NOCTURNOS
No han podido confinar mi amor
Han confinado mi cuerpo, que solo contiene unas vísceras, ya muy cascadas; un esqueleto de mariposa y una fachada que va perdiendo materiales por doquier; pero el poder político jamás pondrá en cuarentena mis sentimientos. Porque mi alma ama. Mi alma resiste porque piensa en una mujer. Y escribo porque en cada palabra guardo un beso para que lo recojan sus labios, lo humedezcan y saboreen. Y salgo al balcón porque quiero respirar su ausencia en el aire que, tímidamente, se cruza con el alba. Y me alimento para amarla cuando se libere mi ser.
Mientras acontece la libertad, traigo a mi cárcel con barrotes de coronavirus el tono de su voz, su sonrisa, su manera de andar, el aroma de su epidermis. Dibujo su hermoso rostro con sustantivos, verbos y adjetivos. Pinto sus mejillas con el calor que desprenden las yemas de mis dedos. Y huelo, como un can, mis camisas, mis americanas, mis sombreros, mi calzado, porque ella, sin querer, los impregnó con su olor. Y hablo de ella con mi Zorba, mi perro, al que acarició su testa, al que le lanzó trocitos de pan, al que miró con toda la ternura que puede guardar una mujer.
Todos los días, en mi soledad, viajo hacia el pasado e imagino el futuro. Soy un pasajero que se monta en el tren del tiempo para vincular el amor que sentí como el amor que llegará. Conservo memoria de sus senos, de sus piernas, de sus labios, de su cultura y talento. Y aguardo en esta estación del presente a que el porvenir acontezca. La amo entre el ayer y el mañana, del alba a la postura del sol, desde mi fue hasta el que seré. Y nadie podrá confinar mi alma para que me aparte de amarla.
Han confinado mi cuerpo, que solo contiene unas vísceras, ya muy cascadas; un esqueleto de mariposa y una fachada que va perdiendo materiales por doquier; pero el poder político jamás pondrá en cuarentena mis sentimientos. Porque mi alma ama. Mi alma resiste porque piensa en una mujer. Y escribo porque en cada palabra guardo un beso para que lo recojan sus labios, lo humedezcan y saboreen. Y salgo al balcón porque quiero respirar su ausencia en el aire que, tímidamente, se cruza con el alba. Y me alimento para amarla cuando se libere mi ser.
Mientras acontece la libertad, traigo a mi cárcel con barrotes de coronavirus el tono de su voz, su sonrisa, su manera de andar, el aroma de su epidermis. Dibujo su hermoso rostro con sustantivos, verbos y adjetivos. Pinto sus mejillas con el calor que desprenden las yemas de mis dedos. Y huelo, como un can, mis camisas, mis americanas, mis sombreros, mi calzado, porque ella, sin querer, los impregnó con su olor. Y hablo de ella con mi Zorba, mi perro, al que acarició su testa, al que le lanzó trocitos de pan, al que miró con toda la ternura que puede guardar una mujer.
Todos los días, en mi soledad, viajo hacia el pasado e imagino el futuro. Soy un pasajero que se monta en el tren del tiempo para vincular el amor que sentí como el amor que llegará. Conservo memoria de sus senos, de sus piernas, de sus labios, de su cultura y talento. Y aguardo en esta estación del presente a que el porvenir acontezca. La amo entre el ayer y el mañana, del alba a la postura del sol, desde mi fue hasta el que seré. Y nadie podrá confinar mi alma para que me aparte de amarla.















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