Redacción
Lunes, 20 de Abril de 2020
OPINIÓN

Capitán a priori

Óscar de Prada López

[Img #37962]Cuentan que el poeta y erudito fray Luis de León, después de cuatro años en el talego, comenzó su primera lección en la Universidad de Salamanca con las palabras: “Decíamos ayer…” Toda una declaración de intenciones para pasar página con la Justicia de la época. Es de imaginar que el auditorio esperara una respuesta más enérgica o colérica, habida cuenta de sus penurias. Claro que, de no haberlas vivido, no habría escrito aquello de “Aquí la envidia y la mentira me tuvieron encerrado”, etcétera. Habiendo pagado un pasado ominoso, le tocaba priorizar y disfrutar el presente. Como nosotros, el primer día post-confinamiento. Aunque la cuenta correrá a cargo del de siempre.

 

Ilusionarse con lo que haremos cuando salgamos resulta sano, yo mismo tengo proyectos pendientes de aprobación y feliz realización. Lo peligroso es olvidar entonces a quienes no actuaron de forma conveniente y dejar así que el cambio de circunstancias los blanquee. Cuanta mayor distancia -en términos de tiempo y espacio- haya entre el acto delictivo y su brazo ejecutor, más fácil le resulta a la gente olvidarlo y subestimar la magnitud del hecho. Sólo así se entiende que en cada rueda de prensa institucional pongan tierra de por medio ante preguntas incómodas, echando balones fuera, dorando la píldora a tal colectivo o repartiendo la culpa como quien baraja sin ton ni son. La desmemoria de unos es un filón para otros, una póliza de seguros impagable.

 

El planeta sigue girando pero todo el mundo permanece detenido, al mismo tiempo. Para la fauna y flora, ni fu ni fa. Para nosotros, adictos a largos desplazamientos e inminencias mediáticas, no ha llegado la primavera. Por incluir un símil literario, el Covid-19 vendría a ser como la Bruja Blanca que condenó a Narnia a 100 años de invierno y sin Navidad. Justo lo que prevé el Gobierno progre para bares y restaurantes y hoteles, que podrían quedarse inoperativos hasta final de año. Dejar pasar su temporada alta es una estocada mortal de necesidad, por mucho que intente paliarla Díaz o Illa o Sánchez o quien sea.

 

Esta coalición, que en enero cayó como un saco de carbón adelantado, va camino de ser la más desprestigiada en nuestra Historia. Los nuevos campos de batalla son las redes sociales, donde el descrédito y la persecución van por barrios. No deja de ser curioso que los mayores críticos se muestren tan reacios a ser criticados. ¿Alguien se imagina a un boxeador que no estuviera dispuesto a encajar leña, sabiendo de lo que va el boxeo? Ciertamente no da ejemplo de coherencia. Probablemente tampoco busque darlo. Reconocerlo abiertamente ya es otro cantar y no el de Mío Cid, por desgracia. Aquel era campeador, el que ocupa hoy la Moncloa es asolador.

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