Eugenio de Ávila
Miércoles, 15 de Abril de 2020
NOCTURNOS

Amar es un milagro

[Img #37762]Vivir es un milagro. Lo sé. Más a partir de cierta edad, como la que ahora cargo en mi espalda. Al alba, en el trayecto entre el lecho y el baño, adormilado, agradezco al destino otro nuevo despertar. No obstante, cuando me miro al espejo ya no me siento tan satisfecho al ver lo que veo: el pasado de una ilusión. Y, tras atusarme y tunearme, asumo que soy un ser mortal. De ahí que, por las noches, cuando me pongo ante mi ordenador a escribir estos textos sobre Eros, pienso que quizá este que ahora lees pudiera ser el último. No pasa nada. No te aflijas. Yo también he de morirme algún día. Pero requiero a las parcas para que me vengan a buscar cuando me halle en plenitud de salud. Sé que la vejez no es buena. Y me queda poco.

Y si fuera este mi último artículo, confesaré que me moriría enamorado de una mujer que vale más que yo en todo. En verdad, no sé por qué me hace caso y me responde. Si yo soy un desecho de la tienta erótica; un tipo que no supo amar, que pensaba que ellas eran las que me debían amor, ternura, mimos, caricias.

A decir verdad, pasé por la vida haciendo el gilipollas. Rendí pleitesía a damas insensibles, tan enamoradas de sus rostros y cuerpos, que apenas dejaron espacio para amar a los demás. Ahora, en la fase final de su belleza, se hallan solas, tanto que aprovecharán cualquier guiñó de un macarra,  a poder ser con patrimonio, para vender cuarto y mitad de lo que les quede de carne por encima de sus huesos.

El caso es el tiempo, la gubia de Dios, me doctoró en amor. Lo sé todo. Pero no tengo alumnas ávidas de mi sabiduría. Les enseñaría a hacerle creer a cualquier hombre que es el mejor amante que penetró en su gineceo; que jamás se sintió tan enamorada por un galán como él, capaz de conjugar personalidad, cultura y atractivo, y si el caballero posee caudales, confesarle que se sintió seducida más por talento, inteligencia, clase y elegancia que por su fama de hombre poderoso y abundante en haciendas. 

Sí, lo sé: amar es un milagro.

¿Y si este que acabas de leer fuese mi último artículo sobre el amor?

Eugenio-Jesús de Ávila

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