Eugenio de Ávila
Lunes, 06 de Abril de 2020
RES PÚBLICA

Manuel Azaña: "El primer afán debe ser robustecer en la conciencia el sentimiento de lo justo"

[Img #37273]Lo que caracteriza propiamente al hombre y le permite creerse superior a todos los seres que le rodean, es el sentimiento de lo justo, la aspiración a regir por él su vida y a implantar como norma reguladora de la vida colectiva aquello que en su conciencia acepta y reconoce como un deber; y así como son hombres superiores los que en el conflicto entre este deber y sus apetitos e intereses del momento, sacrifican éstos a aquél, son pueblos nobles, precio del género humano, aquellos que en un momento dado, en el azar de las contingencias históricas, posponen los apetitos de dominación o las bajas solicitaciones del egoísmo para arrostrar la ruina, la devastación y la muerte en aras de lo que la conciencia universal proclama como meta y aspiración ideal de la vida civilizada.

De suerte, que el primer afán de cada hombre debe ser robustecer y aquilatar en su conciencia ese sentimiento de la justicia, como medio único de ser cada vez más hombre, que es ser cada vez más libre, porque ese afán de justicia, esa rectitud de conciencia nos sustraen a la esclavitud de los apetitos y de los intereses, y nos permiten navegar por la vida con serenidad, a prueba de borrascas y desventuras; y la aspiración definitiva de un pueblo civilizado, lo que da un sentido a las limitaciones y trabas de la vida social y ayuda a sobrellevar las cargas comunes, es el propósito de introducir en el mundo, así en las relaciones internacionales como en las relaciones entre los hombres, un poco más de justicia, para que un día pueda ese pueblo comparecer ante la historia con su túnica inmaculada, que sea bandera y enseña que guíe a otros hacia el progreso. Pueblo que no lleve en lo profundo de su alma esa aspiración, es infecundo para la causa de la Humanidad, por grandiosas que parezcan sus empresas, por imponentes que sean las obras materiales que su habilidad construya; de él puede decirse lo que Jesús de quien traicionó su causa: "mejor le fuera no haber existido".

¿Qué nos han dejado aquellos grandes imperios asiáticos y africanos de la antigüedad? Ruinas gigantescas, huellas de opresión sobre la tierra empapada en sangre, recuerdos de esclavitud, llantos sin fruto, pero ni un soplo de vida espiritual que hoy conforte nuestras almas; en cambio, una minúscula república griega, pobre, casi inerme, de escasa civilización material, sin técnica apenas, abrió tal cauce para la vida humana que aún hoy, al cabo de veinticinco siglos, con todos los inventos, con todos los progresos de una civilización espléndida nos volvemos hacia aquellos helenos como hacia nuestros padres espirituales, porque ellos descubrieron verdaderamente al hombre e inventaron también la vida social, al concebir el pueblo y la patria como una reunión de hombres libres organizados para obtener y aplicar la justicia. 

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