ZAMORANA
Entre el coraje y la desesperación
Once de la mañana. Me he levantado con un gran cansancio que no me ha permitido otra cosa que dirigirme directamente desde la cama al sillón. Mi cuerpo manda sobre mí y la mente se abandona al dolor y al decaimiento. No me consuela la lectura y mis ojos cansados rechazan cualquier tipo de pantalla, ya sea la del móvil, el libro electrónico, el ordenador o la televisión.
Estos primeros días de abril tampoco acompaña el sol, que no quiere sumarse a animar un poco la tristeza de los días; oscurece y llueve sin parar y esto tampoco podemos considerarlo un consuelo porque ojala la lluvia barriera en el sentido más literal de la palabra el maldito coronavirus hasta extinguirlo por completo.
Lo he pasado muy mal, he dado positivo en el test del coronavirus, pero además me siento estafada, estoy muy cabreada -si se me permite esta vulgar expresión- porque siento que somos conejillos de indias a los que nos han inoculado una bacteria asesina que se les ha escapado de las manos, o tal vez no; tal vez hayan existido mentes muy conscientes para hacer un estudio, para demostrar la hegemonía de un país sobre otros, para hacer una limpieza étnica o para ganar un montón de dinero a cuenta de la vacuna milagrosa que salvará a aquellos que no hayan caído en el ínterin de esta sucia batalla. Empiezan a surgir informaciones preocupantes, conspiraciones, previsiones que ya estaban hechas hace años, personajes que conocían los sustanciosos intereses comerciales que generaría esta pandemia...
Pero es que ahora con una cifra de miles de muertos que no para de crecer, hay que empezar a hacerse preguntas en serio, no en petit comité como lo hemos hecho los profanos a quienes no nos cuadran las cuentas; y es ahora cuando me permito volcar una sucesión de preguntas que nadie me responderá pero que no dejan de torturarme: ¿A qué se debe tanta opacidad? ¿Cual fue el origen del virus?¿Cómo es que, casualmente existan unos sospechosos laboratorios cerca de donde se originaron los primeros contagios? ¿Por qué nadie, de manera contundente, ha establecido -o no- la relación entre las investigaciones de dichos laboratorios y el origen de la pandemia?
Me surgen muchas cuestiones sobre el tema, no por mera curiosidad (que ya sería una buena excusa), sino porque a estas alturas, con cerca de 70.000 fallecidos en todo el mundo, y más de 13.000 muertos solo en nuestro país, creo que tenemos derecho a una información responsable y clara, ya que estas cifras se incrementan cada día.
Esta es una situación de guerra como ya la denominan algunos, y como todas las guerras que en el mundo han sido, se han suscitado casi siempre por intereses territoriales, económicos, ideológicos, políticos e incluso religiosos; en este caso el origen ha sido un conflicto bacteriológico, mucho más sofisticado que la guerra con armas, ya que el enemigo es invisible y letal. Alguien, en algún momento, tendrá que dar respuestas, alguien tendrá que pedir perdón a las familias de los muertos, de alguien habrá partido esta locura y tenemos derecho a saberlo.
Bastante deprimente resulta el espectáculo al que hemos asistido desde el principio de esta crisis, con los políticos negando cínicamente que pudiera llegar a España, porque China estaba demasiado lejos; luego cariacontecidos tuvieron que asumir una realidad que se les echaba encima con la fuerza de una imprevisión que les abofeteó en la cara; después llegaron las prisas, la improvisación, la falta de recursos, las medidas unilaterales por parte de un presidente omnipotente que ha consensuado con las comunidades autónomas, pero no con sus rivales políticos para tratar esta situación como un gran tema de Estado, donde sirvan las buenas ideas para poner sobre la mesa, aparte los intereses políticos; ha ninguneado a una gran parte del parlamento que un día tendrá que pedirle cuentas por esa prepotencia y se han hecho patente la situación de extrema necesidad por la que pasan tanto los hospitales como las Residencias de Mayores.
Luego ha venido la dotación de equipos, la compra al gigante asiático -de nuevo China, no deja de ser una casualidad-, de un material que se quedó corto en los Hospitales debido a la masiva llegada de pacientes; la creación de hospitales de campaña, el acondicionamiento de hoteles medicalizados.....
Espero que todo el material que nos ha llegado, tanto mobiliario: utillaje, camas, sillones.., como material médico: respiradores, equipos de protección, test... permanezcan a buen recaudo en los hospitales cuando todo esto acabe, porque se necesita una renovación acuciante sobre todo en las zona de las urgencias hospitalarias: salas de espera demasiado pequeñas para familiares y pacientes hasta que son atendidos; salas de triaje que, en muchos casos, se resumen en una sola consulta; área de boxes pequeños y masificados donde los pacientes pasan hasta doce horas sentados en un sillón (que muchos de ellos ni se reclinan), con una vía para su tratamiento de suero o antibiótico, sin un familiar que pueda acompañarlo; sin una mínima dignidad (todas las necesidades a la vista del resto de pacientes), sin la más mínima confidencialidad (cuando un sanitario informa de la patología de uno, se enteran todos los demás)...
Es el momento de poner en valor la Sanidad global de este país: si la de los profesionales de la salud ha quedado sobradamente demostrada, no tanto la infraestructura hospitalaria y los medios materiales que han resultado rotundamente insuficientes. También quisiera subrayar lo que desde hace tiempo muchos médicos vienen reclamando que Urgencias se convierta en una especialidad propia, creo que todos hemos comprobado que la capacitación que necesitan los sanitarios en urgencias es muy variada y compleja, abarca todo tipo de patologías y el aprendizaje no acaba cuando se termina la carrera, sino que cada día hay que seguir estudiando, investigando, aprendiendo en una puerta de entrada abierta a enfermedades a cual más complicadas.
También es el momento de hacer una revisión profunda en las Residencias de Ancianos para que sean lugares dignos donde puedan vivir nuestros mayores y no un aparcamiento de viejos, porque son personas que lo han dado todo y no se merecen un cribaje por edad para no atenderlos porque hay que escatimar y racionar los recursos.
Sanidad y Educación deberían ser los grandes pilares sobre los que se sustentara el gasto público porque son los ejes que vertebran este país, porque de ellos dependemos todos desde niños hasta mayores, todos hemos de pasar por la escuela, instituto y universidad para educarnos; de una buena educación depende un buen futuro y todos acabamos siendo huéspedes de un hospital, desde que nacemos hasta que morimos en varias ocasiones; así pues espero que de esta pandemia que nos ha puesto a prueba como personas, como colectivo y como país, aprendamos algo, que valoremos los recursos, que dotemos a los educadores y a los profesionales de la salud de todos los recursos necesarios para que no haya que dejar a nadie en la estacada y a quienes nos ha tocado la mala fortuna de estar contagiados que, al menos podamos superar el aislamiento en casa, para dar paso a otros que lo necesiten más y deban acudir a los masificados hospitales de este país.
Mª Soledad Martín Turiño
Once de la mañana. Me he levantado con un gran cansancio que no me ha permitido otra cosa que dirigirme directamente desde la cama al sillón. Mi cuerpo manda sobre mí y la mente se abandona al dolor y al decaimiento. No me consuela la lectura y mis ojos cansados rechazan cualquier tipo de pantalla, ya sea la del móvil, el libro electrónico, el ordenador o la televisión.
Estos primeros días de abril tampoco acompaña el sol, que no quiere sumarse a animar un poco la tristeza de los días; oscurece y llueve sin parar y esto tampoco podemos considerarlo un consuelo porque ojala la lluvia barriera en el sentido más literal de la palabra el maldito coronavirus hasta extinguirlo por completo.
Lo he pasado muy mal, he dado positivo en el test del coronavirus, pero además me siento estafada, estoy muy cabreada -si se me permite esta vulgar expresión- porque siento que somos conejillos de indias a los que nos han inoculado una bacteria asesina que se les ha escapado de las manos, o tal vez no; tal vez hayan existido mentes muy conscientes para hacer un estudio, para demostrar la hegemonía de un país sobre otros, para hacer una limpieza étnica o para ganar un montón de dinero a cuenta de la vacuna milagrosa que salvará a aquellos que no hayan caído en el ínterin de esta sucia batalla. Empiezan a surgir informaciones preocupantes, conspiraciones, previsiones que ya estaban hechas hace años, personajes que conocían los sustanciosos intereses comerciales que generaría esta pandemia...
Pero es que ahora con una cifra de miles de muertos que no para de crecer, hay que empezar a hacerse preguntas en serio, no en petit comité como lo hemos hecho los profanos a quienes no nos cuadran las cuentas; y es ahora cuando me permito volcar una sucesión de preguntas que nadie me responderá pero que no dejan de torturarme: ¿A qué se debe tanta opacidad? ¿Cual fue el origen del virus?¿Cómo es que, casualmente existan unos sospechosos laboratorios cerca de donde se originaron los primeros contagios? ¿Por qué nadie, de manera contundente, ha establecido -o no- la relación entre las investigaciones de dichos laboratorios y el origen de la pandemia?
Me surgen muchas cuestiones sobre el tema, no por mera curiosidad (que ya sería una buena excusa), sino porque a estas alturas, con cerca de 70.000 fallecidos en todo el mundo, y más de 13.000 muertos solo en nuestro país, creo que tenemos derecho a una información responsable y clara, ya que estas cifras se incrementan cada día.
Esta es una situación de guerra como ya la denominan algunos, y como todas las guerras que en el mundo han sido, se han suscitado casi siempre por intereses territoriales, económicos, ideológicos, políticos e incluso religiosos; en este caso el origen ha sido un conflicto bacteriológico, mucho más sofisticado que la guerra con armas, ya que el enemigo es invisible y letal. Alguien, en algún momento, tendrá que dar respuestas, alguien tendrá que pedir perdón a las familias de los muertos, de alguien habrá partido esta locura y tenemos derecho a saberlo.
Bastante deprimente resulta el espectáculo al que hemos asistido desde el principio de esta crisis, con los políticos negando cínicamente que pudiera llegar a España, porque China estaba demasiado lejos; luego cariacontecidos tuvieron que asumir una realidad que se les echaba encima con la fuerza de una imprevisión que les abofeteó en la cara; después llegaron las prisas, la improvisación, la falta de recursos, las medidas unilaterales por parte de un presidente omnipotente que ha consensuado con las comunidades autónomas, pero no con sus rivales políticos para tratar esta situación como un gran tema de Estado, donde sirvan las buenas ideas para poner sobre la mesa, aparte los intereses políticos; ha ninguneado a una gran parte del parlamento que un día tendrá que pedirle cuentas por esa prepotencia y se han hecho patente la situación de extrema necesidad por la que pasan tanto los hospitales como las Residencias de Mayores.
Luego ha venido la dotación de equipos, la compra al gigante asiático -de nuevo China, no deja de ser una casualidad-, de un material que se quedó corto en los Hospitales debido a la masiva llegada de pacientes; la creación de hospitales de campaña, el acondicionamiento de hoteles medicalizados.....
Espero que todo el material que nos ha llegado, tanto mobiliario: utillaje, camas, sillones.., como material médico: respiradores, equipos de protección, test... permanezcan a buen recaudo en los hospitales cuando todo esto acabe, porque se necesita una renovación acuciante sobre todo en las zona de las urgencias hospitalarias: salas de espera demasiado pequeñas para familiares y pacientes hasta que son atendidos; salas de triaje que, en muchos casos, se resumen en una sola consulta; área de boxes pequeños y masificados donde los pacientes pasan hasta doce horas sentados en un sillón (que muchos de ellos ni se reclinan), con una vía para su tratamiento de suero o antibiótico, sin un familiar que pueda acompañarlo; sin una mínima dignidad (todas las necesidades a la vista del resto de pacientes), sin la más mínima confidencialidad (cuando un sanitario informa de la patología de uno, se enteran todos los demás)...
Es el momento de poner en valor la Sanidad global de este país: si la de los profesionales de la salud ha quedado sobradamente demostrada, no tanto la infraestructura hospitalaria y los medios materiales que han resultado rotundamente insuficientes. También quisiera subrayar lo que desde hace tiempo muchos médicos vienen reclamando que Urgencias se convierta en una especialidad propia, creo que todos hemos comprobado que la capacitación que necesitan los sanitarios en urgencias es muy variada y compleja, abarca todo tipo de patologías y el aprendizaje no acaba cuando se termina la carrera, sino que cada día hay que seguir estudiando, investigando, aprendiendo en una puerta de entrada abierta a enfermedades a cual más complicadas.
También es el momento de hacer una revisión profunda en las Residencias de Ancianos para que sean lugares dignos donde puedan vivir nuestros mayores y no un aparcamiento de viejos, porque son personas que lo han dado todo y no se merecen un cribaje por edad para no atenderlos porque hay que escatimar y racionar los recursos.
Sanidad y Educación deberían ser los grandes pilares sobre los que se sustentara el gasto público porque son los ejes que vertebran este país, porque de ellos dependemos todos desde niños hasta mayores, todos hemos de pasar por la escuela, instituto y universidad para educarnos; de una buena educación depende un buen futuro y todos acabamos siendo huéspedes de un hospital, desde que nacemos hasta que morimos en varias ocasiones; así pues espero que de esta pandemia que nos ha puesto a prueba como personas, como colectivo y como país, aprendamos algo, que valoremos los recursos, que dotemos a los educadores y a los profesionales de la salud de todos los recursos necesarios para que no haya que dejar a nadie en la estacada y a quienes nos ha tocado la mala fortuna de estar contagiados que, al menos podamos superar el aislamiento en casa, para dar paso a otros que lo necesiten más y deban acudir a los masificados hospitales de este país.
Mª Soledad Martín Turiño




















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