Eugenio de Ávila
Viernes, 03 de Abril de 2020
COSAS MÍAS

El coronavirus cambiará la economía mundial, pero jamás nuestra Semana Santa

La Hermandad del Espíritu Santo, creada por Francisco Gustavo Cuesta de Reyna a finales de 1974, que realizó su primera salida al año siguiente, protagonizaría esta noche en el casco antiguo de Zamora

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“Unus deus trinitas”: Tres personas distintas y un solo Dios verdadero. Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Hoy, Viernes de Dolores del año 1975 –todavía vivía Franco- desfiló, por primera vez, la cofradía del Espíritu Santo, que fundase Francisco Gustavo Cuesta de Reina, entonces un adolescente y hoy, en este 2020, conde de Oricain, persona excelente, que transmite sosiego, paz, saber.

 

Esta mañana, de sol primaveral, pero fresca, mientras regresaba a casa, después de que mi gente repartiese una edición más de El Día de Zamora, la número 376, mi memoria buscó en su desván aquel primer desfile del Espíritu Santo. Recuerdo que su nacimiento provocó ciertos problemas con la Junta Pro Semana Santa, que entonces, como le pasaba al régimen, la formaban gente muy seria, a la que se trataba de usted, almas pías, buenos cristianos, que dirigían una Semana Santa que nada tiene que ver con la actual. Casi medio siglo después, solo queda de la Pasión los grupos escultóricos, cristos y vírgenes. El tiempo, ese escultor de la historia, ha ido retirando el mármol religioso para dejar tan solo una Semana Santa de tradición, pulida con estética, bella y distinta.

 

No sería una boutade afirmar que ya hay más hermanos ateos que creyentes en nuestra Pasión. Quizá, para ser más preciso, agnósticos que católicos. Y si fueren almas pías, hombres y mujeres, no honran a su religión con sus querellas , envidias, felonías.

 

¡Quién soy yo, un ateo, para exigir coherencia a las almas pías que gustan cubrirse con caperuz o taparse cual monjes! Amo a nuestra Semana Santa porque es la fe, como diría Machado, de mis mayores, porque protagonizó mi adolescencia y primeros años de madurez, y, porque soy zamorano. Y podría criticar ciertas derivas de hermandades y cofradías, pero siempre la defenderé del enemigo externo.

 

La Semana Santa ahora es reclamo turístico, producto económico esencial para nuestra depauperada ciudad, semilla publicitaria para recoger la cosecha durante el resto del año. Porque el que conoce Zamora vuelve, regresa, desea sentirla y vivirla. Y me trae sin cuidado que sea o no austera, ni religiosa, o que se haya convertido en fiesta de juventud, días para la seducción, para el frenesí sensual, si  el comercio y la hostelería zamoranos, tan necesitados de ingresos, se nutren con estas celebraciones.

 

La Pasión zamorana es, además, lo que no era en aquel año 1975, cuando Pacogus hizo de un Cristo románico, casi gótico, poco agradable a la vista, en absoluto procesionable, una hermandad sólida, especial  y distinta. Hubo un antes y un después estético el año que murió el dictador, cuando el Espíritu Santo y la hermandad de la Buena Muerte, quizá más refinada, con un Cristo más bello, incomparable, ampliaron nuestra Semana Santa.

 

He escrito, con reiteración, que, después de esta crisis vírica, de este Estado de Alarma, acontecerá una pandemia económica, un punto de inflexión, un antes y un después del COVID 19. Ahora bien, la Semana Santa de Zamora apenas notará este impacto, porque sus estructuras son sólidas, acrisoladas, eternas. Quizá, en unos años, habrá un Museo moderno, que venga a sustituir a este almacén de pasos que ha guardado los grupos escultóricos mientras la Pasión de Zamora se agigantaba, se expandía y se daba a conocer por España y el mundo católico. Entonces sí habrá un antes y un después en la historia moderna de nuestra Semana Santa, como afirmo que, sin la cruenta y brutal Guerra Civil, nuestra Pasión sería una más entre las de Castilla y León. La grandeza de la Pasión zamorana nace del vínculo entre las cofradías históricas, fundadas en la España imperial, las de Jueves y Viernes Santo, y las surgidas en la postguerra.

 

Esta peste amarilla cambiará a la Humanidad, una forma de entender la vida, la economía, el comercio, pero jamás una forma de entender la Pasión de Cristo en una pequeña ciudad leonesa, Zamora, la Bien Cercada, la ciudad  del Romancero, la que humilló al Cid.

 

Hoy, Viernes de Dolores, la Hermandad del Espíritu Santo no abrirá el huerto de su iglesia a más de un millar de zamoranos. Pero, si no nos asalta otro virus, ni la lluvia juega con la primavera, en el 2021 volverá a abrir el portón de la Semana Santa de Zamora.

 

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