NOCTURNOS
Éxtasis y ausencia
La ausencia de tu cuerpo, la orfandad de tu presencia, la tentación de tocarte, acariciarte, llevarte al nirvana, no me impide amarte y desearte en la contemplación de tus fotografías. Las miro y las beso. Llego a respirarte a través de tus retratos. Te huelo. Te intuyo. Y alcanzo un éxtasis místico, espiritual. Te amo en alma. Pero mi carne vibra cuanto te pienso, cuando te imagino acariciada por el agua, húmedo tu pubis, enjabonados tus senos, empapado tu vello, torrentes descendiendo desde tus ingles a tus tobillos, anegados los dedos de tus pies, tentación para mis dientes, que anhela morderlos con inmensa dulzura.
Tengo celos del champú que convierte tu cabello en seda, de la toalla que seca tu espalda, tu vientre y tus glúteos. ¡Quién fuera la crema que penetra en tus poros para rejuvenecerlos, hidratarlos, limpiarlos! Envidio a la barra de carmín que enfatiza el color de tus labios, al rímel que espesa y curva tus pestañas, al sostén que ampara tus pechos, al tanga que ampara tu sexo y cruza tus nalgas. Quiero ser el agua que bebes, que refresca tu garganta, que sacia tu sed, que filtra tus riñones.
¡Ay, mi amor, quién fuera ausencia para estar contigo, el espejo que refleja tu brutal belleza, la almohada sobre la que descansan tus sueños, las palabras que no pronuncias y se quedan a dormir sobre tu lengua, a soñar con tus labios, a perderse en mis oídos!
Eugenio-Jesús de Ávila
La ausencia de tu cuerpo, la orfandad de tu presencia, la tentación de tocarte, acariciarte, llevarte al nirvana, no me impide amarte y desearte en la contemplación de tus fotografías. Las miro y las beso. Llego a respirarte a través de tus retratos. Te huelo. Te intuyo. Y alcanzo un éxtasis místico, espiritual. Te amo en alma. Pero mi carne vibra cuanto te pienso, cuando te imagino acariciada por el agua, húmedo tu pubis, enjabonados tus senos, empapado tu vello, torrentes descendiendo desde tus ingles a tus tobillos, anegados los dedos de tus pies, tentación para mis dientes, que anhela morderlos con inmensa dulzura.
Tengo celos del champú que convierte tu cabello en seda, de la toalla que seca tu espalda, tu vientre y tus glúteos. ¡Quién fuera la crema que penetra en tus poros para rejuvenecerlos, hidratarlos, limpiarlos! Envidio a la barra de carmín que enfatiza el color de tus labios, al rímel que espesa y curva tus pestañas, al sostén que ampara tus pechos, al tanga que ampara tu sexo y cruza tus nalgas. Quiero ser el agua que bebes, que refresca tu garganta, que sacia tu sed, que filtra tus riñones.
¡Ay, mi amor, quién fuera ausencia para estar contigo, el espejo que refleja tu brutal belleza, la almohada sobre la que descansan tus sueños, las palabras que no pronuncias y se quedan a dormir sobre tu lengua, a soñar con tus labios, a perderse en mis oídos!
Eugenio-Jesús de Ávila


















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