Eugenio de Ávila
Jueves, 16 de Abril de 2020
REPÚBLICO

Creer en este Gobierno, cuestión de fe y prebendas

[Img #37794]“Anticorrupción investigó a la empresa que ha vendido 20 millones de euros de mascarillas al Gobierno”. Titular de El Mundo. Añade el diario madrileño: “La Audiencia Nacional y la Fiscalía Anticorrupción y la UCO investigaban ya  desde hace tiempo a la empresa contratada por el Gobierno para realizar grandes compras de material sanitario en China”. Y más en este caos del Gobierno: “El ministro de Seguridad Social dice que se ha enterado por la Prensa de que debía presentar hoy el pacto de Sánchez e Iglesias”. Ayer, según el CIS del Ejecutivo, los españoles quieren solo una fuente de información y, además, se hallan satisfechos con la marcha económica de la nación. ¡Viva la censura! Viajamos al franquismo. Algo huele a podrido. Quizá sea el cadáver de la democracia española.

El ciudadano que crea a este Gobierno le sucede como al cristiano con Dios: se lo debe a la fe, que es creer en lo que no se ve. Los seguidores, votantes, amigos de este dúo anacrónico que forman Sánchez e Iglesias poseen creencias y esperanzas en que los españoles conoceremos el paraíso en la tierra. Como los católicos, que creen en la palabra de Dios, los filosanchistas y filopablistas, creen que Pedro y Pablo son seres superiores, que sus verbos son sencillos de conjugar, que sus argumentos se fundamentan en la verdad y en nada más que la verdad.

Ahora bien, este Gobierno socialcomunista, además de formarlo gente coordinada, superior la resto de los mortales, también evidencian su ignorancia, o su maldad, porque  encargar a una firma, investigada por la Audiencia Nacional, la Fiscalía Anticorrupción y la UCO, me parece todo un sucedo inexplicable que escapa a la razón. Si lo sabían, Pablo y Pedro, Isabel y Fernando, son personajes peligrosísimos, capaces de conducir a nuestra democracia a una dictadura brutal, si carecían de información sobre esta empresa, es que no se enteran, cosa que dudo, de lo que sucede en España.

Resulta, pues, lógico que nuestra nación encabece dos tristísimos rankings: el de más muertos por un millón de habitantes y más sanitarios contagiados del mundo mundial. Este ejecutivo desconoce cómo se conjuga el verbo gestionar, aunque envidio su capacidad para propagar la mentira, idéntica a la del coronavirus con los humanos. Doctores en la Mentira, como buenos émulos del sociópata Vladimir Illich Ulianov –“La mentira es un arma revolucionaria”-, han convencido al pueblo, a la gente inculta, a la clase media alta, la que vota a Podemos, que tienen todo bajo control, que no habrá pandemia económica y que, si hay crisis, se deberá a los dirigentes del PP, Cs y Vox son gente sin escrúpulos, falsa, desleal e indigna.

Ahora, harán caridad con los necesitados, como los ricos, a la salida de la iglesia los domingos y fiestas de guardar, con los pedigüeños. La diferencia me parece sutil: la gente que se muestra caritativa con el menesteroso saca de su bolsillo las monedas, le pertenecen; el Gobierno pagará con el dinero de todos los españoles. Asistimos, pues, a la construcción del clientelismo político, como sucedió durante décadas con el PER en Andalucía; como en Venezuela con el chavismo.

 Eso sí, a partir de ahora, esos tres millones que recibirán dádivas, óbolos de la demagogia más procaz, votarán a Pablo Iglesias, nuestra Evita, con su coleta y todo, y nuestro Perón, Pedro Sánchez. Mientras, la deuda del Estado se disparará hasta lo inconcebible e imposible. Europa nos intervendrá. Todos más pobres, menos Pablo y Pedro, apóstoles de la verdad, ángeles de Dios, anunciadores del paraíso en la tierra.

Exijo, a estos bondadosos seres que acaben con el privilegio de cobrar la máxima pensión del Estado por haber disfrutado de su paso por el Congreso y Senado durante unos años determinados; que dejen de cobrar, como está sucediendo ahora mismo, dietas por manutención y desplazamiento; que el dinero concedido a las televisiones afines, que obtuvieron unos beneficios superiores a los cien millones de euros,  lo desvíen para los pobres de verdad, para Cáritas, organización que sí conoce en que consiste ayudar a los desposeídos. Al respecto, no me olvido de la Junta de Castilla y León, que ha concedido 20 millones de euros a su televisión, la de Ulibarri y Méndez Pozo, otros dos seres inmaculados, empresarios de la construcción, parapetados en sus poderosos medios de comunicación.

Y si Pablo Iglesias y su señora quieren hacer caridad que vendan su mansión, sus jardines, los columpios para las criaturas, sus tinajas, sus muebles, y lo dediquen a la caridad, y regrese a Vallecas, donde serán recibidos con los brazos abiertos y los puños cerrados, porque ahí sí son pueblo, gente que sufre, autónomos a los que este Gobierno no perdona su cuota, pero no casta.

Si Pedro Sánchez se doctoró en la Mentira, Pablo Iglesias, en la Hipocresía.Apóstoles del paraíso en la tierra.

Pero no me hagan ni puto caso, un servidor forma parte de la ultraderecha mediática. Antes, cuando critiqué a Aznar y su guerra, a Mariano Rajoy y sus corrupciones, Barcenas y sobresueldos por medio, militaba en la ultraizquierda periodística. La libertad siempre fue perseguida y manipulada por los despostas.

Eugenio-Jesús de Ávila

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