas, pero eruditos en propaganda, gran mérito parejita neoburguesa, solo saben "gestionar" la propaganda y cabalgar en el corcel de las contradicciones..
El mérito de las izquierdas democráticas europeas consistió in illo tempore en repartir mejor la riqueza que crean los conservadores, que siempre se quedan con algo para el patrimonio personal. Pero los partidos socialistas ignoran cómo se crea riqueza, aunque sean eruditos en gastarla. Los comunistas, jamás, desde 1917, con dictaduras feroces, desconocen el secreto de la economía, del bienestar social. La U.R.S.S. quizá la multinación más rica del mundo, se desmoronó por su ruina económica, no por su falta de libertad. China aplicó políticas capitalistas con mano de hierro para colocarse como la mayor potencia mundial. Deng Xiaoping, un genio, fue el verdadero gran timonel del desarrollo del descomunal país asiático. El socialismo y la planificación centralizada solo crea pobreza para el pueblo, aunque enriquezcan a sus nomenklaturas. Nacionalización de empresas, dirigismo económico y control de los precios arruinan a las naciones. Empírico. Historia. No memoria.
Reitero. Domesticar, con mayor o menor éxito, con diligencia o con paciencia, una pandemia no es cuestión ideológica, sino de talento. Verbigracia: el premier Johnson, que se tomó a cachondeo, casi como aquí, lo del coronavirus, es un político conservador. Ahora se ha contagiado. Pedro Sánchez y sus cuates y “chamacas” nunca creyeron que este virus chino podría matar a tanta gente y colapsar la economía. Dos personalidades políticas de diferentes ideas demuestran que ser de derechas o de izquierdas carece de importancia para resolver una crisis como el COVID 19; lo esencial es el genio y la gestión.
Tras la pandemia, entraremos en una epidemia económica, que contagiará y arruinará la vida de muchas pequeñas empresas y condenará al paro millones de autónomos y trabajadores. Será la hora del político gestor, del que hablase Engels. Y el fin de la propaganda política. Y no olvidemos la irónica frase del premio Nobel Von Hayek: “Si los socialistas entendieran de economía no serían socialistas”. El problema para Sánchez es que tiene un neo-leninista en su Gobierno.
Eugenio-Jesús de Ávila




















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